PARTE 2: LA HEREDERA QUE ELIGIÓ IRSE

Lucas miró la alianza que colgaba del cuello de Damian.

Durante varios segundos no dijo nada.

Luego soltó una risa fría.

—Quítate eso.

Damian ni siquiera bajó la mirada.

—¿Perdón?

—Valeria está confundida. Se casó contigo para vengarse de mí.

—Qué curioso.

Damian dio un paso hacia él.

—Ayer dijiste delante de cientos de personas que esperabas que no apareciera en tu boda. Hoy llevas toda la noche buscándola.

Lucas apretó la mandíbula.

—Quiero hablar con ella.

—Está descansando.

—Damian.

—Lucas.

Los dos hombres se miraron en silencio.

Durante años habían competido por contratos, inversiones y empresas.

Pero aquella mañana no estaban peleando por negocios.

Estaban hablando de mí.

Y yo estaba escuchándolo todo desde el segundo piso.

Bajé lentamente las escaleras.

Lucas levantó la cabeza.

Su expresión cambió inmediatamente.

—Valeria.

Llevaba una camisa blanca de Damian, pantalones sencillos y el cabello recogido.

Nada parecido a Elena durante su boda.

Sin embargo, Lucas me miró como si acabara de recordar algo que había perdido.

—Tenemos que hablar.

—No.

—Solo diez minutos.

—Pasaste siete años teniendo oportunidades para hablar conmigo.

Me detuve junto a Damian.

—Las desperdiciaste.

Lucas miró mi mano.

La alianza estaba allí.

—¿De verdad te casaste con él?

—Sí.

—¿Un día después de que termináramos?

Lo miré incrédula.

—Tú te casaste con mi hermana.

Su rostro se tensó.

—Eso es diferente.

Damian soltó una carcajada.

Lucas lo ignoró.

—Mi matrimonio con Elena era necesario.

—Entonces disfrútalo.

Intenté marcharme.

Lucas me sujetó de la muñeca.

No tuvo tiempo de decir nada.

Damian apartó su mano.

Su voz continuó tranquila.

—No vuelvas a tocar a mi esposa sin permiso.

—¿Tu esposa?

Lucas perdió finalmente el control.

—¡Ella estuvo conmigo siete años!

Entonces respondí:

—Y aun así necesitaste menos de una semana para reemplazarme.

Silencio.

—No me reemplazaste porque dejaras de quererme, Lucas. Me reemplazaste porque descubriste que mi apellido ya no te servía.

Su rostro palideció.

—No sabes de qué estás hablando.

Saqué mi teléfono.

—Entonces quizá quieras escuchar esto.

Reproduje una grabación.

Era su propia voz.

Una conversación con mi padre registrada meses atrás.

—Mientras Valeria siga siendo considerada heredera, casarme con ella garantiza nuestra participación en Foster Holdings.

Después hablaba mi padre:

—¿Y si encontramos a Elena?

Silencio.

Luego Lucas respondió:

—Entonces cambiaremos el compromiso. Lo importante es casarme con la heredera legítima.

Detuve el audio.

Lucas quedó inmóvil.

Damian me miró.

Ni siquiera él había escuchado aquella grabación.

—¿Desde cuándo la tienes? —preguntó Lucas.

—Desde antes de que me expulsaran.

—Entonces ¿por qué no dijiste nada?

Sonreí.

—Porque quería ver hasta dónde llegarías.

Y había llegado exactamente hasta donde esperaba.

Hasta el altar.


Lucas regresó a la mansión Foster poco después.

Elena todavía llevaba parte del maquillaje de novia.

Cuando lo vio entrar, corrió hacia él.

—¿La encontraste?

Lucas pasó de largo.

—¿Sabías que Valeria se casó con Damian?

Elena se quedó quieta.

—¿Qué?

Mi madre apareció detrás de ella.

—Eso es imposible.

Lucas lanzó su teléfono sobre la mesa.

En la pantalla estaba nuestra inscripción matrimonial.

Damian Blackwood.

Valeria Hayes.

Mi madre perdió el color.

Pero no por mi matrimonio.

Por mi apellido.

Hayes.

El apellido de mi abuela materna.

—¿Por qué está usando ese nombre? —preguntó.

Lucas la miró.

—Eso mismo quiero saber.

Mi padre bajó lentamente el periódico.

Y por primera vez, Elena pareció confundida.

—¿Qué tiene de especial?

Nadie respondió.

Porque mi abuela, Eleanor Hayes, no había sido simplemente una anciana rica.

Había sido una de las primeras inversionistas de Foster Holdings.

Y las acciones que todos creían que habían regresado a la familia después de su muerte jamás habían pertenecido a mi padre.

Me pertenecían a mí.


A las nueve de la mañana siguiente comenzó la junta extraordinaria de Foster Holdings.

Mi padre llegó primero.

Después mi madre.

Elena y Lucas entraron juntos.

Aquella imagen habría sido perfecta para las revistas.

La verdadera heredera Foster.

Su flamante esposo.

El futuro de la familia.

Entonces las puertas volvieron a abrirse.

Entré del brazo de Damian.

Mi madre se levantó.

—¿Quién te permitió venir?

No contesté.

Damian retiró una silla para mí.

Me senté.

Después apareció mi abogado.

Colocó una carpeta frente al presidente del consejo.

—Representamos a la señora Valeria Hayes Blackwood.

Elena frunció el ceño.

—Ella ya no pertenece a nuestra familia.

—Precisamente —respondió mi abogado—. Por eso estamos aquí.

Abrió el testamento.

—Eleanor Hayes dejó el treinta y dos por ciento de Foster Holdings a su nieta Valeria.

Mi padre golpeó la mesa.

—¡Eso es falso!

—No.

Mi abogado mostró la certificación.

—Lo falso fueron los documentos utilizados durante años para mantener esas acciones bajo administración de la familia Foster.

La sala quedó helada.

Lucas me miró.

Ahora entendía.

No me habían expulsado pobre.

Me habían expulsado siendo una de las mayores accionistas de la empresa.

Elena se levantó.

—¡Yo soy la hija biológica!

La miré.

—Felicidades.

—¡Todo esto debería pertenecerme!

—Mi abuela no dejó sus acciones a “la hija biológica de los Foster”.

Deslicé el testamento hacia ella.

—Las dejó a mí.

Mi padre intentó intervenir.

—Valeria, podemos arreglar esto en familia.

Casi me hizo reír.

—Hace una semana me dijiste que dejara las llaves y desapareciera.

—Estábamos alterados.

—No.

Lo miré.

—Pensaron que ya no tenía valor.

Damian permanecía detrás de mí, silencioso.

No necesitaba defenderme.

Por primera vez podía hacerlo sola.

El presidente del consejo pidió continuar.

Entonces mi abogado presentó el segundo documento.

—Además, mi clienta solicita una auditoría independiente de todas las operaciones realizadas con sus acciones durante los últimos doce años.

Mi padre se puso blanco.

Ahí estaba el verdadero golpe.

No recuperar mis acciones.

Sino revisar lo que habían hecho con ellas.

—Valeria —susurró mi madre—. Somos quienes te criamos.

—Y precisamente por eso tuvieron doce años para no robarme.

Elena comenzó a llorar.

—¿Entonces quieres quitármelo todo porque regresé?

La observé durante unos segundos.

—Tú no eres mi enemiga, Elena.

Ella pareció sorprendida.

—No elegiste que te separaran de esta familia.

Luego miré a mis padres.

—Ellos sí eligieron lo que hicieron después.

Lucas seguía callado.

Hasta que finalmente preguntó:

—¿Y Sterling Group?

Todos lo miraron.

Yo sonreí.

Ahí estaba.

Incluso entonces pensaba en negocios.

—¿Qué pasa con Sterling Group?

—Tus acciones pueden cambiar nuestra alianza.

—Ya la cambiaron.

Damian dejó una carpeta sobre la mesa.

Lucas la abrió.

Y su rostro perdió completamente el color.

Blackwood Capital había adquirido durante la madrugada una participación considerable en una de las empresas estratégicas vinculadas a Sterling Group.

Lucas levantó la vista.

—¿Hiciste esto?

Damian negó.

—Valeria dio la orden.

Lucas me miró como si estuviera viendo a una desconocida.

Tal vez lo era.

Durante siete años había conocido únicamente a la mujer que lo amaba.

Nunca había conocido a la mujer que existía sin él.

Mi teléfono vibró.

Un mensaje.

Lo abrí.

Y mi expresión cambió.

Damian lo notó.

—¿Qué ocurre?

Le entregué el teléfono.

Era el informe preliminar de la auditoría.

Habían encontrado transferencias realizadas desde cuentas vinculadas a mis acciones.

Millones.

Pero el dinero no había terminado en las cuentas de mis padres.

Había ido a una sociedad privada.

El beneficiario final aparecía claramente identificado.

Lucas Sterling.

Levanté lentamente la mirada.

—Qué interesante.

Lucas se quedó rígido.

—¿Qué?

Giré la pantalla hacia él.

—Parece que nuestra historia empezó mucho antes de que tú me pidieras ser tu novia.

Su rostro cambió.

Y entonces entendí algo todavía peor.

Lucas no me había conocido por casualidad siete años atrás.

Ya sabía quién era yo.

Ya sabía lo que mi abuela me había dejado.

Y quizá casarse con Elena nunca había sido su verdadero plan.

Quizá aquella boda solo había sido la última parte de una estafa que había comenzado conmigo.

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