PART 2: EL SECRETO DE LA REINA DE HIERRO

Connor se quedó inmóvil.

Durante unos segundos, no escuchó nada más que el latido acelerado de su propio corazón.

Había subido hasta aquel despacho esperando perderlo todo.

Su empleo.

Su seguro médico.

La única estabilidad que le quedaba para cuidar de Daisy.

Pero Charlotte Garrison no estaba mirándolo como a un problema.

Lo estaba mirando como a una pieza de un tablero mucho más grande.

—Con efecto inmediato… —continuó ella— serás transferido al departamento de seguridad estratégica de Garrison Holdings.

Connor frunció el ceño.

—¿Seguridad estratégica? Señora Garrison, yo limpio oficinas.

Charlotte caminó lentamente hacia la ventana.

Desde allí, Rochester parecía una maqueta bajo sus pies.

—Eso es exactamente lo que todos creen.

Se giró.

—Un hombre invisible puede entrar en lugares donde nadie sospecha de él.

Connor miró nuevamente la carpeta.

Había información que él nunca había entregado.

Su pasado militar.

Sus deudas.

La enfermedad de Daisy.

—¿Investigó mi vida?

—Investigué a la única persona que vio algo que podía destruir mi reputación.

La respuesta fue fría, pero no cruel.

Charlotte tomó asiento nuevamente.

—Ayer pensaste que viste a una mujer poderosa derrumbándose.

Hizo una pausa.

—Pero viste algo mucho más peligroso.

Connor permaneció en silencio.

—Viste a una mujer que está siendo atacada desde dentro.

Ella abrió otra carpeta más pequeña.

Dentro había fotografías.

Documentos.

Transferencias bancarias.

—Alguien está filtrando información confidencial de la empresa. Alguien con acceso directo a mis decisiones.

Connor observó las imágenes.

Había nombres.

Fechas.

Movimientos sospechosos.

—¿Por qué yo?

Charlotte lo miró directamente.

—Porque cuando abriste esa puerta, podrías haber tomado una foto. Podrías haber vendido la información a cualquier periodista. Podrías haber intentado chantajearme.

Bajó la voz.

—Pero hiciste algo que nadie esperaba.

Connor recordó aquella noche.

La vio luchando con el dolor.

La vio intentando mantener su imagen intacta.

Y recordó lo único que hizo.

Cerrar la puerta.

Irse.

No decir nada.

—Elegiste proteger mi dignidad cuando nadie estaba mirando —dijo Charlotte—. Necesito a alguien así.

Connor apretó los labios.

—¿Y qué pasa si rechazo?

Charlotte no respondió inmediatamente.

Luego señaló la carpeta con sus documentos.

—Entonces seguirás siendo un conserje con una hija que necesita tratamiento médico y una deuda que no puedes pagar.

La frase dolió porque era verdad.

Pero después Charlotte añadió:

—O puedes aceptar mi oferta y cambiar completamente la vida de Daisy.

Por primera vez, su voz perdió algo de dureza.

—Nadie debería perderlo todo porque tuvo mala suerte.

Connor miró el contrato sobre la mesa.

No era una limosna.

Era un puesto real.

Un salario.

Beneficios.

Protección.

Pero había una última página.

Una cláusula de confidencialidad extrema.

—¿Qué es esto?

Charlotte respondió sin pestañear.

—Si aceptas, entrarás en una guerra.

El aire de la habitación cambió.

—La persona que está intentando destruirme no quiere mi dinero.

Tomó la fotografía de un hombre que Connor no conocía.

—Quiere verme caer.

Connor miró la imagen.

Y entonces sintió algo extraño.

Reconocía esa cara.

No sabía de dónde.

Pero la había visto antes.

Charlotte notó su reacción.

—¿Lo conoces?

Connor tragó lentamente.

Porque la respuesta podía cambiarlo todo.

—No estoy seguro…

Señaló la fotografía.

—Pero creo que este hombre estuvo cerca de mi unidad antes de que me retirara.

Por primera vez desde que había entrado al despacho, Charlotte pareció perder el control.

Su expresión se congeló.

Porque si Connor tenía razón…

La persona que estaba destruyendo su empresa no solo estaba dentro de su familia.

También había estado esperando desde mucho antes.

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