PARTE 2: La segunda verdad que Allison no pudo ocultar

—¿Qué otro problema? —preguntó David.

El doctor Aris cerró el expediente.

—Antes de continuar, necesito hablar con mi paciente en privado.

Allison apretó la mano de David.

—No. Puede quedarse.

La madre de David intervino de inmediato.

—Todos somos familia.

El médico la miró con firmeza.

—La señora decide quién permanece.

Allison tragó saliva.

—David puede quedarse. Los demás, fuera.

Aquello bastó para que comenzaran los murmullos.

Veinte minutos después, David salió de la consulta completamente pálido.

Su madre corrió hacia él.

—¿Es tuyo?

David no respondió.

Allison apareció detrás.

—No sabemos eso todavía.

—¡Pero estabas embarazada antes de conocerlo! —gritó Megan.

Allison cerró los ojos.

—Sí.

La palabra cayó como una piedra.

David la miró.

—Me dijiste que Catherine era la razón por la que no podíamos estar juntos públicamente.

—Tenía miedo de perderte.

—¿Y pensabas dejarme criar al hijo de otro hombre?

—No sé quién es el padre.

Aquella frase destruyó lo poco que quedaba de la celebración.

Pero a miles de kilómetros, yo no sabía nada.

Ni me importaba.

Cuando aterrizamos en Zúrich, mis hijas despertaron emocionadas.

Para ellas no era una huida.

Era el comienzo de nuestra nueva vida.

Mi asistente, Elena, me esperaba después de los controles correspondientes.

—Bienvenida de nuevo, Catherine.

Me entregó una carpeta.

—La junta adelantó la reunión. Hay algo relacionado con la adquisición que necesitas revisar.

—¿Puede esperar hasta mañana?

Elena dudó.

—Normalmente sí. Pero aparece el nombre de David.

Me detuve.

—¿Cómo?

Durante la adquisición de cuarenta y dos millones, nuestra empresa había comprado varios activos y contratos de una compañía estadounidense de tecnología sanitaria.

Entre ellos figuraba un pequeño distribuidor.

Miller Clinical Solutions.

La empresa de David.

Sentí que se me helaban las manos.

—¿Desde cuándo estaba incluida?

—Desde antes de que solicitaras el divorcio. Tú no participaste en esa parte de la negociación para evitar cualquier conflicto personal.

Eso tenía sentido.

Lo que no tenía sentido era el siguiente documento.

David había presentado información financiera asegurando que Miller Clinical Solutions poseía determinados contratos exclusivos.

Pero el equipo de auditoría había descubierto inconsistencias.

—¿Qué clase de inconsistencias?

Elena deslizó una hoja hacia mí.

—Algunos contratos parecen haber sido inflados. La junta suspendió el pago final esta mañana.

Entonces entendí mis propias palabras:

Disfruta de todo mientras aún te pertenezca.

Yo había hablado del condominio y de la camioneta porque ambos dependían financieramente de David.

Ni siquiera sabía hasta qué punto.

Elena continuó:

—El préstamo del condominio está respaldado parcialmente por participaciones de su empresa.

Cerré la carpeta.

—Que los abogados se ocupen. Yo no quiero intervenir personalmente.

No iba a utilizar mi cargo para castigar a mi exmarido.

Si existía un problema empresarial, debía investigarse mediante los procedimientos normales.

Mi teléfono vibró.

David.

Lo ignoré.

Volvió a llamar.

Después llegó un mensaje.

Catherine, necesito hablar contigo. Allison mintió.

Lo bloqueé temporalmente.

Una hora después, mientras mis hijas conocían el apartamento preparado para nosotras, Elena recibió otra llamada.

Su expresión cambió.

—Catherine, esto sí tienes que verlo.

Era un correo del equipo jurídico estadounidense.

Durante la revisión de Miller Clinical Solutions habían encontrado pagos periódicos a una consultora.

Nada extraordinario.

Hasta que comprobaron quién la administraba.

Allison Reed.

Me quedé inmóvil.

—¿David le pagaba?

—Eso parece.

—¿Desde cuándo?

Elena miró la fecha.

—Casi dos años.

Mucho antes de los cinco meses de relación que David afirmaba tener con ella.

Pero había algo todavía más extraño.

Uno de los primeros pagos incluía una referencia interna:

Proyecto Heredero.

Sentí un escalofrío.

—¿Qué significa eso?

—No lo sabemos.

Mientras tanto, en Estados Unidos, David debió descubrir algo parecido.

Porque dejó de enviarme mensajes sobre Allison.

Su siguiente mensaje fue completamente distinto.

Catherine, por favor dime que tu empresa no compró Miller Clinical.

No respondí.

Treinta segundos después:

Necesito que detengas la auditoría.

Eso confirmó que debía mantenerme al margen y dejar que continuara.

Esa noche recibí un último documento.

No procedía de David.

Era una comunicación remitida a los abogados durante la revisión de la adquisición.

Allison había solicitado hablar con ellos.

Afirmaba tener información sobre las cuentas de Miller Clinical Solutions.

Y había adjuntado una fotografía.

La abrí.

David aparecía sentado en un restaurante con Allison.

La fecha era de dieciséis meses atrás.

Pero no estaban solos.

Frente a ellos estaba Megan.

La misma hermana que aquella mañana me había llamado “ama de casa exhausta”.

Debajo de la fotografía, Allison había escrito una sola frase:

“David no empezó esta relación porque se enamorara de mí. Su familia me buscó mucho antes, y Catherine necesita saber por qué.”

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