PARTE 2: La firma que cambió a la familia

El notario respondió después del segundo tono.

—Notaría Salazar, buenos días.

Respiré hondo.

—Habla Mariana Ortega. Necesito hacer un cambio antes de la firma.

Hubo unos segundos de silencio.

—¿Un cambio?

—Sí. El dinero todavía no ha sido transferido y la compradora sigo siendo yo.

—Correcto.

—Entonces quiero detener toda la operación hasta nuevo aviso.

El hombre dudó.

—¿Ocurrió algún problema?

Miré una vez más la pantalla donde aparecían los nombres de mis padres y de Daniela.

—Acabo de descubrir que sí.

Cuarenta minutos después entré en la notaría.

Mis padres ya estaban allí.

Daniela también.

En cuanto me vio, sonrió con aparente tranquilidad.

—¡Por fin! Pensábamos que el trabajo te había retenido.

Le devolví una sonrisa igual de tranquila.

—Sí… encontré algo inesperado.

Mi madre tomó mi brazo.

—Ven, hija. Solo falta tu transferencia para terminar todo.

Saqué lentamente una copia de la escritura.

La coloqué sobre la mesa.

—¿Podrían explicarme por qué el nombre de Daniela aparece como propietaria de una casa que voy a pagar yo?

El ambiente cambió al instante.

Mi padre carraspeó.

—Eso tiene una explicación.

—Los escucho.

Daniela cruzó los brazos.

—No hagas un drama por esto.

La miré.

—¿Un drama?

Mi madre habló apresuradamente.

—Pensamos que sería mejor dejar la casa también a nombre de tu hermana. Ella tiene hijos algún día…

La interrumpí.

—¿Y yo no merecía saberlo?

Nadie respondió.

El notario observaba la escena en absoluto silencio.

Mi padre intentó recuperar el control.

—Mariana, tú ganas mucho dinero. No necesitas esta casa.

Sentí una punzada en el pecho.

—No la compré para necesitarla.

La compré porque los amo.

Mi madre bajó la mirada.

Daniela, en cambio, perdió la paciencia.

—¡Ay, por favor! Siempre haces lo mismo. Te gusta hacerte la heroína para que todos te admiren.

La observé sin parpadear.

—¿También era parte del plan decirme eso después de que pagara?

Su rostro se endureció.

Había sido descubierta.

Mi padre golpeó suavemente la mesa.

—Ya basta.

Somos una familia.

No puedes destruir todo por un detalle administrativo.

Sonreí con tristeza.

—¿Un detalle?

Abrí mi teléfono.

Reproduje la grabación de voz que había hecho sin querer mientras permanecía fuera de la ventana.

La risa de Daniela llenó la sala.

“Todavía no puedo creer que Mariana haya pagado todo esto.”

Luego la voz de mi madre.

“La pobre nunca se enterará de que pagó una casa que no le pertenece.”

Finalmente, la de mi padre.

“Después de la firma ya no podrá cambiarlo.”

El silencio fue absoluto.

El notario dejó lentamente su bolígrafo sobre la mesa.

Mi madre comenzó a llorar.

—Hija… nosotros…

—No.

Levanté una mano.

—Hoy no me llamen hija para conseguir lo que quieren.

Daniela se puso de pie.

—¿Vas a cancelar la compra solo por orgullo?

La miré fijamente.

—No.

Voy a cancelarla porque descubrí que ustedes confundieron mi amor con estupidez.

Me dirigí al notario.

—Retiro oficialmente mi oferta de compra.

El hombre asintió.

—Así se hará.

Mi padre dio un paso hacia mí.

—¡Mariana! ¡Llevamos meses preparando esto!

—Yo llevo siete años trabajando para ello.

No es lo mismo.

Mi madre intentó tomar mi mano.

Retrocedí.

—¿Sabes qué era lo único que esperaba?

Que cuando firmáramos, ustedes dijeran: “Gracias”.

No que planearan dejarme fuera de la casa que pagué.

Daniela soltó una risa amarga.

—¿Y ahora qué vas a hacer con casi diez millones de pesos?

La miré por última vez.

—Lo mismo que debí hacer desde el principio.

Invertirlos en alguien que realmente me quiera.

Me di la vuelta y salí de la notaría.

Detrás de mí escuché a mi padre discutir con el notario.

Mi madre lloraba.

Daniela gritaba que todo podía arreglarse.

Pero ya era demasiado tarde.

Mientras caminaba hacia mi camioneta, sonó mi teléfono.

Era el mismo agente inmobiliario.

—Señorita Ortega, antes de que cuelgue… hay algo que creo que debería saber.

—¿Qué ocurre?

Su voz bajó casi hasta un susurro.

—La casa nunca fue el verdadero objetivo de su familia.

Hay otro documento que intentaron hacerme firmar esta mañana… usando su nombre.

Y cuando escuché de qué documento se trataba, comprendí que la traición era mucho más grande de lo que había imaginado.

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