Samuel pidió ver los documentos de la villa y las fotografías de aquella recepción. Mientras revisaba los archivos, yo llamé a la administradora de la propiedad.
—No permita que nadie entre. Cambie los códigos y guarde las grabaciones de seguridad.
—Señora Brooks, ya no puedo cambiar nada —respondió con nerviosismo—. El señor Whitmore me dijo que Chloe Miller quedó a cargo de la villa.
Samuel levantó la mirada.
—¿Con qué autorización?
La administradora no supo contestar.
Una hora después estábamos frente a la casa. Mi código no funcionó. Desde el jardín llegaban voces y risas. A través de los ventanales vi a Chloe con mi collar de perlas, rodeada de empleados de Whitmore Group.
Samuel llamó a la policía y mostró la escritura a mi nombre. Mientras esperábamos, un guardia salió para decirnos que el señor Whitmore había autorizado el evento.
—El señor Whitmore no es el propietario —dije.
Chloe apareció en la entrada. Al verme, se tocó el collar como si acabara de recordar que lo llevaba puesto.
—Elena, esto es una reunión privada. No hagas una escena.
—Estás usando mi casa y mis joyas. La escena ya empezó.
Su sonrisa se quebró apenas.
Un agente revisó los documentos y ordenó que detuvieran la reunión mientras verificaban la propiedad. Chloe volvió al interior sin devolverme el collar.
Samuel recibió entonces una llamada de su investigador. Escuchó unos segundos y pidió que se la pusiera en altavoz.
—Encontramos una transferencia registrada hace ocho meses —dijo el investigador—. La villa aparece cedida a Whitmore Group por un periodo de diez años.
Sentí que el aire se me atascaba en el pecho.
—Eso es imposible. Nunca firmé nada.
—La autorización lleva su firma electrónica —respondió—. Y fue validada la noche de la recepción.
Samuel me mostró la copia que acababa de recibir. Mi nombre estaba al final del documento, junto a una firma que se parecía demasiado a la mía.
Pero yo no había estado en aquella casa esa noche.
Adrian tampoco.
Entonces vi la última página: la transferencia incluía una cláusula que permitía vender la villa si Whitmore Group incumplía sus obligaciones financieras.
Samuel palideció.
—Elena, esto no parece una simple autorización falsa. Alguien está intentando usar tu casa para cubrir una deuda enorme.
En ese momento, desde el interior, Chloe gritó:
—¡Adrian, ella ya lo sabe!
Y una voz conocida respondió desde el despacho:
—Entonces adelanta la venta. Esta noche.