PARTE 2: LO ÚNICO QUE EL REY DE LOS CASINOS NO PODÍA COMPRAR

Ethan creyó que había ganado.

Firmó el acuerdo de divorcio sin siquiera leer dos veces mis condiciones.

No pedí su mansión.

No pedí sus autos.

Ni un centavo de sus cuentas personales.

Eso lo hizo sonreír.

—Siempre fuiste demasiado orgullosa.

Yo también sonreí.

Porque Ethan había olvidado algo.

Su primer casino no había conseguido operar gracias a él.

Había sido mi padre quien abrió las puertas necesarias para convertir un pequeño negocio en el imperio Cole.

Y antes de morir, había dejado ciertas participaciones familiares bajo mi control.

Durante nuestro matrimonio permití que Ethan utilizara esa estructura.

Después del divorcio, ya no tenía motivos para hacerlo.

Entregué todo a mis abogados y renuncié a cualquier función que me obligara a seguir vinculada con él.

Después compré un boleto de avión.

Mi madre descubrió mis maletas la mañana siguiente.

—¿Adónde vas?

—Lejos.

—No puedes desaparecer así. Lily acaba de tener un bebé.

Casi me reí.

—Tiene a Ethan.

Por primera vez, mi madre no tuvo respuesta.

Ethan apareció esa noche.

—¿Qué hiciste?

Arrojó varios documentos sobre la mesa.

—Lo que debía haber hecho hace mucho.

—Tres socios están revisando sus acuerdos conmigo.

—Entonces habla con ellos.

Su rostro se endureció.

—Emma, estás intentando castigarme.

—No.

Tomé mi pasaporte.

—Estoy dejando de protegerte de las consecuencias de tus propias decisiones.

Me marché aquella misma semana.

Cambié de número.

Acepté un puesto en otro país.

Y durante tres años no volví.

Allí conocí a Noah Bennett.

No intentó rescatarme.

Simplemente estuvo presente mientras yo aprendía a construir una vida que no girara alrededor de personas que me utilizaban.

Dos años después nos casamos.

Tuvimos un hijo.

Y por primera vez entendí que una familia no debía hacerte sentir reemplazable.

Regresé únicamente por el aniversario de la muerte de mi padre.

No esperaba encontrar a Ethan en el cementerio.

Pero estaba allí.

Cuando me vio bajar del automóvil junto a Noah, quedó inmóvil.

Después vio al niño dormido entre mis brazos.

—Emma…

Noah se acercó a mí.

Ethan miró mi anillo.

—¿Te casaste?

—Sí.

—¿Y ese niño?

—Mi hijo.

Algo se quebró en su expresión.

Antes de que pudiera decir otra cosa, apareció Lily.

Venía sola.

Sin bebé.

Sin sonrisa.

Ethan la miró con evidente incomodidad.

Entonces comprendí que aquello tampoco había terminado como ellos imaginaron.

Lily me observó durante varios segundos.

—Emma, necesito decirte algo sobre Logan.

—No me interesa.

—Debería.

Sacó un sobre de su bolso.

—Porque Ethan no es su padre.

Me quedé inmóvil.

Ethan también.

—¿Qué acabas de decir? —preguntó él.

Lily empezó a llorar.

—Mamá sabía la verdad desde el principio.

Ethan palideció.

—Entonces ¿por qué me hicieron creer que era mío?

Lily miró hacia la tumba de nuestro padre.

—Porque necesitábamos que Emma se divorciara de ti.

Sentí un frío recorrerme.

—¿Necesitaban?

Lily asintió.

—Papá dejó algo que ninguno de nosotros conocía.

Me entregó el sobre.

En la portada aparecía mi nombre.

Y debajo, la letra de mi padre:

“Para Emma. Entrégaselo únicamente cuando ya no sea esposa de Ethan Cole.”

Levanté lentamente la mirada.

Tres años atrás había pensado que me traicionaron por amor.

Ahora comprendía que el bebé solo había sido una pieza.

Y mi divorcio había sido el verdadero objetivo.

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