A la mañana siguiente, alguien llamó a la puerta del apartamento.
Maya abrió y encontró a Julian Sterling acompañado de un hombre mayor.
El desconocido vio el anillo que colgaba de su cuello.
Y palideció.
—¿De dónde sacaste eso?
Maya lo cubrió instintivamente.
—Era de mi madre.
El hombre tuvo que apoyarse en la pared.
—Entonces realmente eres tú.
Julian dejó una carpeta sobre la mesa.
Dentro había fotografías antiguas.
En una aparecía la madre de Maya mucho más joven, llevando exactamente el mismo anillo.
—Tu madre se llamaba Amelia Sterling —explicó Julian—. Era mi hermana.
Maya dejó de respirar.
Julian era su tío.
Y Amelia había sido la única hija del fundador del Sterling Trust, un patrimonio familiar valorado en más de mil millones de dólares.
—¿Por qué desapareció?
Julian bajó la mirada.
—Porque alguien intentó quitarle su herencia. Tu madre huyó para protegerte.
Maya abrió la carpeta.
Había certificados, fotografías y una carta escrita por Amelia.
Pero la última página contenía algo todavía más inquietante.
Un apellido.
Vance.
El mismo apellido de Richard.
—No puede ser…
—El padre de Richard trabajó para nuestra familia —dijo Julian—. Y estuvo involucrado en la desaparición de tu madre.
Maya sintió frío.
Su matrimonio quizá nunca había sido casualidad.
En ese momento sonó su teléfono.
Richard.
—Vuelve a casa —ordenó cuando ella respondió—. Ya hiciste suficiente drama.
Maya miró la carpeta.
Después miró a Lily.
—No voy a volver.
Richard rio.
—¿Y quién va a mantenerte?
Maya contempló a Julian.
Él empujó hacia ella un documento.
En la parte superior decía:
Beneficiaria principal: Maya Amelia Sterling.
Maya sonrió por primera vez desde la fiesta.
—No te preocupes por mí, Richard.
—¿Qué significa eso?
—Significa que deberías empezar a preocuparte por ti.
Colgó.
Julian señaló otra carpeta.
—Hay una cosa más.
—¿Qué?
—Richard solicitó empleo hace seis años en una empresa del grupo Sterling.
Maya frunció el ceño.
—¿Y?
Julian deslizó una copia de aquella solicitud.
En la sección de referencias aparecía una anotación escrita a mano:
“Objetivo localizado. Maya Sterling vive en Long Island.”
Maya sintió que el corazón se le detenía.

Richard sabía quién era.
Tal vez siempre lo había sabido.
Y de repente, cinco años de matrimonio dejaron de parecer una historia de amor que había salido mal.
Parecieron una operación cuidadosamente planeada.