La puerta del comedor se abrió.
Entraron cuatro hombres vestidos de negro.
Detrás de ellos apareció Arthur Bennett, vicepresidente ejecutivo del departamento legal.
Brendan dejó lentamente su copa.
—Arthur… ¿qué haces aquí?
Arthur ni siquiera lo miró.
Caminó directamente hacia mí.
Entonces inclinó la cabeza.
—Señora presidenta.
El silencio fue absoluto.
Diane parpadeó.
—¿Cómo la llamaste?
Me levanté despacio.
Mi vestido seguía empapado.
—Arthur, informe.
Abrió una carpeta.
—Protocolo 7 ejecutado a las 19:42.
Miró a Brendan.
—Todos los accesos corporativos de la familia Morrison han sido suspendidos.
La sonrisa de Jessica desapareció.
—Eso es ridículo. Brendan es vicepresidente regional.
—Era —corrigió Arthur.
Brendan golpeó la mesa.
—¡Ella no puede despedirme!
Arthur colocó varios documentos frente a él.
—Puede.
Diane soltó una carcajada nerviosa.
—Cassidy no tiene nada. Entró en esta familia sin dinero.
La miré.
Durante años había dejado que creyera exactamente eso.
—Morrison Global no pertenece a los Morrison.
Diane dejó de respirar.
—¿Qué?
—Mi padre compró silenciosamente la deuda de la empresa hace nueve años.
Caminé hacia la ventana.
—Cuando murió, heredé su participación.
Arthur continuó por mí.
—Cassidy posee directamente el cincuenta y ocho por ciento del grupo matriz.
Jessica retrocedió.
Brendan me miraba como si nunca me hubiera visto.
—¿Tú eres C. Ashford?
Sonreí.
Ese era el nombre que aparecía en todos los documentos corporativos importantes.
—Cassidy Ashford.
Mi apellido de nacimiento.
Brendan palideció.
—Pero durante nuestro matrimonio…
—Dejaste muy claro que mi vida profesional no te interesaba.
Miré a Jessica.
—Estabas demasiado ocupado con otras cosas.
Diane se levantó.
—Somos familia. Podemos arreglar esto.
Bajé la mirada hacia mi vientre.
—Hace diez minutos yo era una carga pobre que necesitaba veinte dólares para un taxi.
Ella no respondió.
Arthur dejó otra carpeta sobre la mesa.
—Hay un problema adicional.
Su tono había cambiado.
—Durante la revisión automática activada por el Protocolo 7 encontramos transferencias no autorizadas.
Brendan quedó inmóvil.
—¿Qué transferencias?
Arthur deslizó una hoja hacia mí.
Leí las cifras.
Más de once millones de dólares.
Todas habían pasado por una filial controlada por Brendan.
—¿Me robaste?
—Cassidy, puedo explicarlo.
Entonces Jessica comenzó a caminar hacia la puerta.
Dos guardias bloquearon su salida.
Arthur me entregó una segunda página.
—Los fondos terminaron en una sociedad registrada hace siete meses.
Miré el nombre del propietario.
No era Brendan.
Era Jessica.
Pero debajo aparecía algo todavía más extraño.
La sociedad había sido creada utilizando una autorización con mi firma.
Una firma que jamás había puesto.
Levanté la vista.
—¿Quién falsificó esto?
Brendan no respondió.
Diane tampoco.
Entonces Arthur habló.
—Hay algo que debe saber antes de llamar a la policía.
Sacó una fotografía de seguridad y la puso frente a mí.
Mostraba a Diane entrando de noche en mi oficina privada.
Pero no estaba sola.
A su lado caminaba mi propio abogado personal.
Arthur tragó saliva.
—Señora presidenta, alguien de su círculo sabía que usted activaría el Protocolo 7.
Sentí que mi bebé volvía a moverse.
—¿Cómo?
Arthur cerró la carpeta.
—Porque comenzaron a vaciar las cuentas tres horas antes de que usted llegara a esta casa.
