PARTE 2: LA NOVIA DEL HERMANO EQUIVOCADO

La puerta se abrió.

Julian apareció acompañado de Serena.

—Evelyn —dijo mi hermana—. Mamá quiere que regreses. Estás haciendo que todos se sientan incómodos.

Nikolai soltó una risa baja.

—Curioso. Pensé que robarle el prometido a tu hermana causaría más incomodidad.

Serena palideció.

Julian frunció el ceño.

—Esto no te concierne, Nikolai.

—Ahora sí.

Nikolai extendió una mano hacia mí.

—Mi oferta sigue en pie.

Julian nos miró alternativamente.

—¿Qué oferta?

Tomé la mano de Nikolai.

—Casarme con él.

El rostro de Julian perdió todo color.

Regresamos juntos al salón.

Los murmullos comenzaron inmediatamente.

Mi madre se levantó.

—Evelyn, ¿qué estás haciendo?

—Lo que ustedes me enseñaron esta noche. A elegir lo que más me conviene.

Nikolai pidió una copa y golpeó suavemente el cristal.

El salón quedó en silencio.

—Ya que mi hermano decidió modificar el anuncio de esta noche, yo también tengo uno.

Me tomó de la mano.

—Evelyn Hart será mi esposa.

Mi padre casi dejó caer su copa.

Serena miró a Julian.

Y entonces ocurrió algo inesperado.

Tres hombres mayores sentados cerca del escenario se pusieron de pie.

Eran miembros del consejo Moretti.

Uno levantó su copa hacia Nikolai.

—Entonces felicidades al futuro jefe de la familia.

Julian se tensó.

—¿Qué significa eso?

El anciano lo miró con frialdad.

—Tu padre dejó una condición muy clara. Quien aspirara a sucederlo debía demostrar estabilidad, disciplina y una alianza respetable.

Miró a Serena.

Después contempló mi anillo en su dedo.

—Humillar públicamente a tu prometida para presentarte con su hermana demuestra exactamente lo contrario.

Serena dejó de sonreír.

Julian avanzó hacia mí.

—Evelyn, espera. Podemos hablar.

Nikolai se interpuso.

—Hace diez minutos dijiste que habías encontrado a la hermana correcta.

Su voz permaneció tranquila.

—No cambies de opinión ahora.

Julian me miró desesperadamente.

Pero ya no sentí nada.

Me quité del cuello la cadena donde llevaba la llave del apartamento que habíamos comprado para después de la boda.

La dejé sobre una mesa.

—Disfruta tu elección, Julian.

Serena tomó su brazo.

—Vámonos.

Pero él no se movió.

Por primera vez aquella noche, comprendió que no solo me había perdido a mí.

Había destruido su propia posición frente a todos los hombres cuya aprobación necesitaba.

Nikolai me acompañó hacia la salida.

Antes de cruzar las puertas, me incliné hacia él.

—Supongo que ahora tendremos que hablar sobre ese matrimonio.

—Mañana —respondió.

—¿Por qué mañana?

Su expresión cambió.

—Porque esta noche todavía no sabes la parte más importante.

Me detuve.

Nikolai miró hacia Julian.

—Tu hermana no apareció con él por casualidad.

Su voz bajó.

—Alguien de tu propia familia organizó esta humillación.

Sentí un escalofrío.

—¿Quién?

Nikolai abrió la puerta del automóvil.

—Tu madre.

Y entonces entendí que perder a Julian solo había sido el comienzo.

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