PARTE 2: La fotografía que cambió todo

Sentí que el teléfono pesaba una tonelada entre mis manos.

No aparté la vista de la imagen.

El hombre aparecía agachado junto a la rueda delantera de mi automóvil.

Llevaba una gorra oscura y una chamarra gris.

Su rostro no se veía.

Pero sus manos estaban claramente debajo del vehículo.

Como si estuviera aflojando o colocando algo.

Respiré hondo.

Volví a guardar el teléfono antes de que Adrian o Sophia alcanzaran a ver la pantalla.

No podía permitirme cometer un solo error.

Si aquella fotografía era auténtica, significaba una sola cosa.

Alguien había manipulado mi coche antes del accidente.

Y esa persona sabía exactamente dónde encontrarme.

Sophia sonrió con una amabilidad exagerada.

—¿Quieres que te enseñe tu habitación?

Fingí dudar.

Miré alrededor como si realmente no reconociera aquella casa.

—¿Dormía aquí?

Adrian respondió antes que ella.

—Sí.

Su voz era seca.

Controlada.

Como si cada palabra estuviera cuidadosamente calculada.

Subimos las escaleras.

Mientras caminaba por el pasillo recordé perfectamente dónde estaba cada cuadro, cada lámpara y cada puerta.

Pero seguí interpretando mi papel.

Al llegar a la habitación principal, Sophia abrió el armario.

Solo quedaban unas pocas prendas mías.

El resto había desaparecido.

—¿Dónde está mi ropa? —pregunté con aparente inocencia.

Sophia vaciló apenas un segundo.

—Pensamos que… quizá sería mejor donar algunas cosas.

Pensamos.

No dijo “Adrian”.

Dijo “pensamos”.

Como si ambos hubieran tomado decisiones sobre mi vida mientras yo estaba inconsciente.

Adrian la interrumpió.

—Compraremos lo que necesites.

Asentí lentamente.

—Qué considerados.

Me senté sobre la cama.

La misma cama donde tantas noches lo esperé despierta.

Ahora olía al perfume de Sophia.

Ella lo notó demasiado tarde.

Intentó acomodar las almohadas con nerviosismo.

—Limpié la habitación mientras estabas en el hospital.

Sonreí con dulzura.

—Gracias.

Pareció relajarse.

Creía que realmente no recordaba nada.

Eso era exactamente lo que necesitaba.


Aquella noche esperé hasta escuchar que toda la casa quedaba en silencio.

Luego saqué nuevamente el teléfono.

Respondí al número desconocido.

¿Quién eres?

Cinco minutos después llegó la respuesta.

Alguien que te debe la vida.

Fruncí el ceño.

Antes de que pudiera escribir otra pregunta, apareció un segundo mensaje.

No confíes en tu esposo.

Tampoco en Sophia.

Hay una caja fuerte detrás del cuadro del despacho. Antes del accidente guardaste algo allí. Ellos todavía no lo han encontrado.

Mi corazón comenzó a latir con fuerza.

La caja fuerte.

Claro que existía.

Yo misma había insistido en instalarla.

Pero había olvidado completamente lo que había guardado dentro.

Salí de la habitación descalza.

El despacho estaba en la planta baja.

La puerta permanecía entreabierta.

Me acerqué en silencio.

Entonces escuché voces.

Sophia.

Y Adrian.

—¿Cuánto tiempo vas a seguir fingiendo que te preocupa? —preguntó ella.

—Baja la voz.

—Ya firmó el divorcio.

Ya tiene el cheque.

¿Qué más falta?

Adrian guardó silencio unos segundos.

Después respondió algo que me dejó completamente inmóvil.

—Falta encontrar el pendrive.

Sentí un escalofrío.

Pendrive.

¿Era eso lo que estaba escondido en la caja fuerte?

Sophia habló otra vez.

—La policía cerró el caso como accidente.

Nadie sospecha.

—Precisamente por eso.

Si Claire recupera la memoria…

Todo habrá terminado para nosotros.

Mi respiración se detuvo.

Así que ni siquiera ellos estaban completamente seguros de que yo hubiera olvidado.

Adrian continuó.

—Busca otra vez mañana.

Tiene que estar en esta casa.

Retrocedí lentamente por el pasillo antes de que pudieran verme.

Volví a mi habitación con el corazón desbocado.

Esperé diez minutos.

Después bajé otra vez.

Esta vez el despacho estaba vacío.

Cerré la puerta con cuidado.

Retiré el cuadro.

La caja fuerte seguía allí.

Introduje el código.

Mi fecha de nacimiento.

La cerradura emitió un clic.

Abrí lentamente la puerta.

Dentro solo había un sobre marrón.

Y un pequeño dispositivo USB.

Lo tomé con manos temblorosas.

En ese instante, una voz sonó justo detrás de mí.

—Qué rápido recuperaste la memoria, Claire.

Me giré de golpe.

Sophia estaba apoyada en el marco de la puerta.

Sonreía.

Pero en su mano derecha sostenía un pesado pisapapeles de bronce.

Y comprendí que aquella noche no había bajado a buscar el pendrive.

Había bajado a comprobar si yo seguía siendo un problema… que aún podían eliminar.

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