Ethan tardó varios segundos en reaccionar.
—¿Papá?
Miró a Richard.
Después a mí.
—¿Richard Montgomery es tu padre?
—Sí.
Su rostro se volvió todavía más pálido.
Durante tres años jamás había preguntado demasiado por mi familia.
Cuando mencionaba a mi padre, Ethan cambiaba de tema.
Cuando Richard me llamaba, yo salía de la habitación porque Ethan decía que las conversaciones familiares le aburrían.
Y ahora acababa de descubrir que el hombre cuya inversión sostenía gran parte de su empresa era mi padre.
Sophia retrocedió.
—Ethan… dijiste que ella no tenía a nadie.
Lo miré.
Eso sí consiguió sorprenderme.
—¿Eso dijiste?
Ethan ignoró la pregunta.
Se acercó a Richard.
—Señor Montgomery, puedo explicarlo.
—Empieza por el collar.
Sophia se llevó una mano al cuello.
—Él me lo regaló.
Richard soltó una risa seca.
—Imposible. Ese collar perteneció a mi esposa.
Miré las piedras que descansaban sobre el cuello de Sophia.
Mi madre lo había usado durante veinticinco años.
Cuando murió, mi padre me lo entregó antes de mi boda.
Ethan lo sabía.
—Quítatelo —dije.
Sophia me miró con rabia.
—Ethan me dijo que ahora era mío.
—Entonces Ethan regaló algo que nunca le perteneció.
El salón quedó en silencio.
Sophia miró a mi marido buscando ayuda.
Él no pudo sostenerle la mirada.
Finalmente se quitó el collar.
Un empleado de seguridad lo recogió y me lo entregó.
Después señalé el vestido.
—Ese también.
Sophia palideció.
—¿Quieres que me desnude aquí?
—No.
Richard hizo una señal.
—Mi asistente conseguirá algo para que se cambie.
Sophia empezó a llorar.
Pero ya nadie la miraba.
Todas las miradas estaban sobre Ethan.
Mi padre sacó su teléfono.
—Cancela la siguiente ronda de financiación de Harrison Entertainment.
Ethan dio un paso adelante.
—¡Richard!
Dos guardias se interpusieron.
—También quiero revisar todos nuestros contratos con sus empresas —continuó mi padre—. Esta noche.
Ethan me miró desesperado.
—Emma, dile algo.
Tres años atrás habría intervenido.
Habría protegido su reputación.
Habría llamado a mi padre para convencerlo.
Aquella noche simplemente saqué un sobre de mi bolso.
—Precisamente tenía algo que decirte.
Se lo entregué.
Ethan lo abrió.
Su expresión cambió al leer la primera página.
—¿Divorcio?
—Sí.
—¿Preparaste esto antes de venir?
—Hace dos semanas.
Eso pareció dolerle más que cualquier grito.
—Entonces ya lo sabías.
—Sabía de Sophia.
Miré el vestido.
—Lo que no sabía era hasta dónde pensabas llegar para humillarme.
Sophia apareció minutos después con un sencillo vestido negro.
Sin mis joyas.
Sin mi apellido.
Sin Ethan sujetándole la mano.
Antes de marcharse, me miró con odio.
—Él me dijo que iba a divorciarse de ti.
—Entonces ahora podrá cumplir su promesa.
Ethan me siguió cuando abandoné el salón.
—Emma, espera.
Me detuve.
—Cometí un error.
—No.
Lo miré.
—Un error ocurre una vez. Tú tomaste decisiones durante meses.
—No sabía quién era tu padre.
Sonreí.
Y ahí terminó cualquier duda que pudiera quedarme.
—Ese es exactamente tu problema.
Ethan frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir?
—Que sigues creyendo que deberías arrepentirte porque soy hija de Richard Montgomery.
Me quité el anillo.
Lo coloqué en su mano.
—Deberías arrepentirte porque era tu esposa.
No porque mi padre sea rico.
No porque pueda retirar inversiones.
No porque perderme resulte caro.
Cerré sus dedos alrededor del anillo.
—Simplemente porque yo confiaba en ti.
Esta vez Ethan no tuvo respuesta.

Mi padre me esperaba junto a la salida.
Caminé hacia él.
Detrás de nosotros, la gala continuó.
Pero la vida de Ethan Harrison ya había empezado a derrumbarse.
Y por primera vez en tres años, no iba a ser yo quien recogiera los pedazos.