PARTE 2: LOS DIEZ MIL QUINIENTOS

Paige pasó dos horas revisando cada movimiento de la cuenta.

No necesitaba ser experta para ver el patrón.

El dinero no había desaparecido de golpe.

Había salido poco a poco.

Transferencias pequeñas.

Retiros disfrazados de gastos domésticos.

Pagos a una empresa de alquiler de vehículos.

Reservas de hotel.

Y una serie de depósitos a una cuenta que no reconocía.

La cuenta estaba a nombre de Tristan, el hermano de Dustin.

Mi estómago se cerró.

—¿Él sabía?

Paige no respondió de inmediato.

—Sabía que estaba recibiendo dinero.

Eso no significa todavía que supiera de dónde venía.

Seguimos bajando.

Los diez mil quinientos dólares aparecieron en una transferencia de la tarde anterior.

No salieron del cajón del escritorio.

Nunca estuvieron allí.

Dustin los había enviado a una cuenta nueva a su nombre.

Luego había usado el supuesto robo para atacar a mi madre y obligarme a salir de casa.

La acusación no fue un arrebato.

Fue una distracción.

Mi madre se sentó en el borde de la cama, en silencio.

—¿Por qué haría algo así?

Miré los mensajes de Dustin.

“Vuelve a casa.”

“Podemos arreglarlo.”

“Tu madre también tiene culpa.”

Cada frase se sentía distinta ahora.

No quería que volviera porque me extrañara.

Quería que volviera antes de que yo mirara los números.

Paige llamó al banco.

Solicitó que preservaran los registros.

Luego se volvió hacia mí.

—No vas a enfrentarlo sola.

Presentaremos las pruebas y solicitaremos una orden de protección para ti y tu madre.

Asentí.

No porque no tuviera miedo.

Sino porque ya estaba cansada de dejar que el miedo decidiera por mí.

Esa tarde, Dustin apareció en el hotel.

No sabía que Paige ya había avisado a recepción.

Subió hasta la puerta, golpeando con fuerza.

—Audrey, abre. Tenemos que hablar.

Mi madre se tensó.

Yo no fui a la puerta.

—No hay nada que hablar.

—¡Tu amiga abogada te está llenando la cabeza!

—No.

Tus cuentas hicieron eso.

El silencio al otro lado fue inmediato.

Luego su voz cambió.

Más baja.

—No entiendes lo que está pasando.

—Entonces explícame por qué mandaste dinero a Tristan.

No respondió.

—¿O por qué me acusaste de robar mientras vaciabas nuestra cuenta?

Escuché su respiración al otro lado de la puerta.

Entonces dijo algo que no esperaba.

—No lo hice para mí.

Mi mano se quedó inmóvil sobre el teléfono.

—¿Para quién fue?

Dustin soltó una risa amarga.

—Si te lo digo, vas a entender por qué tu madre no debió quedarse nunca con nosotros.

Mi madre palideció.

Paige levantó la mirada.

Dustin no había acusado a Beatrice por casualidad.

Él sabía algo sobre ella.

Algo que había estado esperando usar desde antes de que mi padre muriera.

¿Qué secreto guardaba Beatrice desde hacía años? 👇

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