PARTE 2: LA NOCHE EN QUE LO PERDIÓ TODO

Mientras yo abandonaba el hospital en el coche enviado por mi padre, Tae-hyun levantaba una copa de champán en el salón privado de uno de los hoteles más exclusivos de Seúl.

—Por la familia Kang —brindó su madre, radiante—. Y porque, por fin, ciertas personas han entendido cuál es su lugar.

Tae-hyun sonrió.

No sabía que aquella sería la última vez que brindaría como futuro presidente de la empresa.

Cuando llegué a la residencia Han, mi padre ya estaba esperando en la entrada.

No preguntó nada.

Primero tomó a su nieto entre los brazos.

Después miró mi rostro pálido, mis manos temblorosas y la pequeña maleta que Tae-hyun había dejado conmigo.

Su expresión cambió.

—¿Él hizo esto?

Asentí.

Mi padre entregó cuidadosamente al bebé a una empleada y ordenó que llamaran a un médico.

Entonces me condujo a su despacho.

Sobre la mesa había varias carpetas.

Reconocí inmediatamente el logotipo de la empresa donde trabajaba Tae-hyun.

—Papá…

—Hace tres años, su compañía estuvo a punto de quebrar —dijo—. Mi grupo la salvó mediante sociedades intermediarias. Los Kang jamás supieron quién estaba detrás de la inversión.

Sentí un escalofrío.

Tae-hyun llevaba años presumiendo de que algún día aquella empresa sería suya.

Pero, en realidad, mi padre controlaba su futuro.

—¿Por qué nunca me lo dijiste?

—Porque me pediste que no interfiriera en tu matrimonio.

Bajé la mirada.

—Cometí un error.

—No. Pero ahora tendrás que decidir qué quieres hacer.

Mi teléfono vibró.

Era Tae-hyun.

Por primera vez aquella noche, estaba llamándome él.

Respondí.

—¿Dónde estás? —preguntó irritado—. Mamá dice que mañana debes volver para recoger el resto de tus cosas.

Miré a mi padre.

—No volveré.

Tae-hyun soltó una risa seca.

—Eun-seo, no seas ridícula. ¿Adónde vas a ir?

—A casa.

Hubo un silencio.

—¿Qué casa?

Antes de que pudiera responder, alguien gritó su nombre al otro lado de la llamada.

Después escuché una voz nerviosa:

—¡Director Kang! ¡Tiene que venir inmediatamente!

La llamada terminó.

Mi padre miró su reloj.

—Ya empezó.

En el banquete, Tae-hyun acababa de recibir un correo del consejo administrativo.

La reunión extraordinaria prevista para la semana siguiente había sido adelantada.

Motivo:

Revisión inmediata de su nombramiento como sucesor.

Su madre palideció.

—¿Qué significa esto?

Antes de que Tae-hyun pudiera responder, llegó un segundo mensaje.

La empresa inversora que sostenía financieramente al Grupo Kang exigía una auditoría completa.

Y luego llegó el tercero.

La transferencia de acciones que convertiría a Tae-hyun en presidente quedaba suspendida.

La fiesta quedó en silencio.

—¿Quién está haciendo esto? —gritó la señora Kang.

El teléfono de Tae-hyun volvió a sonar.

Esta vez era su secretario.

—Señor… descubrimos quién controla el fondo principal.

—¿Quién?

La respuesta hizo que dejara caer la copa.

—El Grupo Han.

Tae-hyun se quedó blanco.

Había escuchado ese apellido muchas veces.

Todo Seúl conocía al presidente Han.

Pero Tae-hyun jamás había relacionado aquel nombre conmigo.

Porque cuando nos conocimos, yo utilizaba el apellido de mi madre.

Entonces recordó algo.

Una fotografía antigua que había encontrado años atrás.

Un documento que yo había escondido.

Y una conversación en la que le dije que mi padre no formaba parte de mi vida.

Me llamó inmediatamente.

Esta vez contesté en altavoz.

—Eun-seo… ¿quién es tu padre?

Miré al hombre sentado frente a mí.

—La persona cuya inversión mantiene viva tu empresa.

No respondió.

Por primera vez desde que lo conocía, Kang Tae-hyun no tenía nada que decir.

—Dime que esto es una broma.

—Hace tres días me sometí a una cesárea —respondí—. Esta noche me dejaste bajo la lluvia con nuestro hijo. Y ahora quieres que yo te tranquilice.

—Puedo explicarlo.

—Ya no necesito explicaciones.

Su madre tomó el teléfono.

—¡Eun-seo! ¡No puedes destruir una familia por una discusión!

Casi sonreí.

—Usted tenía razón, señora Kang.

—¿Sobre qué?

—Dijo que aprendería lo difícil que era vivir sin su familia.

Miré a mi padre.

—Creo que será Tae-hyun quien lo descubra.

Colgué.

Pero aquello todavía no había terminado.

A la mañana siguiente, Tae-hyun apareció frente a la residencia Han.

Su madre y su hermana estaban con él.

Los tres parecían personas diferentes.

Ya no había arrogancia.

Cuando las puertas se abrieron, Tae-hyun corrió hacia mí.

—Eun-seo, volvamos a casa. Podemos arreglarlo.

—¿Nuestra casa?

Él tragó saliva.

—Sí.

—La misma de la que me echaste porque tu madre quería mi habitación.

Su madre bajó la mirada.

Tae-hyun intentó acercarse.

—Pensaba que no tenías a nadie.

Aquellas palabras confirmaron todo.

No estaba arrepentido por haberme abandonado.

Estaba arrepentido porque había descubierto quién era yo.

Retrocedí.

—Exactamente.

Él frunció el ceño.

—¿Qué?

—Pensabas que estaba sola. Y aun así elegiste tratarme así.

Tae-hyun quedó inmóvil.

Entonces mi padre apareció detrás de mí.

—Señor Kang.

Tae-hyun inclinó inmediatamente la cabeza.

—Presidente Han, todo esto es un malentendido.

—No —respondió mi padre—. Un malentendido ocurre por accidente. Lo que usted hizo fue una decisión.

Nadie habló.

Mi padre colocó una carpeta en manos de Tae-hyun.

Dentro estaba la notificación oficial.

Su nombramiento había sido cancelado.

Pero yo levanté una mano antes de que mi padre continuara.

—Eso es asunto de la empresa. Yo tengo otro asunto contigo.

Saqué una segunda carpeta.

Tae-hyun la abrió.

Su rostro perdió el poco color que le quedaba.

Eran los documentos del divorcio.

—Eun-seo…

—Durante años pensé que proteger nuestro matrimonio significaba soportarlo todo.

Miré a mi hijo dormido detrás de la ventana.

—Ahora tengo a alguien a quien debo enseñarle algo mejor.

Tae-hyun apretó los papeles.

—¿De verdad vas a terminar nuestra familia?

Negué lentamente.

—Nuestra familia empezó de nuevo la noche en que tú nos abandonaste.

Las puertas de la residencia comenzaron a cerrarse.

Su madre gritó mi nombre.

Su hermana pidió otra oportunidad.

Tae-hyun permaneció allí, bajo la misma lluvia en la que me había dejado la noche anterior.

Pero yo no miré hacia atrás.

Tres meses después, recuperé legalmente lo que Tae-hyun había retirado de nuestra cuenta conjunta y entregué a mis abogados todos los documentos financieros que me había hecho firmar.

La auditoría reveló suficientes irregularidades para que el consejo apartara definitivamente a Tae-hyun de cualquier puesto directivo.

Yo no pedí a mi padre que destruyera a los Kang.

No fue necesario.

Sus propias decisiones lo hicieron.

Una mañana, mientras sostenía a mi hijo frente a las enormes ventanas de la casa Han, mi padre se acercó.

—¿Te arrepientes de haberlo llamado aquella noche?

Miré al bebé dormido entre mis brazos.

Luego recordé aquella acera, la lluvia y el Mercedes alejándose.

—No.

Sonreí por primera vez en mucho tiempo.

—Me arrepiento de no haber llamado antes.

Porque Tae-hyun creyó que abandonaba a una mujer que no tenía a nadie.

Lo que nunca comprendió fue que aquella noche no me dejó sin familia.

Me devolvió a ella.

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