PARTE 2: LAS CÁMARAS QUE NADIE DEBÍA VER

En urgencias, la doctora Alejandra Cortés retiró con cuidado el vendaje de Mariana.

Su expresión cambió de inmediato.

—¿Quién revisó esta herida durante los últimos días?

Mariana guardó silencio.

Santiago respondió.

—Mi madre se encargaba de ella. Le envié dinero para contratar una enfermera.

La doctora negó lentamente.

—La sutura está infectada.

Si hubieran esperado otras cuarenta y ocho horas, la infección habría podido convertirse en una septicemia.

Santiago sintió un escalofrío.

Luego observó a Emiliano.

El pediatra terminó de explorarlo y frunció el ceño.

—El bebé perdió más peso del esperado.

¿La fórmula especial se administró correctamente?

Mariana bajó la mirada.

—Se terminó hace cuatro días.

—¿Y por qué no compraron más?

Ella tardó varios segundos en responder.

—La señora Beatriz dijo que la fórmula era un lujo innecesario.

Que con leche normal bastaba.

El médico dejó la pluma sobre la mesa.

—Eso puso en riesgo al niño.


Mientras Mariana recibía antibióticos, Santiago abrió nuevamente la aplicación de seguridad instalada en el departamento.

Las cámaras almacenaban treinta días de grabación.

Retrocedió hasta la mañana siguiente a su viaje.

Allí apareció Beatriz.

Entró directamente a la cocina.

Abrió el refrigerador.

Sacó uno por uno los recipientes con caldo.

La fruta.

Los medicamentos.

La fórmula.

Todo fue colocado dentro de varias hieleras.

Santiago sintió cómo la mandíbula se le endurecía.

No era descuido.

Era deliberado.


Avanzó unas horas.

Regina apareció con varias maletas.

—Llévate también las vitaminas.

Mi hermano paga demasiado por esas tonterías.

Beatriz soltó una risa.

—Esa muchacha necesita aprender que aquí no manda ella.

Si tiene hambre, que espere.

Las dos siguieron llenando cajas.

Incluso retiraron los analgésicos recetados después de la cesárea.

Mariana permanecía acostada en la habitación sin saber lo que ocurría.


Santiago continuó revisando.

A las cinco de la tarde apareció otra escena.

Mariana intentó levantarse.

Caminó con dificultad hasta la cocina.

Abrió el refrigerador.

Lo encontró vacío.

Se apoyó contra la barra para no caer.

Después preparó una sopa instantánea con agua del hervidor.

Mientras tanto, Beatriz y Regina brindaban en la sala con vino importado.

Ninguna le ofreció un plato.


Santiago cerró los ojos.

No recordaba la última vez que había sentido tanta rabia.

Entonces la cámara exterior envió una notificación automática.

Movimiento detectado.

Hora:

20:43.

La imagen mostró el balcón del departamento.

Un hombre vestido completamente de negro trepó desde el edificio contiguo.

Utilizó una herramienta para abrir la puerta corrediza.

Entró.

Santiago acercó la imagen.

El rostro apareció con claridad.

Se le escapó el aire.

—No…

Conocía perfectamente a ese hombre.

Era Iván.

El esposo de Regina.


Santiago siguió observando.

Iván no robó televisores.

No buscó joyas.

Fue directamente al despacho.

Abrió el archivero donde Santiago guardaba los contratos originales de su empresa.

Fotografió varios documentos.

Después tomó una carpeta azul.

La metió en una mochila.

Y salió por el mismo balcón.

Todo ocurrió mientras Beatriz y Regina fingían no verlo.

Como si esperaran su llegada.


Cinco minutos después, Beatriz caminó hasta el despacho.

Miró el cajón vacío.

Sonrió.

Luego escribió un mensaje desde su teléfono.

La cámara no mostraba el contenido.

Pero segundos después respondió otro dispositivo.

Era el celular de Iván.

Santiago ya no tenía dudas.

No estaban aprovechándose de su ausencia.

Estaban robando su empresa.


En ese momento sonó el teléfono.

En la pantalla apareció el nombre de su madre.

Contestó.

—¿Hijito? Feliz Año Nuevo.

¿Ya hablaste con Mariana?

Espero que no te haya llenado la cabeza de mentiras.

Santiago no respondió.

Solo observó la imagen congelada de Iván saliendo con la carpeta.

Su madre siguió hablando.

—Cuando regreses tenemos que firmar unos papeles de la empresa.

Es solo un trámite.

Él terminó la llamada sin decir una sola palabra.

Después llamó a su abogado.

—Quiero una reunión mañana a las ocho.

Y también necesito que consigas una orden para preservar todas las grabaciones de seguridad.

El abogado guardó silencio unos segundos.

—¿Qué ocurrió?

Santiago miró nuevamente el video.

—Descubrí que mientras mi esposa luchaba por sobrevivir…

Alguien intentó robar mucho más que mi dinero.

Related Posts

PARTE 2: EL MAR YA NO LES PERTENECÍA.

La sangre seguía extendiéndose alrededor de la moto acuática. Cada ola hacía que el dolor en mi vientre fuera más intenso. Respiraba con dificultad. Pero ya no…

PARTE 2: LA VERDAD DETRÁS DE LA PULSERA.

El salón quedó completamente inmóvil. Yo seguía mirando la página doce. Había estados de cuenta, contratos de transferencia y copias de autorizaciones bancarias. En cada documento aparecía…

PARTE 2: EL SÁBADO YA ESTABA DECIDIDO.

Lucía no retrocedió. Miró a Arturo directamente a los ojos. —Lo suficiente para saber que me estás ocultando algo. Él sostuvo la mirada apenas dos segundos. Después…

PARTE 2: LAS CÁMARAS CONTARON LA VERDAD.

En urgencias no me separé de Maya ni un solo segundo. Los médicos la llevaron directamente a revisión porque la herida de la cesárea presentaba una infección…

PARTE 2: LA MUJER QUE NUNCA TE MOLESTASTE EN CONOCER.

Al otro lado de la llamada solo se escuchó silencio. Un silencio largo. Pesado. Como si Ethan hubiera dejado de respirar. —¿Irene…? —su voz sonó por primera…

PARTE 2: LA PRIMERA BOFETADA FUE EL ERROR. LA SEGUNDA, SU SENTENCIA.

La segunda bofetada todavía resonaba en el salón cuando un silencio absoluto cayó sobre los más de doscientos invitados. Mi madre seguía respirando con fuerza. Creía que…

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *