PARTE 2: LA NOVIA OFICIAL

El cartel permanecía inmóvil bajo las luces del jardín.

Cena de compromiso entre las familias Jiang y Song.

Jason Jiang.

Evelyn Song.

Sentí que el aire se volvía demasiado pesado para respirar.

Apoyé una mano sobre mi vientre.

Todavía dolía.

No solo por el procedimiento.

Dolía porque, apenas veinticuatro horas antes, Jason me había abrazado mientras llorábamos por el hijo que nunca nacería.

Y aquella misma noche estaba celebrando otro futuro.

Con otra mujer.

Lily apareció detrás de mí.

Su expresión cambió al comprender que ya había visto el cartel.

—Lo siento.

No respondí.

Ella bajó la voz.

—Yo tampoco sabía que eras tú.

—¿Qué quieres decir?

Suspiró profundamente.

—En el club todos sabíamos que el señor Jiang tenía una novia desde hacía años.

—La heredera del Grupo Song.

Mi corazón dio un vuelco.

—¿Desde hacía años?

Asintió lentamente.

—Siempre pensamos que eras… otra persona.

Cerré los ojos unos segundos.

No era una aventura reciente.

No era un compromiso impuesto de última hora.

Había llevado una doble vida durante todo nuestro noviazgo.

Las puertas de la villa comenzaron a abrirse.

Llegaban más invitados.

Hombres con trajes hechos a medida.

Mujeres cubiertas de diamantes.

Un empleado anunció:

—La familia Jiang ha llegado.

Todos comenzaron a aplaudir.

Jason descendió del Rolls-Royce.

Vestía un esmoquin negro.

Sonreía exactamente igual que cuando me prometía que algún día compraríamos un departamento de segunda mano.

Solo que aquella sonrisa nunca había sido para mí.

Evelyn salió detrás de él.

Él le ofreció la mano.

Ella la aceptó con naturalidad.

Parecían una pareja acostumbrada a caminar junta.

No dos personas comprometidas por obligación.

Lily me sujetó suavemente del brazo.

—Vámonos.

Negué con la cabeza.

—Necesito escuchar una sola cosa.

Nos acercamos lo suficiente para oír las conversaciones sin ser vistas.

Un empresario levantó su copa.

—Jason.

Por fin aceptaste el lugar que te corresponde.

Otro hombre rio.

—Después de tantos años haciendo ese extraño experimento.

Mi respiración se detuvo.

Jason sonrió.

—Ya era hora de terminarlo.

El primer empresario preguntó:

—¿Y la muchacha?

Jason tomó una copa de vino.

—Todo terminó.

—Nunca sospechó nada.

Las personas alrededor soltaron pequeñas risas.

—¿De verdad viviste cinco años como un repartidor?

—Casi seis.

Respondió Jason.

—Fue interesante.

—Aprendí cómo vive la gente común.

Sentí que las piernas comenzaban a fallarme.

Uno de los invitados preguntó con curiosidad.

—¿Y valió la pena?

Jason bebió un sorbo antes de responder.

—Sí.

—Ahora sé perfectamente quién me quiere por mí.

No por mi apellido.

Las copas chocaron.

Todos celebraban aquella respuesta.

Solo yo conocía el precio real de aquel supuesto experimento.

Un hijo perdido.

Años de hambre.

Préstamos.

Horas extras.

Lágrimas.

Todo para alimentar la curiosidad de un heredero aburrido.

Lily me obligó a retroceder.

—No puedes quedarte aquí.

Asentí lentamente.

Ya había visto suficiente.

Cuando me di la vuelta para marcharme, una voz me detuvo.

—Disculpe.

Un anciano de cabello completamente blanco caminaba hacia mí apoyado en un bastón.

Todos los invitados guardaron silencio inmediatamente.

Jason también levantó la vista.

Al verme, su rostro perdió el color.

—¿Tú…?

El anciano no lo dejó terminar.

Se detuvo frente a mí.

Me observó durante varios segundos.

Después bajó lentamente la mirada hasta mi abdomen.

—¿Usted es la señorita Lin?

Sentí un escalofrío.

—Sí.

Él cerró los ojos.

Como si acabara de confirmar un miedo antiguo.

Luego levantó nuevamente la vista.

—Soy Jiang Wei.

El abuelo de Jason.

Toda la familia permanecía inmóvil.

El anciano respiró profundamente antes de pronunciar unas palabras que hicieron desaparecer la sonrisa de todos los presentes.

—Lamento llegar demasiado tarde.

—Porque, por lo que acabo de descubrir…

Mi nieto no solo destruyó su vida.

También acaba de incumplir la única condición que puse para convertirlo en heredero de toda la familia Jiang.

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