PART 2 — EL NOMBRE EN LA ESCRITURA

El notario contestó al segundo timbrazo.

—Señor Ramírez, soy Mariana Ortega. Necesito detener la firma de mañana.

Hubo un silencio breve.

—¿Ocurrió algo?

—La escritura no refleja lo que acordé. Yo pagaré la casa, pero no autoricé que pusieran a mi hermana como propietaria.

Su tono cambió.

—Eso es extraño. Su padre presentó una autorización con su firma.

Se me enfriaron las manos.

—Nunca firmé ninguna autorización.

—Tengo una copia en el expediente. Puedo enviársela.

La abrí cuando llegó.

Mi nombre aparecía al pie de una hoja donde supuestamente cedía a Daniela cualquier derecho sobre la propiedad. La firma se parecía a la mía, pero la fecha era de un día en que yo estaba en Monterrey supervisando una obra.

—No la valide —dije—. Conserve el documento y las grabaciones de la notaría.

—Lo haré. Pero no confronte a nadie hasta que revisemos esto con un abogado.

Colgué.

En la pantalla seguían llegando mensajes de mi familia.

«¿A qué hora vienes mañana?», preguntó mamá.

«El notario necesita que firmes una última hoja», escribió papá.

Daniela añadió un emoji de corazón.

No respondí.

Llamé a una abogada, le envié la escritura y los comprobantes de pago, y le pedí que notificara formalmente al notario. Después guardé la botella de vino y las flores en la camioneta.

Al llegar a la casa, mi madre abrió con una sonrisa.

—Pensamos que no vendrías.

Dejé la caja de documentos sobre la mesa.

—¿Quién falsificó mi firma?

La sonrisa desapareció.

Mi padre bajó la mirada. Daniela se quedó quieta junto al ventanal.

—No exageres —dijo mamá—. La casa es para la familia.

—Entonces, ¿por qué mi nombre no aparece?

—Daniela tiene una hija. Necesita estabilidad —respondió papá—. Tú puedes volver a ahorrar.

Miré los alcatraces todavía envueltos.

—Ahorré siete años.

Daniela empezó a llorar.

—Mariana, no quería que te enteraras así.

—¿Cómo querías que me enterara?

Nadie contestó.

Mi teléfono vibró. Era la abogada.

«Encontramos otra irregularidad. La casa ya aparece como garantía de un préstamo solicitado por Daniela».

Debajo había una cifra.

Dos millones de pesos.

Y el aval señalado en el expediente era yo.

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