PARTE 2: LA NIÑA QUE SABÍA EL NOMBRE DE MI HERMANA

Allie me miraba como si acabara de ver a un muerto levantarse.

Probablemente porque, en cierto modo, eso era exactamente lo que había ocurrido.

Lily sonrió.

—¿Ves, mamá? Ahora no tiene frío.

Miré la manta gris.

Tenía pequeñas estrellas bordadas en una esquina.

—¿Es tuya?

Lily asintió.

—Mamá me la hizo.

—Lily —susurró Allie—. Tenemos que irnos.

La niña hizo un puchero.

—Pero Murphy está triste.

Allie se quedó petrificada.

Yo también.

—¿Cómo me llamaste?

Lily parpadeó.

—Murphy.

Allie agarró inmediatamente a su hija.

—Señor Moretti, yo nunca le he enseñado a llamarlo así.

—Entonces ¿quién lo hizo?

Lily señaló su libro.

—La señora de las flores.

Sentí un escalofrío.

—¿Qué señora?

La pequeña abrió el cuento.

Entre dos páginas había una fotografía.

La tomé.

Y durante unos segundos olvidé que Allie estaba allí.

Mi hermana, Isabella.

La misma sonrisa.

El mismo cabello oscuro.

La fotografía había sido tomada frente al lago Michigan.

Lily estaba en sus brazos.

Era imposible.

Isabella había muerto tres años atrás.

Lily acababa de cumplir tres.

—¿De dónde salió esto?

Allie palideció.

—Yo… no sabía que la tenía.

Mi voz bajó.

—No me mienta.

—No estoy mintiendo.

Lily señaló la fotografía.

—Bella me cantaba.

El nombre me golpeó más fuerte que una bala.

Bella.

Solo yo la llamaba así.

—¿Cuándo?

Lily pensó.

—Cuando era bebé.

Allie empezó a llorar.

—Lily nació dos meses antes de que su hermana muriera.

La miré.

—¿Isabella conocía a tu hija?

Allie cerró los ojos.

—Sí.

Todo dentro de mí se volvió frío.

—Explícate.

—Yo no entré a trabajar aquí por casualidad.

Silencio.

—Isabella me contrató.

Me quité lentamente la manta.

—Mi hermana nunca contrataba al personal doméstico.

—No para trabajar.

Allie sacó una vieja llave de su bolsillo.

—Para esconderme.

La llave pertenecía a Moretti Medical Center.

Mi hospital privado.

—¿De quién te escondías?

—Del padre de Lily.

—Nombre.

Allie negó.

—Si se lo digo, estamos muertas.

—Estás dentro de mi casa.

—Precisamente.

Aquello me hizo callar.

Allie miró hacia la puerta.

—Isabella descubrió algo poco antes de morir.

—¿Qué?

—Que alguien de su familia utilizaba la clínica Moretti para falsificar historiales médicos.

Mi mandíbula se endureció.

—Mi hermana murió en un accidente.

Allie me miró con una tristeza insoportable.

—Eso es lo que ella temía que usted creyera.

Saqué el teléfono.

—Dominic.

Mi jefe de seguridad respondió inmediatamente.

—Jefe.

—Cierra la propiedad. Nadie entra ni sale.

Allie se levantó.

—No.

—¿Qué?

—Si hace eso, sabrán que encontré la fotografía.

—¿Quiénes?

Antes de que respondiera, Lily caminó hasta mi escritorio.

Fantasma la siguió.

La niña se agachó.

—Bella dijo que aquí había un tesoro.

Mi sangre se heló.

—¿Qué acabas de decir?

Lily golpeó suavemente una tabla del suelo.

—Aquí.

Moví el escritorio.

Debajo de una de las tablas había una pequeña ranura.

Nunca la había visto.

La levanté.

Encontré un teléfono envuelto en plástico.

Y un sobre.

Mi nombre estaba escrito con la letra de Isabella.

MURPHY.

Mis manos empezaron a temblar.

Encendí el teléfono.

Solo contenía un vídeo.

Isabella apareció en pantalla.

Estaba sentada en esta misma oficina.

—Murphy, si estás viendo esto, probablemente ya estoy muerta.

Allie se tapó la boca.

Yo no podía moverme.

—Necesito que escuches antes de hacer lo que siempre haces cuando alguien toca a nuestra familia.

Mi hermana sonrió tristemente.

—No mates a nadie todavía.

A pesar de todo, casi pude escucharla riéndose.

Entonces su expresión cambió.

—Hay dinero desapareciendo de las clínicas. Medicamentos desviados. Expedientes infantiles modificados.

Levantó una carpeta.

—Y encontré algo sobre Lily Carter.

Miré a la niña.

—Allie cree que el padre de Lily es un hombre llamado Jonathan Reed.

Allie comenzó a llorar.

—Pero no lo es.

La habitación quedó completamente silenciosa.

Isabella continuó.

—Las pruebas fueron alteradas.

Miré a Allie.

—¿Qué significa esto?

—No lo sé.

Isabella respondió desde la pantalla.

—El padre biológico pertenece a nuestra familia.

Sentí cómo se me vaciaba el pecho.

Allie negó desesperadamente.

—No.

—Isabella me dijo que Jonathan era el padre.

El vídeo continuó.

—No confío en el laboratorio, así que repetí el análisis personalmente.

Isabella levantó una hoja.

—Lily comparte parentesco directo con los Moretti.

Miré a la pequeña.

Rizos castaños.

Ojos avellana.

Tres años.

—¿Quién es su padre?

Isabella bajó la vista.

—Eso es precisamente lo que no puedo poner en este vídeo.

Golpeé el escritorio.

—Maldita sea, Bella.

Como si hubiera sabido que reaccionaría así, mi hermana sonrió en la grabación.

—Sé que acabas de maldecirme.

Lily soltó una risita.

A mí se me rompió algo por dentro.

Entonces Isabella continuó.

—La respuesta está en el expediente 714.

Llamé inmediatamente a Dominic.

—Accede al archivo médico. Expediente 714.

Hubo unos segundos de silencio.

—Jefe…

—¿Qué?

—No existe.

—Busca en archivos eliminados.

Escuché teclas.

Después Dominic dejó de hablar.

—¿Qué encontraste?

—El expediente fue borrado tres horas después de la muerte de Isabella.

—¿Por quién?

Silencio.

—Dominic.

—Por su cuenta personal, jefe.

Miré el teléfono.

—Yo estaba en el hospital identificando el cuerpo de mi hermana a esa hora.

—Lo sé.

Alguien había utilizado mis credenciales.

Entonces Isabella pronunció la última parte del mensaje.

—Murphy, si el expediente desaparece, significa que él sigue teniendo acceso.

—¿Quién?

—El hombre responsable de todo esto lleva años sentado a tu mesa.

La pantalla se volvió negra.

En ese mismo instante alguien llamó a la puerta.

Tres golpes.

Dominic apareció.

—Jefe, tenemos un problema.

Miré a mi hombre de confianza.

Había trabajado para mí durante doce años.

—¿Cuál?

Sus ojos se movieron hacia Lily.

Y perdió el color.

No fue sorpresa.

Fue reconocimiento.

Allie retrocedió inmediatamente.

—No.

Dominic susurró:

—¿Qué hace ella aquí?

Me levanté.

—¿Conoces a Lily?

Él no respondió.

Entonces la niña corrió hacia mí y se escondió detrás de mis piernas.

—Murphy.

Era la primera vez que alguien se escondía detrás de mí en lugar de esconderse de mí.

Dominic cerró la puerta.

—Necesito explicarlo.

—Empieza.

Miró a Allie.

—Isabella descubrió quién era el padre.

—¿Quién?

Dominic tragó saliva.

—Usted.

La habitación quedó en absoluto silencio.

Me reí una sola vez.

—Nunca he tocado a Allie.

—Lo sé.

Aquello fue todavía peor.

—Entonces habla.

—Tres años y medio atrás, durante la operación después del tiroteo del puerto, le almacenaron sangre y material biológico en Moretti Medical.

Recordaba aquella noche.

Había estado inconsciente durante casi treinta horas.

Dominic continuó:

—Alguien accedió a las muestras.

Allie parecía incapaz de respirar.

—No…

—Isabella descubrió que parte del material fue utilizado sin autorización dentro de un procedimiento de fertilidad registrado bajo una identidad falsa.

Miré a Lily.

No.

—Eso debe verificarse independientemente —dije.

—Sí.

Dominic asintió.

—Pero Isabella hizo una prueba antes de morir.

Sacó un sobre del interior de su chaqueta.

—Me obligó a guardarla.

—¿Durante tres años?

—Me dijo que solo se la entregara si Lily llegaba alguna vez hasta usted por sí misma.

Abrí el sobre.

Había un informe genético.

Mi nombre.

El de Lily.

Probabilidad de paternidad:

99,99 %.

Tuve que sentarme.

Lily se acercó.

Me puso nuevamente la manta sobre los hombros.

—No estés triste.

La miré.

Tres años creyendo que había perdido a la última persona capaz de llamarme familia.

Y delante de mí podía estar mi hija.

Entonces vi algo escrito a mano al final del informe.

La letra de Isabella.

“Murphy, si Lily llega hasta ti, protégela de nuestro padre.”

Mi corazón se detuvo.

Nuestro padre llevaba muerto dieciocho años.

Dominic cerró los ojos.

—Hay una última cosa que Isabella descubrió antes de morir.

—Dímela.

—El hombre que enterramos hace dieciocho años no era Antonio Moretti.

Miré hacia él.

—¿Dónde está mi padre?

Dominic volvió la mirada hacia la cámara de seguridad de mi oficina.

La luz roja acababa de encenderse sola.

—Si Isabella tenía razón —susurró—, lleva tres años observando esta casa esperando que Lily encontrara esa habitación.

Related Posts

PARTE 2: EL INFORME QUE MI ESPOSA ESCONDIÓ ANTES DE MORIR

Elena miró hacia el pasillo vigilado. —No podemos hablar aquí. Prescott dio un paso adelante. —Señor Mercer— —Fuera. Todos abandonaron mi oficina excepto Elena. Cerré la puerta….

PARTE 2: LOS OCHO ERRORES QUE ALEXANDER NUNCA DEBIÓ COMETER

Alexander dejó lentamente el vaso sobre la mesa. —¿Desde cuándo hablas ruso? —Desde antes de conocerte. Su mandíbula se tensó. —Nunca me lo dijiste. —Nunca preguntaste. Tomé…

PARTE 2: EL HOMBRE QUE GABRIEL NO ESPERABA VER EN EL AEROPUERTO

Thomas Reed sostuvo mi mirada durante varios segundos. Después sacó el teléfono. —El señor Cross ya viene. No me sorprendió. Lo que me sorprendió fue Noah. —Mamá…

PARTE 2: LA PALABRA QUE LILY YA NO USABA PARA MÍ

Ryan bajó ligeramente el teléfono. —Sí. Comió bastante. La expresión de Emma se relajó. —¿Y tomó la medicina? Medicina. Sentí un golpe en el pecho. —Después de…

PARTE 2: LOS 406 PUNTOS QUE HICIERON TEMBLAR A TODA LA ESCUELA

Dos días después llegué a la escuela a las 9:40. No llevaba maquillaje. Ni ropa especial. Solo vaqueros, una camisa blanca y la carpeta con mis documentos….

PARTE 2: EL ABRAZO QUE ENTENDÍ DEMASIADO TARDE

Julia no lloró delante de nadie. Eso fue lo primero que me persiguió. Mientras nuestros invitados murmuraban y mi madre intentaba seguirla, Julia levantó una mano. —No….

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *