PARTE 2: LA MUÑECA HABLÓ

Mi madre dio un paso hacia la bandeja.

—Eso no demuestra nada.

El policía levantó una mano.

—Entonces no tendrá problema en esperar mientras revisamos la grabación.

Daniel dejó de tocar su reloj.

El técnico conectó la tarjeta.

Los primeros minutos solo contenían la voz de Lily cantando y hablándole a su muñeca.

Después apareció la voz de Evelyn.

—Tu madre aprenderá cuando pase suficiente hambre.

Sentí que el aire desaparecía de la habitación.

Luego escuchamos a Clara:

—Evelyn, por favor. Lily necesita comer.

—Entonces firma.

Hubo un golpe.

Clara gritó.

Y Daniel habló.

—Mamá, deja de discutir. Michael vuelve en tres días. Necesitamos que parezca que Clara perdió el control antes.

Evelyn cerró los ojos.

La grabación continuó.

Daniel mencionaba el abogado de custodia.

Mi madre hablaba de hacerme creer que Clara era incapaz de cuidar a Lily.

Entonces llegó la frase que hizo que el policía sacara inmediatamente su teléfono.

—¿Y el pesticida? —preguntó Daniel.

—Solo suficiente para enfermarlas —respondió Evelyn—. Cuando Michael regrese, encontrará exactamente lo que necesitamos.

Daniel corrió hacia la puerta.

Seguridad lo detuvo.

—¡Esa grabación puede estar manipulada!

El oficial ni siquiera discutió.

—Explíquelo después.

Miré el reloj de su muñeca.

—¿De dónde salió?

Daniel palideció.

Saqué mi teléfono y mostré las transferencias.

Ochenta y cuatro mil dólares.

—¿También está manipulado el banco?

Mi madre me miró.

—Michael, somos tu familia.

—Clara y Lily son mi familia.

En ese momento, mi abogado llamó.

Puse el teléfono en altavoz.

—Michael, congelamos las cuentas. También revisamos las cámaras de acceso de tu oficina.

—¿Y?

—Evelyn entró mientras estabas de viaje. Daniel estaba con ella.

Daniel bajó lentamente la cabeza.

El abogado continuó:

—Parte del dinero terminó en una joyería.

Miré su reloj.

Esta vez nadie tuvo que preguntar.

Dos policías se llevaron a Daniel y a mi madre para interrogarlos.

Horas después, el doctor finalmente me permitió entrar con Clara.

Estaba débil, pero consciente.

Me senté junto a ella y tomé su mano.

—La muñeca lo grabó todo.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Por eso intenté protegerla.

—Ya terminó.

Clara negó lentamente.

—No, Michael.

Mi estómago se tensó.

—¿Qué quieres decir?

Miró hacia la puerta antes de susurrar:

—Tu madre no vino a nuestra casa porque tuviera problemas con las tuberías.

Hizo una pausa.

—Encontré documentos en tu oficina la noche antes de que viajaras.

—¿Qué documentos?

Clara apretó mis dedos.

—Una póliza de seguro sobre Lily.

Sentí frío.

—¿Quién la contrató?

Clara cerró los ojos.

—Daniel.

Y entonces entendí que los ochenta y cuatro mil dólares quizá no eran lo que habían robado.

Eran lo que habían pagado para poner en marcha algo mucho peor.

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