PARTE 2: LA VERDADERA HERENCIA

A la mañana siguiente, Ethan despertó convencido de que todo seguía bajo control.

Encontró a Clara preparando café en mi cocina.

Llevaba mi bata.

Usaba mi taza favorita.

Y hablaba de cambiar las cortinas como si ya fuera la dueña de la casa.

—Tu ex fue más inteligente de lo que esperaba —comentó mientras sonreía—. Nos dejó todo resuelto.

Ethan asintió.

—Siempre fue demasiado razonable.

—Al final entendió que no podía competir contigo.

Sonó el timbre.

—Debe ser mi madre.

Clara corrió hacia el dormitorio.

—¿Dónde escondo mis cosas?

—En el armario del estudio.

—No tardará en irse.

Pero cuando Ethan abrió la puerta, no encontró únicamente a su madre.

También estaban mi abogado.

Mi asistente.

Y un hombre alto, de traje gris oscuro, acompañado por dos asesores.

La señora Ward frunció el ceño.

—¿Qué significa esto?

El hombre dio un paso adelante.

—Buenos días.

—Soy Adrian Cole, presidente ejecutivo del Grupo Cole Publishing.

Ethan lo observó confundido.

—Creo que se equivocó de domicilio.

Adrian negó con serenidad.

—No.

—Busco a la señora Sofía Miller.

La madre de Ethan sonrió con desdén.

—Ya no vive aquí.

—Mi hijo acaba de divorciarse de ella.

Adrian guardó unos segundos de silencio.

Después respondió:

—Precisamente por eso estamos aquí.

En ese momento entré al vestíbulo.

No llevaba el traje sencillo que Ethan conocía.

Vestía un conjunto blanco de alta costura.

Mi asistente sostenía varias carpetas.

Y mi abogado llevaba una caja metálica.

Clara salió del pasillo.

Al verme, su sonrisa desapareció.

—¿Qué haces aquí?

La miré con absoluta tranquilidad.

—Vine a terminar lo que empecé ayer.

Ethan dio un paso hacia mí.

—Sofía.

Podemos hablar.

Negué lentamente.

—Ya no.

Adrian abrió una carpeta.

—Antes de cualquier conversación, debo entregar oficialmente esta documentación.

Colocó varios contratos sobre la mesa.

Ethan leyó el encabezado.

Liquidación de regalías internacionales.

Después apareció una cifra.

10.000.000 USD.

Sus pupilas se dilataron.

—¿Qué es esto?

Adrian respondió con naturalidad.

—Las regalías correspondientes a las ventas nacionales e internacionales de los últimos doce meses.

Clara soltó una pequeña risa nerviosa.

—Debe ser un error.

Mi asistente intervino.

—No hay ningún error.

—La señora Miller escribe bajo el seudónimo de “La Voz de las Esposas”.

El salón quedó completamente inmóvil.

La madre de Ethan frunció el ceño.

—¿La escritora?

Adrian asintió.

—La autora más vendida del país en la categoría de relaciones y desarrollo personal.

—Más de doce millones de ejemplares vendidos.

—Traducciones en veintitrés idiomas.

—Contratos audiovisuales en negociación.

Ethan seguía mirando las cifras.

—No…

Eso no puede ser.

Yo sonreí apenas.

—Durante años pensaste que mi trabajo consistía únicamente en corregir manuscritos ajenos.

—Nunca preguntaste qué escribía cuando me encerraba durante las noches.

Él levantó lentamente la cabeza.

Recordó todas aquellas madrugadas.

Las veces que me veía frente al ordenador.

Los viajes “editoriales”.

Las entrevistas que yo rechazaba.

Jamás sospechó nada.

Adrian continuó.

—También venimos a formalizar la compra de una propiedad.

Clara volvió a sonreír.

—Al menos conservarán esta casa.

Mi abogado abrió entonces otra carpeta.

—No.

—Porque la señora Miller nunca tuvo intención de conservarla.

La escritura apareció sobre la mesa.

Ya estaba firmada.

—La venta quedó cerrada esta mañana.

La madre de Ethan dio un paso atrás.

—¿Vendiste la casa?

Asentí.

—Hace tres semanas.

—Solo estaba esperando que el divorcio quedara completamente firme.

Ethan sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

—¿Tres semanas?

—¿Ya habías decidido todo?

—Sí.

—Mucho antes de encontrarte con Clara en mi sofá.

El abogado entregó una última notificación.

—El nuevo propietario tomará posesión hoy mismo.

—Tienen cuatro horas para desalojar la vivienda.

Clara abrió los ojos con desesperación.

—¡¿Qué?!

Miró a Ethan buscando una solución.

Pero él seguía inmóvil.

No podía apartar la vista del documento donde aparecía mi nombre junto a los diez millones de dólares.

Durante tres años creyó que vivía con una mujer de ingresos modestos.

Durante tres años pensó que él era quien sostenía el matrimonio.

Yo me acerqué lentamente.

Lo observé por última vez.

—¿Recuerdas cuando decías que nunca encontraría una vida mejor sin ti?

Él no respondió.

Solo bajó la mirada.

Entonces Adrian Cole dio un paso al frente y me entregó otra carpeta.

—Hay una última noticia.

Lo miré.

Él sonrió.

—Anoche recibimos la confirmación.

—Hollywood acaba de comprar los derechos de adaptación de su saga completa.

Hizo una breve pausa antes de añadir la cifra.

—La oferta inicial es de ciento veinte millones de dólares.

Y fue en ese instante cuando Ethan comprendió que no había perdido solamente a su esposa…

Había perdido, sin haberlo sabido jamás, a la mujer que estaba construyendo un imperio mientras él la engañaba en su propia casa.

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