PARTE 2: LAS PALABRAS QUE HICIERON TEMBLAR AL MULTIMILLONARIO

Los tres niños se lanzaron contra Emily con tanta fuerza que casi la hicieron caer.

Ella soltó la maleta y los abrazó inmediatamente.

—¡Ethan! ¡Noah! ¡Liam! ¿Qué pasó?

Los pequeños lloraban desconsoladamente.

Sus pies descalzos estaban llenos de cortes.

Las pequeñas manos ensangrentadas se aferraban desesperadamente a su uniforme.

Fue Ethan quien logró hablar primero.

—¡No vuelvas a entrar!

Emily sintió un escalofrío.

—¿Por qué?

Noah señaló temblando hacia la mansión.

—La señora Victoria…

No pudo terminar la frase.

Liam, con el rostro cubierto de lágrimas, gritó:

—¡La escuchamos decir que ahora ya puede deshacerse de nosotros!

Richard, que acababa de alcanzarlos, se quedó completamente inmóvil.

—¿Qué dijiste?

Los trillizos se abrazaron aún más fuerte a Emily.

Era evidente que ni siquiera querían acercarse a su padre.

Ethan levantó la cabeza.

—La escuchamos hablar por teléfono.

Richard frunció el ceño.

—¿Hablar de qué?

—Dijo que cuando la señorita Emily se fuera… ya no habría nadie que pudiera impedir que nos enviaran muy lejos.

Emily cerró los ojos.

Exactamente lo que había escuchado días antes.

Victoria siempre había esperado el momento de quedarse sola con los niños.

Richard miró a Emily por primera vez desde que la había expulsado.

Ella no dijo una sola palabra.

No hacía falta.

Él recordó perfectamente que minutos antes ella había intentado decirle algo.

Y él ni siquiera la dejó hablar.

En ese instante apareció Victoria en la entrada principal de la mansión.

Su vestido blanco seguía impecable.

Su expresión también.

—Richard, los niños están exagerando.

Son solo pequeños.

Inventan historias.

Pero ninguno de los trillizos se movió.

Al contrario.

Liam comenzó a temblar.

—No queremos volver con ella.

Victoria sonrió con dulzura.

—Cariño, ven aquí.

Los niños retrocedieron al mismo tiempo.

Escondiéndose detrás de Emily.

Aquella reacción golpeó a Richard mucho más fuerte que cualquier acusación.

Durante tres años jamás había visto a sus hijos actuar así.

Victoria volvió a intentarlo.

—Richard, esa mujer los está manipulando.

Emily la miró fijamente.

—Jamás he hablado mal de usted delante de ellos.

Victoria perdió la sonrisa durante una fracción de segundo.

Richard lo notó.

También notó otra cosa.

Los tres niños seguían llamando desesperadamente a Emily.

No a él.

No a Victoria.

A Emily.

El jefe de seguridad llegó corriendo acompañado por dos guardias.

—Señor Hawthorne…

Se detuvo al ver la escena.

Richard señaló inmediatamente a los niños.

—¿Qué ocurrió dentro de la casa?

El jefe de seguridad dudó.

Miró fugazmente a Victoria.

Demasiado fugazmente.

Richard entrecerró los ojos.

—Prescott.

Estoy esperando.

El hombre tragó saliva.

—Los niños rompieron una ventana del segundo piso.

Victoria respondió antes que él.

—Estaban fuera de control.

Intenté calmarlos.

Emily frunció el ceño.

Conocía demasiado bien a aquellos niños.

Jamás romperían un cristal sin motivo.

Se agachó frente a Ethan.

—¿Qué pasó realmente?

El pequeño respiró con dificultad.

Después levantó lentamente una mano.

Mostró un profundo arañazo en su muñeca.

—Ella cerró la puerta.

El silencio cayó sobre todos.

—¿Qué puerta? —preguntó Emily.

—La del cuarto de juegos.

Noah comenzó a llorar otra vez.

—Nos dijo que ya no podíamos salir porque éramos un problema.

Richard giró lentamente hacia Victoria.

Ella comenzó a negar con la cabeza.

—Eso es absurdo.

Son niños.

Imaginan cosas.

Pero Liam sacó algo del bolsillo de su pantalón.

Era un pequeño teléfono infantil que Emily les había regalado meses atrás.

Tenía la pantalla rota.

—Lo escondimos…

Emily lo tomó.

El aparato seguía grabando.

Habían activado accidentalmente la función de audio mientras intentaban llamar a Emily.

Richard pulsó reproducir.

Durante unos segundos solo se escucharon voces infantiles.

Después apareció claramente la voz de Victoria.

—Cuando esa criada desaparezca, ustedes también.

No pienso criar hijos que ni siquiera son míos.

Los niños comenzaron a llorar en la grabación.

Luego volvió a escucharse Victoria.

—Si vuelven a llamarla mamá, les prometo que mañana mismo estarán en un internado del que no saldrán hasta ser adultos.

La grabación terminó.

Nadie habló.

Richard levantó lentamente la vista.

Toda la sangre había desaparecido de su rostro.

Victoria dio un paso atrás.

—Richard… puedo explicarlo.

Él no respondió.

Solo miró al jefe de seguridad.

—Revísenlo todo.

Las cámaras.

Las cerraduras.

El despacho.

Todo.

Victoria intentó sujetarlo del brazo.

Él la apartó por primera vez desde que la conocía.

Cinco minutos después, uno de los guardias regresó corriendo desde el interior de la mansión.

Llevaba una pequeña caja de terciopelo negro en las manos.

—Señor Hawthorne…

Richard lo miró.

—¿Qué pasa ahora?

El guardia abrió la caja.

Dentro estaba el reloj Rolex que Victoria había acusado a Emily de robar.

Había aparecido escondido… dentro del bolso personal de Victoria.

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