PARTE 2: LA HABITACIÓN GUARDABA EL PEOR SECRETO

Sentí que las piernas dejaban de responderme.

Durante un instante pensé en quitarme el uniforme, salir de detrás del carrito y enfrentar a Ethan allí mismo.

Pero Grace me sujetó suavemente del brazo.

—Todavía no, señora.

Su voz apenas era un susurro.

—Si sube ahora, solo negará todo.

Respiré hondo.

Tenía razón.

Empujé el carrito de limpieza por el pasillo como cualquier empleada más.

El corazón me golpeaba el pecho con tanta fuerza que estaba convencida de que podían escucharlo.

Llegamos al segundo piso.

La puerta de nuestro dormitorio estaba entreabierta.

Escuché la risa de aquella mujer.

—Me encanta esta habitación.

Siempre imaginé que sería mucho más grande.

Ethan respondió con absoluta naturalidad.

—Cuando todo termine, la remodelaremos juntos.

Sentí que el aire desaparecía.

“Cuando todo termine.”

¿Todo qué?

Grace me hizo una señal para que permaneciera en silencio.

Desde la rendija observé cómo la mujer abría mi vestidor.

Sacaba vestidos.

Probaba joyas frente al espejo.

Se colocaba uno de mis collares.

—¿Puedo quedármelo?

Preguntó sonriendo.

Ethan ni siquiera dudó.

—Todo lo que hay aquí será tuyo.

Cada palabra era una puñalada.

Pero entonces ocurrió algo extraño.

La mujer abrió el cajón de mi mesa de noche.

Sacó una carpeta azul.

—¿También vas a deshacerte de estos papeles?

Ethan caminó rápidamente hasta ella y le quitó la carpeta de las manos.

—Eso no lo toques.

—¿Por qué?

—Porque todavía no.

Su tono cambió por completo.

Ya no era el hombre relajado que acababa de prometerle la casa.

Parecía nervioso.

Muy nervioso.

La mujer frunció el ceño.

—Pensé que el divorcio ya estaba listo.

—Lo estará.

Solo necesito unas semanas más.

—¿Y si ella descubre algo?

Ethan sonrió con una tranquilidad que me heló la sangre.

—No lo hará.

Confía completamente en mí.

Las manos comenzaron a temblarme.

Grace bajó la mirada.

Era evidente que ella ya había escuchado aquella conversación antes.

Pero entonces Ethan dijo algo que ninguna de las dos esperaba.

—Además…

Ella jamás imaginaria quién es realmente tu padre.

La mujer lo observó sorprendida.

—¿Crees que algún día se enterará?

—Para entonces ya será demasiado tarde.

Mi respiración se detuvo.

¿Qué significaba aquello?

Grace me miró tan confundida como yo.

En ese momento sonó un teléfono.

No era el de Ethan.

Era el de la joven.

Ella respondió sin alejarse.

—Hola, mamá.

Escuché una voz femenina al otro lado, demasiado baja para entender las palabras.

La muchacha respondió enseguida:

—Sí.

Estoy en la casa.

Todo va según el plan.

Miré a Grace.

Las dos comprendimos al mismo tiempo que aquella historia era mucho más grande que una simple infidelidad.

La llamada terminó.

La joven dejó el teléfono sobre la cama.

Fue entonces cuando vi la pantalla iluminada.

Una fotografía apareció como fondo.

Mi sangre se heló.

No era una imagen de Ethan.

Ni de ellos dos juntos.

Era una fotografía antigua.

Muy antigua.

En ella aparecía aquella joven abrazando a una mujer de unos cincuenta años.

Tardé apenas unos segundos en reconocer ese rostro.

Conocía perfectamente a esa mujer.

Había estado sentada en mi mesa.

Había celebrado cumpleaños conmigo.

Había brindado en mi boda.

Era Diane, la contadora de confianza de la empresa familiar… la misma persona que administraba desde hacía diez años todas las finanzas de mi patrimonio personal.

En ese instante comprendí que la mujer en mi dormitorio no solo había llegado para ocupar mi lugar como esposa.

Había entrado en mi vida siguiendo un plan cuidadosamente preparado.

Y la persona que parecía haber abierto la puerta desde el principio… no era Ethan. Era alguien en quien yo había confiado durante una década.

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