PARTE 2: LA ÚLTIMA MENTIRA DE DANIEL.

Daniel palideció.

Por un instante creyó que Olivia no había reconocido el collar.

Pero la forma en que ella lo miraba le dejó claro que ya no había salida.

Chloe acarició el dije con una sonrisa.

—¿Te gusta?

Olivia dio un paso al frente.

—Te pregunté quién te dio ese collar.

Chloe levantó el mentón.

—Daniel.

—Era un regalo por nuestro primer mes.

Daniel abrió la boca.

—Olivia…

Ella ni siquiera lo miró.

—Ese collar pertenecía a mi madre.

Lo heredé cuando murió.

Nunca salió de esta casa.

El administrador frunció el ceño.

Rachel dejó de escribir en su libreta.

Chloe soltó una carcajada.

—Qué coincidencia.

El mío también era de la madre de Daniel.

El silencio duró apenas un segundo.

Después Olivia abrió la aplicación donde registraba las piezas aseguradas de la vivienda.

Buscó una fotografía.

La mostró frente a todos.

En la pantalla aparecía el mismo collar, guardado dentro de un estuche azul, acompañado por el certificado de la aseguradora.

Fecha.

Número de serie.

Fotografía del diamante.

Todo coincidía.

Chloe perdió lentamente la sonrisa.

—Daniel…

Él tragó saliva.

—Puedo explicarlo.

—Perfecto.

Olivia activó la grabación de video.

—Empieza.

Daniel respiró profundamente.

—Solo quería que Chloe se sintiera cómoda.

Pensé devolverlo antes de que regresaras.

Rachel levantó la vista.

—¿Sabes cómo se llama eso legalmente?

Daniel no respondió.

—Apropiación indebida.

Y dependiendo del valor, también puede constituir un delito mayor.

Chloe retrocedió un paso.

—Me dijiste que era tuyo.

Daniel intentó acercarse.

—Escúchame…

Ella apartó su mano.

—¿También mentiste sobre el apartamento?

Nadie habló.

La respuesta estaba escrita en el silencio.

Chloe giró lentamente hacia Olivia.

Por primera vez la observó de verdad.

No como a una exnovia celosa.

Sino como a la propietaria de todo cuanto la rodeaba.

La mujer de la videollamada seguía conectada.

La madre de Chloe había escuchado absolutamente todo.

—¿Qué significa esto? —preguntó desde la pantalla.

—¿La casa no es tuya?

Chloe comenzó a temblar.

—Mamá…

—¿El apartamento tampoco?

Daniel cerró los ojos.

La llamada terminó sin despedirse.

Olivia caminó hasta la puerta del despacho.

—Ábrela.

—Olivia…

—Ahora.

Con manos temblorosas, Daniel sacó una llave del bolsillo.

Cuando abrió, Olivia sintió que el aire desaparecía.

Su oficina había sido completamente transformada.

Su escritorio estaba cubierto por documentos de Daniel.

Sus diplomas habían desaparecido.

Las fotografías de su madre estaban dentro de una caja.

Y, sobre la pared principal, colgaba un enorme plano con un letrero escrito a mano.

Oficina de Daniel Reed.

Rachel tomó varias fotografías.

El administrador hizo lo mismo.

—Señora Carter —dijo con seriedad—, dejaré constancia de todos los daños y modificaciones realizadas sin autorización.

Olivia no respondió.

Abrió lentamente el último cajón de su escritorio.

Estaba vacío.

Allí guardaba una memoria externa con el proyecto tecnológico más importante de los últimos cinco años.

Valía millones.

Giró despacio hacia Daniel.

—¿Dónde está?

Él bajó la cabeza.

—No sé de qué hablas.

Olivia sonrió por primera vez desde que entró.

Una sonrisa tan tranquila que hizo que Daniel sintiera un miedo desconocido.

—Perfecto.

Entonces levantó el teléfono.

—Hola.

Sí, soy Olivia Carter.

Necesito que envíen inmediatamente a la unidad de delitos patrimoniales.

Además del acceso ilegal a mi vivienda, acabo de confirmar el robo de propiedad intelectual valorada en varios millones de dólares.

Cuando Daniel escuchó aquellas últimas palabras, comprendió que el apartamento ya no era el mayor de sus problemas.

Lo que acababa de desaparecer podía destruir por completo su carrera, su reputación… y el resto de su vida.

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