PART 2: LA MUJER QUE SABÍA JUGAR CON LAS SOMBRAS

Durante los siguientes tres días, Mia Lane no volvió a llamar a Ethan.

Y eso, precisamente, fue lo que me pareció extraño.

Las personas que realmente se sienten incómodas suelen alejarse después de recibir un límite claro.

Pero las personas que están jugando una partida cambian de estrategia.

Mia dejó de buscar a Ethan directamente.

Empezó a aparecer donde sabía que podía ser vista.

En la cafetería.

En los pasillos.

En las reuniones donde no tenía ninguna razón para estar.

Siempre con la misma expresión:

Un poco tímida.

Un poco nerviosa.

Como si estuviera intentando demostrar que solo quería hacer bien su trabajo.

El problema era que yo trabajaba en cumplimiento.

Mi profesión consistía en observar patrones.

Y los patrones rara vez mentían.

El jueves por la mañana recibí un correo anónimo.

Sin asunto.

Sin firma.

Solo un archivo adjunto.

Un video.

Lo abrí pensando que sería algún reporte interno.

Pero cuando apareció la imagen, mi espalda se tensó.

Era Mia.

En su departamento.

La misma noche de la llamada del pasillo oscuro.

La diferencia era que en el video no estaba asustada.

Estaba tranquila.

Encendía una lámpara pequeña, caminaba hacia la cámara y revisaba su teléfono.

Después sonrió.

Una sonrisa completamente diferente a la que mostraba en la oficina.

Luego escuché una voz masculina.

—¿Funcionó?

Mia respondió:

—Todavía no. Pero él es demasiado correcto para ignorar a una persona que parece necesitar ayuda.

Sentí que mis dedos se quedaban fríos.

La voz masculina volvió a preguntar:

—¿Y la novia?

Mia soltó una pequeña risa.

—Ella es el problema.

Pausé el video.

No porque necesitara ver más.

Sino porque ya había visto suficiente.

Alguien estaba ayudándola.

Alguien sabía exactamente cómo acercarse a Ethan.

Abrí el historial del archivo.

La información de envío estaba oculta, pero había una pequeña pista.

El correo había sido enviado desde una cuenta creada dentro de la red de la empresa.

Eso significaba una cosa.

La persona que me mandó el video estaba dentro de Garrison Group.

Tomé mi teléfono y llamé a Ethan.

Contestó al segundo tono.

—¿Todo bien?

Su voz cambió apenas me escuchó.

—Necesito que vengas a mi oficina.

Cinco minutos después entró.

No preguntó nada.

Solo cerró la puerta.

Le mostré el video.

Durante los primeros segundos su expresión no cambió.

Pero cuando escuchó la frase:

“Ella es el problema”.

Sus ojos se endurecieron.

—¿De dónde salió esto?

—Eso quiero descubrir.

Ethan se quedó en silencio.

Después dijo algo que no esperaba.

—Valeria, hay algo que no te he contado.

Lo miré.

—¿Qué?

Se apoyó contra el escritorio.

—Mia no fue contratada por recursos humanos.

Mi ceño se frunció.

—¿Entonces quién la contrató?

Ethan tardó unos segundos en responder.

—Mi hermano.

Sentí que todo encajaba.

Ethan y su hermano llevaban años enfrentados por el control de una división de la empresa.

Nunca habían tenido una relación cercana.

Pero tampoco pensé que llegaría a esto.

—¿Por qué pondría a alguien cerca de ti?

Ethan miró el video otra vez.

—Porque no quiere mi puesto.

Hizo una pausa.

—Quiere destruir mi reputación.

Antes de que pudiera responder, alguien llamó a la puerta.

Era Nora.

Su rostro estaba serio.

—Director Walker, necesitamos hablar.

Entró y cerró detrás de ella.

—Encontré algo sobre Mia.

Ethan levantó la mirada.

—¿Qué?

Nora dejó una carpeta sobre la mesa.

—Su expediente laboral tiene inconsistencias.

Abrí la carpeta.

Había documentos de contratación.

Referencias.

Certificados.

Todo parecía normal.

Hasta que llegué a la última página.

La firma del antiguo empleador.

Era falsa.

No una mala copia.

Una falsificación evidente.

Mi entrenamiento hizo el resto.

—Mia no vino aquí buscando un trabajo.

Ethan me miró.

—¿Entonces qué busca?

Cerré la carpeta lentamente.

—Una reacción.

—¿Una reacción?

Asentí.

—Quiere que pierdas el control. Que la rechaces delante de otros. Que parezcas cruel con una empleada joven.

Nora entendió inmediatamente.

—Quiere convertirlo en el villano.

Ethan apretó la mandíbula.

En ese momento, su teléfono vibró.

Un mensaje.

Lo abrió.

Y su expresión cambió.

Me acercó la pantalla.

Era una fotografía.

Ethan y yo entrando al edificio esa mañana.

La imagen había sido tomada desde lejos.

Debajo había una frase:

“Algunas personas no saben valorar cuando alguien vulnerable necesita ayuda.”

Me quedé mirando la pantalla.

Mia ya no estaba intentando llamar la atención de Ethan.

Ahora estaba construyendo una historia.

Y alguien estaba esperando el momento perfecto para publicarla.

Ethan bloqueó el teléfono.

—Esta vez no voy a responder.

Lo miré.

—Bien.

—¿Por qué?

Sonreí ligeramente.

—Porque ella espera que actúes como el hombre que quiere mostrarle al mundo.

Hice una pausa.

—Pero todavía no sabe que yo trabajo precisamente con personas que intentan ocultar la verdad.

Ethan sonrió por primera vez en todo el día.

—Entonces, ¿qué hacemos?

Tomé la carpeta de Mia.

Y respondí:

—Nada.

Él frunció el ceño.

—¿Nada?

—Exacto.

Miré hacia la ventana.

—Dejemos que siga hablando.

—Porque cuanto más larga sea su actuación…

Cerré la carpeta.

—Más pruebas dejará detrás.

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