PARTE 2: LA PRIMERA ORDEN DE LA SEÑORA WHITMORE

Adrian sostuvo mi mirada durante varios segundos.

Serena seguía aferrada a su brazo.

—¿Qué quieres que haga? —preguntó finalmente.

—Nada.

Me volví hacia la señora Miller.

—Desde hoy, ningún empleado de la residencia principal obedecerá órdenes de Serena.

El rostro de Serena se volvió blanco.

—Además, quiero las cuentas completas de la villa donde vive.

Adrian frunció el ceño.

—¿Para qué?

—Porque pertenece a los Whitmore.

—Mi abuelo permitió que Serena viviera allí.

—Vivir no significa administrar.

No estaba expulsándola.

Estaba cortando las manos que había extendido dentro de mi casa.

Durante los siguientes días revisé personalmente las cuentas domésticas.

Y encontré algo extraño.

La villa de Serena gastaba casi cuatro veces más que la residencia principal.

Médicos.

Joyas.

Viajes.

Personal.

Incluso un automóvil de lujo.

Todo pagado por el fondo familiar.

Pero había algo peor.

Durante tres años, alguien había transferido grandes cantidades a una empresa llamada Collins Heritage Group.

La empresa pertenecía al padre de Serena.

El mismo hombre que supuestamente había desaparecido después de provocar pérdidas millonarias a los Whitmore.

Llevé los documentos al abuelo.

El anciano dejó de sonreír.

—¿Quién te enseñó a revisar cuentas así?

—Mi prometido.

El salón quedó en silencio.

Era la primera vez que mencionaba al hombre que había muerto tres años atrás.

El abuelo Whitmore miró los documentos.

—Investiga.

Adrian apareció esa noche.

—Serena está llorando.

—Entonces dale un pañuelo.

—Isabella.

Cerré mi libro.

—¿Quieres hablar como esposo o como heredero Whitmore?

No respondió.

Le entregué las transferencias.

Su expresión cambió.

—Esto es imposible.

—Compruébalo tú mismo.

Dos días después, Adrian regresó.

Ya no estaba enfadado conmigo.

Estaba furioso.

—Serena dice que no sabía nada.

—Naturalmente.

—Su padre controla Collins Heritage desde el extranjero.

—Entonces tu primer amor lleva años viviendo cómodamente mientras su padre continúa recibiendo dinero de tu familia.

Adrian apretó los documentos.

Pero antes de poder responder, la señora Miller entró corriendo.

—Señora, debe venir.

En la antigua oficina del patriarca habían encontrado una caja fuerte oculta.

Dentro había cartas, fotografías y un expediente.

La primera fotografía hizo que se me helaran las manos.

Mi prometido fallecido aparecía junto al abuelo Whitmore.

La fotografía había sido tomada apenas dos semanas antes de su muerte.

—¿Por qué estaba él aquí?

Nadie respondió.

Abrí el expediente.

Había informes sobre el deslizamiento de tierra donde había muerto.

Mapas.

Registros de llamadas.

Y una anotación escrita por el propio abuelo:

“Si Isabella descubre lo ocurrido durante la operación de rescate, el matrimonio con Adrian será imposible.”

Levanté lentamente la mirada.

—¿Qué significa esto?

El abuelo Whitmore cerró los ojos.

Adrian parecía completamente confundido.

Entonces Serena apareció en la puerta.

Había perdido toda fragilidad.

—Significa que deberías haber dejado el pasado enterrado.

Adrian se volvió hacia ella.

—¿Tú sabías esto?

Serena no contestó.

Tomé otra fotografía.

Esta mostraba el equipo de rescate horas antes del deslizamiento.

Mi prometido estaba allí.

Pero detrás de él había otro hombre.

Más joven.

Cubierto con uniforme de emergencia.

Amplié la imagen.

Era Adrian.

—Tú estabas allí.

Su rostro perdió el color.

—No recuerdo esa fotografía.

—Pero yo sí —dijo Serena.

Todos la miramos.

Sus ojos estaban clavados en mí.

—Porque tu prometido no murió intentando salvar desconocidos, Isabella.

Sentí que dejaba de respirar.

—¿Entonces qué ocurrió?

Serena sonrió apenas.

—Murió salvando a Adrian.

Y antes de que pudiera reaccionar, el abuelo golpeó su bastón contra el suelo.

—¡Cállate!

Demasiado tarde.

Porque acababa de comprender que mi matrimonio con Adrian no había sido organizado únicamente para unir dos familias.

Los Whitmore llevaban tres años pagando una deuda conmigo.

Y todavía no sabía por qué habían necesitado ocultarme cómo murió realmente el hombre que amaba.

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