PARTE 2: SU TELÉFONO NO DEJABA DE SONAR

Daniel sonrió con desprecio al escuchar la palabra “heredera”.

Ni siquiera intentó ocultar la burla.

—¿Ya terminaste tu espectáculo?

Colgó la llamada entrante sin mirar la pantalla.

Un segundo después, volvió a sonar.

La rechazó otra vez.

Y otra.

Y otra más.

Su expresión comenzó a cambiar.

No eran llamadas de números desconocidos.

Eran de su director financiero.

Del vicepresidente del banco.

Del director jurídico de Whitmore Holdings.

Al mismo tiempo, el teléfono de Sofía vibró.

Ella leyó un mensaje y palideció.

—Daniel…

Él le arrebató el móvil.

En la pantalla solo aparecía una frase.

“Transferencia internacional rechazada. Todas las cuentas corporativas han sido congeladas.”

Daniel levantó la vista hacia mí.

—¿Qué hiciste?

No respondí.

Mi teléfono seguía junto a mi oído.

La voz de mi tío Charles permanecía serena.

—Señorita Elena, además de las cuentas, hemos suspendido la autorización de crédito, bloqueado las líneas de financiación y notificado a los principales bancos asociados.

Asentí lentamente.

—Gracias.

—¿Desea que continuemos con la segunda fase?

Daniel dio un paso hacia mí.

Por primera vez desde que lo conocía… parecía nervioso.

—¿Qué segunda fase?

Lo miré directamente a los ojos.

—Sí.

Del otro lado llegó una respuesta inmediata.

—Entendido.

La llamada terminó.

Un silencio pesado cayó sobre el pasillo.

Entonces el director del hospital apareció corriendo, acompañado por dos administradores.

Daniel recuperó la confianza.

—Perfecto. Díganle a esta mujer que el tratamiento de su madre queda suspendido hasta que pague.

El director ni siquiera lo miró.

Se detuvo frente a mí.

Inclinó ligeramente la cabeza.

—Señorita Montgomery… acabamos de recibir la confirmación de la Fundación Blackwood.

Daniel frunció el ceño.

—¿Qué fundación?

El director continuó.

—Desde este momento, todos los gastos médicos de la señora Margaret Montgomery quedan cubiertos de forma permanente.

Las enfermeras se miraron entre sí.

Sofía abrió mucho los ojos.

Daniel soltó una carcajada forzada.

—¿Quién demonios es la Fundación Blackwood?

Lo observé sin cambiar de expresión.

—La empresa que financia más de cuarenta hospitales privados en este país.

Su sonrisa desapareció.

El director añadió otra frase.

—Y cuyo consejo directivo pertenece íntegramente a la familia Montgomery.

Daniel negó con la cabeza.

—Eso es imposible.

—No —respondí con calma—. Lo imposible fue que nunca te interesaras por conocer a la familia de la mujer con la que te casaste.

Sofía retrocedió un paso.

—Daniel… dijiste que ella no tenía a nadie.

Yo sonreí por primera vez en muchos años.

—Eso fue lo que él quiso creer.

En ese instante, cuatro hombres con trajes oscuros entraron en el hospital.

No eran guardaespaldas de Daniel.

Eran miembros del equipo de seguridad de Blackwood Capital.

El hombre que iba al frente se acercó a mí.

—Señorita Elena.

Hizo una leve reverencia.

—Su vehículo ya está preparado. El señor Charles llegará en veinte minutos.

Daniel intentó acercarse.

Dos agentes de seguridad le bloquearon el paso.

—Apártense.

Nadie se movió.

Su teléfono volvió a sonar.

Esta vez era el presidente del consejo de Whitmore Holdings.

Contestó inmediatamente.

Solo alcanzamos a escuchar una frase.

—Daniel… acabamos de perder a todos los inversores principales. ¿Qué demonios le hiciste a Elena Montgomery?

Su rostro quedó completamente blanco.

Y antes de que pudiera responder, una nueva llamada apareció en la pantalla.

“Bolsa de Nueva York: Suspensión urgente de cotización.”

Por primera vez en su vida, Daniel comprendió que no estaba viendo caer un negocio.

Estaba viendo derrumbarse todo el imperio que había construido sobre una mentira.

Lee la Parte 3: “EL TESTAMENTO QUE DANIEL NUNCA DEBIÓ OCULTAR”.

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