Las pantallas laterales de la iglesia se encendieron.
Rodrigo intentó quitarle el micrófono a Camila.
—¡Apaguen eso!
Pero ya era tarde.
En las pantallas apareció el primer documento:
NEXO INTEGRAL — TRANSFERENCIAS: 38,700,000 PESOS.
Después aparecieron correos, facturas y registros bancarios.
Los invitados comenzaron a murmurar.
El padre de Rodrigo se levantó furioso.
—¡Camila está mintiendo!
—Entonces escuchemos a su hijo —respondió ella.
Un audio comenzó a reproducirse.
Era la voz de Rodrigo hablando con Elisa sobre el dinero desviado y el plan para tomar el control de las acciones de Camila.
El rostro de Elisa perdió el color.
Corrió hacia una puerta lateral.
No llegó.
Dos agentes la esperaban afuera.
Rodrigo miró a Camila con odio.
—Vas a arrepentirte.
Camila levantó el micrófono.
—Gracias.
—¿Por qué?
—Porque acabas de amenazarme delante de 280 testigos.
Varias personas sacaron sus teléfonos.
Entonces apareció la prueba que Camila había reservado para el final.
La fotografía de una receta médica.
Luego transferencias realizadas al neurólogo de Arturo Fuentes.
Y finalmente un mensaje enviado por Rodrigo:
“Aumenten la dosis. Necesitamos que parezca incapaz antes de la junta.”
Arturo se levantó lentamente de la primera fila.
—¿Estabas manipulando mi tratamiento?
Rodrigo retrocedió.
—Puedo explicarlo.
—Explícaselo a la fiscalía —dijo otra voz.
Jimena Robles apareció junto a los agentes con varias carpetas selladas.
—Las órdenes judiciales fueron autorizadas esta mañana. Sus oficinas están siendo registradas en este momento.
Rodrigo perdió finalmente el control.
—¡Todo esto era para salvar a Grupo Montalvo!
Camila lo miró fijamente.
—No. Era para robar dos familias.
Los agentes se acercaron.
Elisa comenzó a llorar.
Rodrigo, en cambio, todavía parecía convencido de que podía ganar.
—Camila, si me destruyes, también destruyes tu inversión. Tu padre puso millones en mi empresa.
Ella sonrió.
Aquello era precisamente lo que esperaba escuchar.
Sacó un último documento.
—Mi padre retiró su inversión ayer.
Rodrigo quedó inmóvil.
—¿Qué?
—Y los bancos recibieron esta mañana las pruebas del fraude utilizado como garantía.
El teléfono del padre de Rodrigo comenzó a sonar.
Luego otro.
Y otro.
Los ejecutivos de Grupo Montalvo empezaron a levantarse de las bancas mientras revisaban sus pantallas.
Créditos suspendidos.
Cuentas congeladas.
Auditoría extraordinaria.
Rodrigo miró alrededor y comprendió finalmente lo ocurrido.
La boda nunca había sido una boda.
Había sido el lugar donde Camila consiguió reunir a sus socios, familiares, testigos y víctimas bajo el mismo techo.
Los agentes se llevaron a Rodrigo y Elisa.
Antes de cruzar la puerta, él volvió la cabeza.
—¡Camila! ¡Tú preparaste todo esto!
Ella recogió del suelo un pedazo de su vestido de novia.
—Durante siete meses.
—¿Y nunca pensaste casarte conmigo?
Camila sostuvo su mirada.
—Pensé hacerlo.
Hizo una pausa.
—Hasta que descubrí con quién iba a casarme.
Las puertas se cerraron detrás de él.
Arturo abrazó a su hija.
Camila miró el altar vacío, las flores, los cientos de invitados y el vestido abandonado sobre el mármol.
Había llegado allí como la futura señora Montalvo.
Salió siendo nuevamente Camila Fuentes.
Y aquella tarde, mientras Rodrigo perdía el control de su empresa desde una sala de interrogatorios, recibió una última notificación.

Grupo Fuentes había solicitado recuperar cada peso obtenido mediante los contratos fraudulentos.
Rodrigo había querido quedarse con el apellido, las acciones y la libertad de Camila.
Al final, perdió las tres cosas que más valoraba:
su dinero,
su reputación
y el control.