Mia bajó la mirada hacia Gerald, su elefante de peluche.
—Porque mamá llora cuando cree que estoy dormida.
Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.
—Mia…
—Y dice que está bien estar solas —continuó—, pero yo sé que no siempre está bien.
Nadie en el pasillo hizo el menor ruido.
Quise desaparecer.
Adrian, sin embargo, no se rio.
Se agachó nuevamente frente a ella.
—Tu mamá parece bastante fuerte.
Mia asintió.
—Muchísimo.
Después añadió:
—Pero las personas fuertes también necesitan que alguien las cuide algunas veces.
Tragué saliva.
—Señor Kane, lo siento muchísimo. Regresaremos a mi oficina inmediatamente.
Tomé la mano de Mia.
Entonces Adrian dijo:
—Espere.
Me detuve.
Su mirada había caído sobre Gerald.
Una pequeña fotografía sobresalía de un bolsillo cosido en el vientre del elefante.
Mia la sacó.
—También quería preguntarte esto.
Mi corazón dio un vuelco.
Reconocí aquella fotografía.
—Mia, dame eso.
Pero Adrian ya la había visto.
Su expresión cambió por completo.
La imagen había sido tomada siete años atrás, durante una gala benéfica.
Yo aparecía al fondo.
A mi lado estaba Ethan Kane.
El hermano mayor de Adrian.
El hombre cuyo nombre jamás pronunciaba delante de Mia.
Adrian tomó la fotografía con dedos rígidos.
—¿De dónde sacaste esto?
—De la caja de mamá.
Cerré los ojos.
—Mia, vuelve a mi oficina.
—Pero…
—Ahora, cariño.
Mi asistente comprendió inmediatamente y se acercó para acompañarla.
Cuando desaparecieron por el pasillo, Adrian entró en su despacho.
—Claire.
Su tono no admitía discusión.
Lo seguí y cerré la puerta.
Adrian dejó la fotografía sobre el escritorio.
—Conocías a mi hermano.
—Sí.
—Ethan murió hace casi siete años.
—Lo sé.
Sus ojos se clavaron en los míos.
—Mia tiene seis.
El silencio se volvió insoportable.
—No hagas preguntas cuyas respuestas quizá no quieras escuchar.
Adrian retrocedió como si acabara de recibir un golpe.
—¿Ethan era su padre?
No contesté.
No hacía falta.
Por primera vez desde que lo conocía, Adrian Kane parecía completamente perdido.
Luego su expresión se endureció.
—¿Por qué nadie de mi familia sabía de ella?
—Porque Ethan me pidió que nunca se lo dijera a los Kane.
Adrian frunció el ceño.
—Eso no tiene sentido.
—Para mí tampoco lo tuvo entonces.
Abrí mi bolso y saqué un sobre amarillento que llevaba años sin atreverme a destruir.
—Hasta que recibí esto después de su muerte.
Adrian reconoció inmediatamente la letra de su hermano.
Abrió la carta.
Leyó apenas las primeras líneas.
Y se quedó inmóvil.
—¿Quién te entregó esto?
—Un abogado que desapareció dos semanas después.
Adrian levantó lentamente los ojos.
—Claire… Ethan no murió en un accidente.

Mi respiración se detuvo.
Él giró la carta hacia mí y señaló una frase que yo jamás había visto.
Porque alguien la había escrito con tinta invisible entre las líneas originales.
Solo cinco palabras.
“Adrian, protege a mi hija.”