PARTE 2: EL PADRE ESTABA ENTRE LOS INVITADOS

Catherine miró el informe y palideció.

—Eso es falso.

Richard se levantó de golpe.

—¿Qué significa que el bebé no es mío?

No respondí inmediatamente.

Observé a mi hermana.

Ella ya no me miraba.

Sus ojos recorrían nerviosamente las mesas.

Buscaban a alguien.

Sonreí.

—Catherine, ¿quieres decírselo tú?

—No sé de qué hablas.

Blake sacó varias fotografías de la carpeta roja.

Las dejó sobre la mesa.

En la primera, Catherine entraba en un hotel.

En la segunda aparecía besando a un hombre dentro de un automóvil.

En la tercera se veía claramente su rostro.

Richard tomó la fotografía.

Sus manos comenzaron a temblar.

—Marcus…

Todas las miradas se dirigieron hacia una mesa cercana.

Marcus Hale.

El mejor amigo de Richard.

Su socio comercial.

El hombre que había sido padrino en nuestra boda.

Marcus se quedó completamente inmóvil.

Richard caminó hacia él.

—Dime que esto es mentira.

Marcus bajó la mirada.

Catherine corrió hacia mi esposo.

—Richard, escúchame.

Él se apartó.

—¿Es suyo?

Ella comenzó a llorar.

—Yo no sabía quién era el padre.

La sala explotó en murmullos.

Richard retrocedió como si acabaran de golpearlo.

—Me dijiste que estabas segura.

—Tenía miedo de perderte.

Entonces Marcus habló.

—Ella sí sabía que podía ser mío.

Catherine giró.

—¡Cállate!

Demasiado tarde.

Marcus se levantó.

—Cuando descubrimos el embarazo, Catherine quería que Richard creyera que era suyo.

Richard apretó los puños.

—¿Por qué?

Marcus soltó una risa amarga.

—Porque tú tienes dinero.

Mi hermana empezó a gritar.

—¡No fue así!

Tomé nuevamente el micrófono.

—Hace unos minutos dijiste delante de todos que habías ganado.

Catherine me miró con odio.

—¿Sigues pensando lo mismo?

No respondió.

Saqué otro sobre.

Se lo entregué a Richard.

—Feliz décimo aniversario.

Lo abrió.

Su expresión cambió.

—¿Divorcio?

—Los documentos están preparados desde hace cuatro meses.

—¿Cuatro meses?

Asentí.

—Sabía todo antes de organizar esta fiesta.

Richard me miró horrorizado.

Finalmente entendió.

Yo no había preparado aquella celebración porque todavía creyera en nuestro matrimonio.

La había preparado porque sabía que Catherine no resistiría la oportunidad de humillarme públicamente.

Y había tenido razón.

Richard bajó la voz.

—Podríamos solucionar esto.

—No.

—Fue un error.

—Un error ocurre una vez.

Lo miré.

—Tú llevabas meses acostándote con mi hermana.

Blake colocó otra carpeta frente a él.

Dentro estaban las transferencias bancarias.

Hoteles.

Regalos.

El apartamento que Richard había alquilado para Catherine.

Todo pagado parcialmente con dinero de nuestras cuentas matrimoniales.

Su abogado, sentado entre los invitados, abrió uno de los documentos.

Su rostro cambió inmediatamente.

—Richard…

Mi esposo lo miró.

—¿Qué?

El abogado negó lentamente con la cabeza.

—Tenemos un problema.

Sonreí.

—No.

Tomé mi bolso.

—Tú tienes un problema.

Catherine intentó detenerme.

—¿Vas a destruir nuestra familia por venganza?

Me volví.

—Tú anunciaste delante de trescientas personas que estabas embarazada de mi esposo.

Hice una pausa.

—No me hables de familia.

Mi madre comenzó a llorar.

Mi padre se acercó a Catherine.

Por un instante pensé que iba a abrazarla.

En cambio, tomó su mano y retiró de su muñeca una pulsera.

Era una joya de nuestra abuela.

—Esto pertenecía a la familia —dijo—. Ya no quiero verla contigo.

Catherine quedó paralizada.

Richard vino detrás de mí cuando llegué a la puerta.

—Espera.

Continué caminando.

—Por favor.

Me detuve.

—¿Qué quieres?

Tenía los ojos rojos.

—¿De verdad vas a terminar diez años así?

Lo observé durante varios segundos.

—No fui yo quien terminó nuestro matrimonio esta noche.

Miré hacia Catherine.

—Ustedes lo terminaron hace meses.

Richard bajó la cabeza.

Entonces pronuncié las palabras que llevaba cuatro meses esperando decir:

—La diferencia es que yo fui la única suficientemente inteligente para prepararme.

Salí del salón.

Detrás de mí escuché a Richard exigirle explicaciones a Marcus.

Catherine lloraba.

Los invitados murmuraban.

Pero no miré atrás.

Tres días después, Blake me llamó.

Pensé que todo había terminado.

Me equivocaba.

—Tenemos un problema —dijo.

—¿Qué ocurrió?

Guardó silencio unos segundos.

—Repetimos la prueba con una muestra oficial de Marcus.

Me incorporé.

—¿Y?

—Marcus tampoco es el padre.

Sentí un escalofrío.

—Entonces ¿quién?

Blake respiró profundamente.

—Eso es precisamente lo que necesitas descubrir.

Después añadió:

—Porque el ADN coincide parcialmente con alguien de la familia de Richard.

Miré por la ventana.

Y comprendí que aquella fiesta no había revelado el secreto más grande de Catherine.

Solo había abierto la primera puerta.

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