Adrian me sostuvo la mirada.
—No voy a discutir esto en un aeropuerto.
—Por primera vez estamos de acuerdo.
Saqué el teléfono.
Victor frunció el ceño.
—¿A quién está llamando?
—A mi abogado.
Adrian soltó una risa seca.
—Elena, no necesitas convertir esto en una batalla legal.
Miré a los tres hombres que había enviado para llevarnos con él.
—Tú trajiste la batalla.
Diez minutos después, dos representantes legales del instituto que patrocinaba mi proyecto internacional llegaron al área VIP.
No había venido a Harbor City desprotegida.
Mi contrato incluía asistencia jurídica para mí y mis hijos durante toda la estancia.
El rostro de Victor cambió.
Adrian también comprendió el mensaje.
Podía pedir una prueba de paternidad.
Podía solicitar legalmente establecer una relación con los gemelos.
Pero no podía decidir en aquel pasillo dónde vivirían ni llevárselos porque llevaran su sangre.
—Nos veremos con abogados presentes —dije.
Tomé las manos de Liam e Iris.
Cuando pasamos junto a Adrian, Iris se detuvo.
Lo observó con una curiosidad dolorosamente inocente.
—¿De verdad eres nuestro papá?
Adrian pareció olvidar cómo respirar.
—Creo que sí.
Iris pensó unos segundos.
—Entonces podrías haber dicho hola primero.
Nadie respondió.
Incluso Victor bajó la mirada.
Tres días después acepté la prueba.
No por Adrian.
Por Liam e Iris.
El resultado llegó cuarenta y ocho horas más tarde.
Probabilidad de paternidad: superior al 99,99 %.
Adrian apareció en la reunión acompañado por dos abogados.
Yo llevaba tres.
Dejó el informe sobre la mesa.
—Ahora podemos hablar de custodia.
—Podemos hablar de contacto —corregí—. La custodia no cambia automáticamente porque acabes de descubrir que existen.
Su mandíbula se tensó.
—Son Cole.
—Son Liam e Iris.
Entonces uno de mis abogados deslizó una carpeta hacia él.
—Señor Cole, antes de continuar, necesitamos aclarar por qué su equipo conocía el vuelo privado de la doctora Lin, el número de pasaporte de los menores y su itinerario confidencial.
Victor palideció.
Adrian giró lentamente hacia él.
—¿Qué significa eso?
Por primera vez entendí que Adrian quizá no sabía todo lo ocurrido.
Victor guardó silencio.
Mi abogado abrió la carpeta.
—Alguien accedió ilegalmente a información protegida semanas antes de que la doctora Lin aterrizara.
Adrian se levantó.
—Yo solo ordené localizar su vuelo después de recibir una fotografía de los niños.
Sentí frío.
—¿Qué fotografía?
Adrian sacó su teléfono.
La imagen mostraba a Liam e Iris saliendo de su escuela en Boston.
Había sido tomada desde el otro lado de la calle.
En la esquina aparecía una fecha.
Cuatro meses atrás.
Mucho antes de que yo decidiera regresar.
—¿Quién te envió esto? —pregunté.
Adrian miró a Victor.
Pero Victor ya no miraba a su jefe.
Me miraba a mí.
Entonces comprendí que había cometido un error.
Durante seis años había pensado que el mayor peligro sería que Adrian descubriera a sus hijos.
Nunca imaginé que alguien más ya los hubiera encontrado primero.
Adrian agarró a Victor del brazo.

—¿Quién tomó esa fotografía?
Victor permaneció inmóvil unos segundos.
Después respondió:
—Serena Walsh.