PARTE 2: La llamada que cambió todas las reglas

—Sí, soy Claire Bennett.

La mujer guardó silencio unos segundos.

—Me llamo Sophie.

Sentí que el ruido de la cafetería desaparecía.

Apreté el teléfono.

—Sophie… ¿la exnovia de Julian?

—Supongo que todavía me llama así.

Su voz no sonaba triunfante.

Sonaba asustada.

—Necesito hablar contigo antes de que Julian descubra que te llamé.

Miré mi libreta.

—Sé que estás embarazada.

Silencio.

—Entonces ya te lo contó.

—No exactamente.

Sophie respiró profundamente.

—Claire, Julian te está mintiendo sobre mucho más que nosotros.

Quedamos en vernos cuarenta minutos después.

Cuando entró en la cafetería, reconocí inmediatamente su rostro por fotografías antiguas.

Su embarazo era evidente.

Se sentó frente a mí.

—Antes de decir nada, quiero que veas esto.

Colocó una carpeta sobre la mesa.

Dentro había mensajes de Julian.

Fechas.

Transferencias.

Y fotografías.

Una de ellas mostraba a Julian entrando en una clínica con Sophie.

—¿Cuánto tiempo lleváis juntos?

—No estamos juntos.

La miré fijamente.

Sophie tragó saliva.

—Él apareció hace seis meses diciendo que vuestro matrimonio estaba terminado.

—Celebramos nuestro décimo aniversario hace tres semanas.

Su rostro perdió el color.

—Me dijo que estabais divorciándoos.

Sacó el teléfono y me enseñó mensajes.

Julian había escrito que yo vivía en otra habitación.

Que nuestro matrimonio existía únicamente sobre el papel.

Todo era mentira.

Pero entonces Sophie dijo algo inesperado.

—Hay otra razón por la que te llamé.

Abrió la carpeta por la última página.

Era un documento de una clínica de fertilidad.

Vi mi nombre.

CLAIRE BENNETT.

Me quedé inmóvil.

—¿Por qué aparece mi nombre aquí?

—Eso mismo pregunté yo.

Sophie bajó la voz.

—Julian llevó este documento a mi médico.

Mis manos empezaron a temblar.

—¿Para qué?

—Quería convencerme de que después del nacimiento tú participarías en la crianza.

Recordé las palabras de Helga.

Haremos que ella críe a este bebé.

—Eso no tiene sentido.

—Hay algo peor.

Sophie deslizó otra hoja hacia mí.

Era una autorización médica.

Debajo de mi nombre aparecía una firma.

Parecía la mía.

Pero yo jamás la había escrito.

—¿Qué autorizaba esto?

Sophie negó lentamente con la cabeza.

—No lo sé. El médico se negó a explicármelo.

Mi teléfono vibró.

Era Julian.

“¿Dónde estás?”

Segundos después llegó otro mensaje.

“Helga dice que Sophie te llamó. No firmes nada.”

Levanté lentamente la mirada.

—¿Cómo sabe Helga que estamos hablando?

Sophie palideció.

Entonces alguien se detuvo junto a nuestra mesa.

Era un hombre mayor con una carpeta médica.

—Señora Bennett —dijo—, soy el doctor que trató a su marido.

Miró primero a Sophie y después a mí.

—Creo que ambas necesitan saber por qué Julian estaba tan seguro de que usted aceptaría criar a este bebé.

Abrió la carpeta.

—Porque durante seis años, señora Bennett, alguien le ha estado mintiendo sobre sus propios tratamientos de fertilidad.

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