PARTE 3: Todo Era Mío

Subí al taxi sin decir una palabra.

Los gemelos ya se habían quedado dormidos, agotados por el frío.

Oliver seguía despierto.

Apoyó la cabeza sobre mi hombro.

—¿Mamá… vamos a estar bien?

Lo abracé con fuerza.

—Sí.

Por primera vez, no era una promesa vacía.

Era una decisión.

Apenas cerré la puerta del taxi, volvió a sonar el teléfono.

Era Clara.

—No cuelgues todavía.

Respiré hondo.

—Habla.

—Hay algo que Ethan nunca te contó.

Miré por la ventanilla cómo la casa desaparecía lentamente detrás de nosotros.

—No me interesa.

—Debería interesarte.

Su voz sonaba completamente distinta.

Ya no había culpa.

Había preocupación.

—La auditoría empezó porque alguien denunció movimientos extraños en las cuentas de sus empresas.

—¿Y?

—Cuando los investigadores pidieron la documentación societaria…

Hizo una pausa.

—Descubrieron que Ethan no era el accionista mayoritario.

Fruncí el ceño.

—¿Quién lo era?

—Tú.

Sentí que el corazón daba un vuelco.

—Eso no tiene sentido.

—¿Nunca firmaste documentos cuando él estaba creando las empresas?

Recordé los primeros años de matrimonio.

Ethan llegaba con carpetas enormes.

—Solo son papeles para abrir otra filial.

—Solo necesito tu firma aquí.

Nunca los leí.

Confiaba en él.

Clara continuó.

—Su abogado creyó que eras una simple firma decorativa.

Pero legalmente…

Respiró despacio.

—Tú apareces como propietaria del cincuenta y uno por ciento de todas las sociedades.

Me quedé completamente inmóvil.

—Eso es imposible.

—No.

Escuché cómo pasaba páginas.

—Estoy viendo el registro mercantil.

Tu nombre está en todas.

No podía procesarlo.

—¿Entonces por qué quiso divorciarse ahora?

La respuesta llegó inmediatamente.

—Porque los auditores también descubrieron que las transferencias irregulares salieron de empresas que legalmente son tuyas.

El aire desapareció de mis pulmones.

—Quería dejar de estar casado contigo antes de que empezara la investigación.

—Así toda la responsabilidad recaería sobre la accionista principal.

Es decir…

…sobre ti.

El taxi frenó frente al pequeño edificio donde había alquilado un apartamento.

Ni siquiera me moví.

Clara habló una última vez.

—Amelia…

—¿Sí?

—Creo que él nunca esperó que aceptaras el divorcio tan rápido.

Miré el acuerdo que todavía llevaba dentro del bolso.

Entonces entendí por qué había insistido tanto en que firmara aquella misma noche.

No era por amor.

Ni por mí.

Ni siquiera por ella.

Era por tiempo.

Necesitaba cerrar el divorcio antes de que la auditoría llegara a la siguiente fase.

En ese instante entró un mensaje.

Ethan Walker.

“Devuélveme los treinta mil dólares. No hagas tonterías. Podemos arreglar esto como adultos.”

Lo leí dos veces.

Después apareció otro.

“También necesito que mañana firmes unos documentos pendientes de las empresas.”

Sonreí por primera vez desde que salí de aquella casa.

No respondí.

En lugar de eso, marqué otro número.

—Bufete Harrison & Cole.

—Necesito hablar con el socio principal.

—¿De parte de quién?

Respiré lentamente mientras observaba a mis tres hijos dormir.

—De Amelia Walker.

Hice una breve pausa antes de añadir las palabras que cambiarían por completo el destino de Ethan.

—La accionista mayoritaria de Walker Holdings. Quiero convocar una reunión extraordinaria del consejo… y destituir al director ejecutivo mañana mismo.

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