Los cinco SUV se detuvieron frente a la entrada.
Isaac intentó recuperar su arrogancia.
—Flora, dile a tus hermanos que se larguen de mi propiedad.
—Ya no estoy segura de que sea tuya.
Aquello lo hizo callar.
Las puertas del salón se abrieron.
Noah entró primero. Detrás venían Leo, Julián, Marcus y Caleb.
Ninguno levantó la voz.
No lo necesitaban.
Noah me vio y su expresión se endureció.
—¿Quién fue?
Señalé a Isaac.
—Él.
Julián sacó inmediatamente su teléfono.
—La policía y nuestros abogados ya vienen. Nadie borra grabaciones ni abandona la propiedad hasta que las autoridades indiquen lo contrario.
Wendy palideció.
—¡Esto es una reunión privada!
—Perfecto —respondió Caleb—. Entonces las cámaras de seguridad deberían aclarar fácilmente lo ocurrido.
Isaac miró instintivamente hacia su jefe de seguridad.
Ese pequeño gesto no pasó desapercibido.
Marcus dejó una carpeta sobre la mesa.
—Y mientras esperamos, Arthur Vance quizá quiera explicar esto.
El padre de Isaac perdió el color.
—¿Qué demonios es?
—Tres años de transferencias desde Vance Construction hacia empresas fantasma.
Clover dejó lentamente su copa.
Isaac soltó una carcajada nerviosa.
—¿Crees que puedes destruirnos porque Flora llamó llorando?
—Flora no estaba llorando —respondió Noah.
Entonces Marcus abrió la carpeta.
—Y tampoco empezamos a investigarlos esta noche.
El silencio cambió por completo.
Miré a mis hermanos.
—¿Qué significa eso?
Caleb se acercó.
—Hace tres semanas recibimos tu mensaje diciendo que habías descubierto la aventura. Revisamos algunas cosas por precaución.
Sacó una fotografía.
Clover aparecía entrando en un banco junto a Arthur.
No con Isaac.
Con su padre.
—¿Por qué estaban juntos? —preguntó Isaac.
Clover retrocedió.
Arthur gritó:
—¡No digas una palabra!
Demasiado tarde.
Marcus colocó otro documento junto a la fotografía.
Era una transferencia por 4,7 millones de dólares.
El beneficiario era Clover.
Pero había algo todavía más extraño.
La autorización llevaba la firma digital de Isaac.
—Yo nunca aprobé eso —murmuró.
Clover corrió hacia la puerta.
Noah no la tocó.
Simplemente señaló las ventanas.
Afuera acababan de detenerse varios vehículos oficiales.
—Nadie necesita detenerte, Clover.
Isaac miró a su amante, después a su padre.
Por primera vez comprendió que aquella noche quizá no había sido organizada para humillarme únicamente a mí.
Me acerqué a la carpeta.
—¿Qué están escondiendo?
Marcus pasó a la última página.
Allí había una lista de nombres.
El primero era Arthur.
El segundo, Clover.
Y el tercero hizo que incluso Noah guardara silencio.
Era el mío.
Junto a él aparecía una fecha.
La fecha de mi cumpleaños.
Y debajo, una sola palabra:
TRANSFERENCIA.
Aquella fiesta nunca había sido solamente un castigo.
Alguien había planeado utilizarme para algo mucho más grande.