PARTE 2: NORA DEL SUR

No respondí a Valeria.

A las diez de la mañana, Elena llegó con café y mi convenio de divorcio lleno de notas.

—Adrián pidió modificar tres cláusulas.

—¿Cuáles?

—Quiere la casa, el coche y que ambos renuncien a cualquier reclamación sobre ingresos profesionales obtenidos durante el matrimonio.

Levanté la mirada.

Aquella última cláusula era interesante.

—¿Sabe algo?

—Probablemente cree que quieres parte de sus bonos.

Sonreí.

Adrián todavía pensaba que yo ganaba ocho mil yuanes al mes.

—Acepta.

Elena me miró como si estuviera loca.

—Sofía, tus regalías acumuladas durante el matrimonio podrían entrar en discusión dependiendo de cómo estén estructuradas.

—Precisamente por eso mi agente creó contratos separados antes de casarme.

Elena hojeó mis documentos.

Después sonrió.

—Entonces que firme rápido.

Firmó esa misma tarde.

A las 16:23 recibí el certificado definitivo.

A las 16:31 llegó otro mensaje.

Esta vez del banco.

Ingreso recibido: 10.000.000 CNY.

Regalías correspondientes a la nueva edición y derechos digitales.

Miré la cifra durante unos segundos.

Después bloqueé a Adrián.

Pensé que tendría una semana tranquila.

Tuve cuarenta y ocho horas.

El viernes, la editorial organizó una transmisión para anunciar que Cien verdades sobre las relaciones íntimas había superado el millón de ejemplares vendidos.

Por primera vez acepté aparecer públicamente como Nora del Sur.

No por Adrián.

Porque mi contrato editorial ya exigía una campaña con autora identificada.

La transmisión comenzó a las ocho.

A las ocho y siete mi teléfono empezó a llenarse de mensajes.

A las ocho y nueve llamó Elena.

—No contestes a nadie.

—¿Qué pasó?

—Tu exmarido acaba de descubrir con quién estuvo casado.

Me envió una captura.

Adrián había compartido durante años frases de Nora del Sur.

Incluso había recomendado mis libros a compañeros.

Ahora miles de comentarios se burlaban de la ironía.

Pero lo que realmente me preocupó llegó diez minutos después.

Valeria escribió:

“¿Adrián sabía cuánto dinero tenías?”

No respondí.

Luego:

“Porque acaba de preguntarme si tú puedes anular el divorcio.”

Me reí.

Ya entendía.

La casa que tanto había querido conservar valía una fracción de mis regalías.

Entonces llamó su madre.

—Sofía, los matrimonios tienen problemas. No deberías destruir una familia por un error.

—Ya no somos familia.

—Adrián está arrepentido.

—Qué coincidencia.

Colgué.

A la mañana siguiente, Gabriel Cross apareció en la editorial.

No parecía interesado en mi divorcio.

Dejó una carpeta delante de mí.

—No vine por su libro.

—Entonces ¿por qué lleva semanas buscándome?

—Porque uno de sus primeros artículos cambió una decisión que tomé hace siete años.

Fruncí el ceño.

Gabriel abrió la carpeta.

Dentro había copias de antiguos contratos de publicación.

Mi seudónimo aparecía repetidamente.

—¿Cómo consiguió esto?

—Legalmente. Mi grupo está negociando comprar una participación en la empresa que administra parte de sus derechos internacionales.

Eso sí consiguió mi atención.

—Mi agente no mencionó ninguna venta.

—Porque todavía no sabe que existe un problema.

Gabriel señaló una página.

Durante años, parte de mis regalías internacionales había sido gestionada por una sociedad intermediaria.

Yo reconocía el nombre.

Pero no al beneficiario final.

—¿Quién es?

Gabriel deslizó el registro hacia mí.

Torres Media Consulting.

Sentí que el pecho se me endurecía.

—¿Torres?

—La sociedad fue creada por el padre de Adrián hace seis años.

Dos años antes de que yo conociera a Adrián.

—Eso no significa que tenga relación conmigo.

—Correcto.

Gabriel pasó a la siguiente página.

Entonces apareció algo imposible de ignorar.

Tres meses antes de que Adrián y yo empezáramos a salir, Torres Media había solicitado información comercial sobre los derechos de publicación de Nora del Sur.

No conocían mi identidad.

Pero alguien había descubierto qué editorial manejaba mis contratos.

—¿Está diciendo que Adrián se acercó a mí por mis libros?

—Estoy diciendo que las fechas justifican hacer esa pregunta.

No era lo mismo.

Y agradecí que no fingiera saber más.

Esa tarde llamé a Elena.

Revisamos todo desde el principio.

Dónde conocí a Adrián.

Quién nos presentó.

Qué sabía él de mi trabajo.

Entonces Elena encontró un detalle.

La revista donde yo trabajaba cuando conocí a Adrián pertenecía parcialmente al mismo grupo que había gestionado mis primeros derechos editoriales.

Mi matrimonio podía seguir siendo una coincidencia.

Pero ya había demasiadas coincidencias.

A las seis, Valeria volvió a escribirme.

Esta vez no pidió hablar.

Envió una fotografía.

Era el escritorio de Adrián.

Sobre él había una carpeta vieja.

En la portada se leía:

NORA DEL SUR — IDENTIFICACIÓN DE AUTORA

Debajo aparecía una fecha.

Cuatro meses antes de nuestra boda.

El mensaje de Valeria tenía una sola frase:

“Creo que Adrián sabía quién eras antes de casarse contigo.”

Miré mi certificado de divorcio.

Después el ingreso de diez millones.

Y comprendí que la pregunta ya no era por qué mi esposo me había engañado.

Era por qué un hombre que aparentemente conocía mi verdadera identidad había pasado tres años fingiendo que yo no valía nada.

Related Posts

PARTE 2: LA SEGUNDA LLAVE

Daniel no estaba solo. Escuché dos pares de pasos. —¿Estás seguro? —preguntó una mujer. Reconocí la voz. Vanessa Cole. La abogada que llevaba las cuentas de la…

PARTE 2 — CUANDO ÉL DESCUBRIÓ AL BEBÉ

—Voy a divorciarme de Jingzhou. Song Zhihua tardó varios segundos en reaccionar. Después soltó una risa fría. —¿Otra vez intentando llamar su atención? Seguí guardando mis cosas….

PARTE 2 — EL HOMBRE QUE CONOCÍA EL SECRETO

—¿De quién son estos niños? Durante cinco años había imaginado muchas formas de regresar a Harbor City. Ninguna incluía ser interrogada en el aeropuerto por un desconocido…

PARTE 2 — DOS MESES PARA PAGAR CINCO AÑOS

Ethan tardó casi un minuto en reaccionar. —¿Dónde está vuestra madre? Leo abrió su mochila. —No lo sabemos. Sacó una hoja doblada y se la entregó. Ethan…

PARTE 2 — LA ÚNICA FRASE QUE LE DEBÍA

Tang Dian llegó veinte minutos después. Al ver la marca en el rostro de Lin Xi, no preguntó si había sido un accidente. Solo tomó su mochila….

PARTE 2 — LA FIRMA QUE IBA A DESTRUIRLOS

Salí del hotel sin mirar atrás. Desde el taxi llamé al abogado que había administrado la herencia de mi abuelo durante años. —Señor Romano, necesito bloquear cualquier…

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *