PARTE 2: LOS CINCO HERMANOS

Las camionetas se detuvieron frente a la entrada.

Noah bajó primero.

Después Leo.

Julian llevaba un maletín.

Marcus sostenía una tableta.

Caleb hablaba por teléfono.

Ninguno llevaba armas.

No las necesitaban.

Cuando Noah entró y me vio, su expresión se volvió de piedra.

—¿Quién hizo esto?

Isaac dejó la copa.

—Esto es un asunto matrimonial.

Julian lo miró.

—Acabas de cometer el primer error de la noche.

—¿Y cuál fue?

—Creer que maltratar públicamente a tu esposa sigue siendo un asunto privado.

Noah se quitó el abrigo y lo colocó sobre mis hombros.

—Flora, ¿quieres irte?

—Sí.

Una sola palabra.

Eso fue suficiente.

Isaac avanzó.

—Ella no se va a ninguna parte.

Caleb levantó el teléfono.

—Repítelo.

Isaac se detuvo.

—¿Qué?

—La parte donde dices que una mujer adulta no puede abandonar esta propiedad.

En el salón nadie hablaba.

Cincuenta testigos.

Cámaras del servicio de catering.

Teléfonos.

Grabaciones.

Isaac pareció comprender demasiado tarde que su espectáculo tenía audiencia.

Wendy intervino.

—¡Esto es ridículo! Flora derramó vino sobre Clover y perdió el control.

Marcus levantó la vista de su tableta.

—Curioso.

—¿Qué?

—Porque tenemos diecisiete grabaciones desde distintos ángulos.

Wendy palideció.

Julian se acercó a mí.

—¿Quieres presentar una denuncia?

Miré a Isaac.

Durante años me había convencido de que soportar era una forma de mantener la paz.

Aquella noche comprendí que solo había protegido al hombre que me hacía daño.

—Sí.

La sonrisa de Isaac desapareció.

Arthur golpeó la mesa.

—¡¿Saben quién soy?!

Leo respondió tranquilamente:

—Perfectamente.

Sacó una carpeta.

—Arthur Vance. Presidente de Vance Construction.

Arthur sonrió con arrogancia.

—Entonces sabes que estás entrando en una guerra que no puedes pagar.

—No.

Leo abrió la carpeta.

—Sé que tu empresa tiene una deuda de 310 millones que vence en cuatro meses.

El rostro de Arthur cambió.

Marcus añadió:

—Y sabemos quién garantiza una parte importante.

Isaac me miró.

Yo permanecí callada.

Arthur soltó una carcajada.

—Los Sterling no tienen nada que ver con nuestros bancos.

—Correcto —dijo Marcus—. Flora sí.

Silencio.

Isaac frunció el ceño.

—¿Qué significa eso?

Saqué de mi bolso un sobre que había llevado a la fiesta.

Pensaba entregárselo a Isaac como regalo de cumpleaños para mí misma.

Ya no tenía sentido esperar.

—Mi abuelo creó Sterling Capital antes de que yo naciera.

Wendy negó con la cabeza.

—Mentira.

Noah casi sonrió.

—Ustedes nunca preguntaron quién era Flora.

—Claro que preguntamos —respondió Isaac—. Dijiste que trabajaba administrando inversiones familiares.

—Eso hago.

Lo miré.

—Las mías.

Arthur dejó de respirar.

Sterling Capital había participado discretamente en la refinanciación de Vance Construction dos años antes.

Mi familia no era dueña de su empresa.

Pero uno de mis fideicomisos poseía una parte considerable de la deuda que la mantenía funcionando.

Isaac me miró como si acabara de conocerme.

—¿Tú sabías?

—Firmé personalmente la operación.

Entonces Marcus giró su tableta.

—Pero ese tampoco es el problema principal.

En pantalla aparecieron transferencias de Vance Construction.

Pagos a una empresa llamada Clover Strategic Holdings.

Clover dejó caer su copa.

Isaac se volvió hacia ella.

—¿Qué es eso?

Marcus respondió:

—Una sociedad creada hace once meses.

—¿Cuánto recibió?

—Veintidós millones.

Arthur palideció.

—Eso es imposible.

—Ojalá —dijo Marcus.

Isaac miró a Clover.

—Dime que no sabías nada.

Ella retrocedió.

Y entonces comprendí algo.

Isaac conocía la aventura.

Pero no conocía las transferencias.

Clover había estado utilizando su relación para acercarse a algo mucho mayor.

Julian recibió un mensaje.

Lo leyó y después me miró.

—Flora, encontramos otra cosa.

—¿Qué?

—Clover Strategic Holdings no pertenece realmente a Clover.

Arthur se agarró al borde de la mesa.

—¿Entonces a quién?

Julian colocó el documento delante de él.

El beneficiario final era alguien presente en aquella misma fiesta.

Wendy Vance.

La madre de Isaac.

Por primera vez, Isaac dejó de mirarme.

Se volvió lentamente hacia su madre.

—Mamá…

Wendy ya no sonreía.

Yo tampoco.

Porque aquella noche había empezado como la humillación pública de una esposa.

Pero acabábamos de descubrir que alguien llevaba casi un año vaciando el imperio Vance desde dentro.

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