PARTE 2: MI SILENCIO LO DESTRUYÓ

Mientras Vivian cantaba en mi lugar, Ethan sonreía desde la primera fila.

No sabía que, en ese mismo momento, mi abogada estaba enviando tres notificaciones.

La primera: cancelación de su acceso a mis cuentas.

La segunda: revisión de todos los contratos que había firmado usando mi nombre.

La tercera: demanda para recuperar los fondos que había gastado en Vivian.

A la mañana siguiente, Ethan llegó al hospital furioso.

—¿Qué hiciste?

Le mostré el teléfono.

“Protegí lo que todavía es mío.”

—¡Vivian perdió el contrato con Starline por tu culpa!

Negué.

La compañía había descubierto que la presentación había sido reasignada sin mi consentimiento y suspendió el acuerdo hasta investigar.

Ethan golpeó la mesa.

—¡Era solo una actuación!

Saqué lentamente el informe médico.

Se lo entregué.

Leyó.

Su expresión cambió.

Daño irreversible.

Cuerdas vocales.

Imposibilidad de volver a cantar.

Levantó la vista.

—Mia…

Escribí:

“Esa era mi última actuación.”

Ethan dejó de respirar.

Después vio otra línea que había añadido.

“Y mientras yo perdía mi voz, tú usabas mi dinero para pagarle una habitación de lujo a Vivian.”

—Yo no sabía…

“Exactamente.”

Lo miré.

“Nunca preguntaste.”

Vivian apareció detrás de él.

—Ethan, vámonos. No tienes que soportar esto.

Entonces le mostré otra factura.

Su habitación.

Sus medicamentos.

Sus regalos.

Todo cargado a una cuenta financiada por mis regalías y mis derechos musicales.

La sonrisa de Vivian desapareció.

—Pensé que era dinero de Ethan.

Él cerró los ojos.

Dos semanas después, mi abogada recuperó el control de mis contratos.

La agencia dejó de representarme.

El compromiso terminó.

Y yo acepté la oferta de Berklee para estudiar composición y producción.

No volvería a cantar.

Pero todavía podía escribir canciones.

Todavía podía crear música.

Meses después, una composición mía ganó un premio importante.

Ethan apareció entre el público.

Al terminar, intentó acercarse.

—Mia, todavía te amo.

Abrí mi teléfono y escribí una última frase.

“Entonces deberías haberme elegido cuando todavía podía escuchar tu promesa y responderte con mi propia voz.”

Le mostré la pantalla.

Después me marché.

Ethan se quedó allí, en silencio.

Y por primera vez, entendió lo que significaba perder una voz que creyó que siempre estaría disponible para él.

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