PARTE 2: LA MUJER QUE YA NO ESPERABA

La puerta de la villa se cerró detrás de mí.

No miré atrás.

Caminé hasta la carretera con una maleta pequeña y la misma ropa sencilla con la que había llegado cuatro años antes.

Pensé que sentiría dolor.

Pero no.

Solo una tranquilidad extraña.

Como si finalmente hubiera dejado de cargar algo que nunca me perteneció.

A dos calles de la villa, un automóvil negro frenó junto a mí.

La ventanilla bajó.

—Emma.

Reconocí la voz.

Era Marcus Reed.

El abogado que había trabajado para Liam durante años.

Lo miré con desconfianza.

—¿Qué quieres?

Marcus salió del vehículo.

—Liam me pidió que te llevara a un hotel.

Solté una pequeña risa.

—No necesito nada de Liam.

—No vengo por él.

Abrió el maletero y sacó un sobre grueso.

—Esto estaba en la caja fuerte de la antigua oficina de tu padre.

Me quedé inmóvil.

—¿Qué?

Marcus me entregó el sobre.

—Liam nunca te habló de esto.

No lo abrí.

—¿Por qué lo tienes tú?

—Porque hace seis meses me pidió investigar unas transferencias antiguas.

Mi corazón comenzó a acelerarse.

—¿Qué transferencias?

Marcus miró alrededor antes de responder.

—Dinero que salió de una cuenta vinculada a tu padre.

Sentí un frío repentino.

Mi padre había muerto cuando yo tenía diecinueve años.

Durante años me dijeron que había dejado deudas y que aquella era la razón por la que mi vida se había derrumbado.

—¿Cuánto dinero?

Marcus bajó la voz.

—Mucho más de lo que imaginas.

Abrí finalmente el sobre.

Dentro había copias bancarias, contratos y fotografías de documentos que no reconocía.

Hasta que vi un nombre.

Liam Foster.

Levanté la mirada.

—¿Qué significa esto?

Marcus respiró profundamente.

—Tu padre no le debía dinero a Liam.

—Fue al revés.

Mis dedos comenzaron a temblar.

—Liam le debía dinero a mi padre.

Pasé otra página.

Había una transferencia realizada veintidós años atrás.

Una cantidad enorme.

Y debajo aparecía una nota manuscrita.

“Pago inicial por la participación en Foster Holdings.”

No entendía nada.

—¿Mi padre era socio de su familia?

—Eso parece.

Marcus señaló otra hoja.

—Y hay algo más.

Era un documento de accionistas.

Mi nombre aparecía al final.

Emma Carter.

Beneficiaria.

No podía respirar.

—Esto está mal.

—O alguien se aseguró durante años de que tú pensaras que estaba mal.

Entonces escuchamos el sonido de otro automóvil.

Marcus levantó la mirada.

Un vehículo de la villa acababa de detenerse al otro lado de la calle.

Liam bajó.

No parecía el hombre indiferente que había visto minutos antes.

Parecía furioso.

Caminó directamente hacia nosotros.

—Emma.

No respondí.

Su mirada cayó sobre el sobre que tenía en las manos.

Su expresión cambió.

—¿Quién te dio eso?

Marcus se interpuso entre nosotros.

—Yo.

Liam lo miró con incredulidad.

—Te dije que no se lo entregaras.

Me quedé inmóvil.

—Entonces sí sabías lo que había dentro.

Liam guardó silencio.

Por primera vez desde que lo conocía, no encontró una respuesta inmediata.

—Emma, escúchame.

—No.

Mi voz salió tranquila.

—Cuatro años me escondiste.

—Me llamaste entretenimiento.

—Me dijiste que no significaba nada.

—Y ahora descubro que mi padre tenía negocios contigo.

Liam apretó la mandíbula.

—No es tan sencillo.

—Entonces explícamelo.

Él dio un paso hacia mí.

—Tu padre no era quien tú creías.

Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.

—¿Qué estás diciendo?

Liam miró a Marcus.

—No aquí.

—Aquí.

Mi voz tembló.

—Después de cuatro años, quiero la verdad aquí.

Liam cerró los ojos durante unos segundos.

Cuando volvió a mirarme, había algo diferente en su expresión.

No era arrogancia.

Era miedo.

—Tu padre no murió arruinado.

Me quedé completamente quieta.

—Lo asesinaron.

Marcus bajó la mirada.

Liam continuó:

—Y la noche en que murió, desapareció una parte de los documentos de Foster Holdings.

—Documentos que demostraban que alguien dentro de mi familia había estado robando dinero durante años.

Sentí que mis manos se enfriaban.

—¿Y tú sabías todo esto?

—Lo descubrí hace cuatro años.

—¿Cuando me trajiste aquí?

Liam no respondió.

Esa ausencia de respuesta fue suficiente.

—¿Por eso me escondiste?

Él finalmente habló.

—Al principio sí.

—¿Y después?

Silencio.

—Después ya no supe cómo dejarte ir.

Lo miré fijamente.

Recordé cada noche esperando sus pasos.

Cada vez que desaparecía durante semanas.

Cada vez que me repetía que no debía esperar nada de él.

Y ahora, por primera vez, comprendí que quizá había una razón detrás de todo.

Pero una razón no borraba cuatro años.

No justificaba haberme tratado como si no valiera nada.

—Llegaste demasiado tarde —dije.

Liam dio un paso hacia mí.

—Emma…

Levanté la mano.

—No vuelvas a llamarme.

Subí al automóvil de Marcus.

Antes de cerrar la puerta, miré a Liam por última vez.

—Si realmente quieres saber qué ocurrió con mi padre, empieza por investigar a tu propia familia.

Cerré la puerta.

El vehículo arrancó.

Liam permaneció inmóvil en mitad de la calle.

Pero apenas habíamos recorrido dos manzanas, Marcus recibió una llamada.

Contestó.

Su rostro cambió.

—Emma.

—¿Qué ocurre?

Me mostró la pantalla.

Era una fotografía recién enviada.

Una caja de seguridad.

Dentro había documentos antiguos.

Y encima de ellos, una fotografía de mi padre junto a un hombre que conocía demasiado bien.

El padre de Liam.

Marcus susurró:

—Tu padre no trabajaba para los Foster.

—Los Foster trabajaban para él.

Miré la fotografía.

Entonces descubrí una segunda imagen detrás.

En ella aparecía una niña de ocho años.

Yo.

Y a su lado estaba Liam.

Solo que aquella fotografía había sido tomada muchos años antes de que él asegurara haberme conocido por primera vez.

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