PARTE 2: LA CRIADA QUE SABÍA DEMASIADO

Miré la bala deformada entre las pinzas.

—¿Cuál de mis hombres?

Claire no respondió inmediatamente.

Terminó de vendar el muslo de Ava y comprobó su pulso.

—La bala atravesó tejido blando. Necesita un hospital, pero sobrevivirá.

Ava me agarró la muñeca.

—Papá, no fue un accidente.

Sentí que algo oscuro despertaba dentro de mí.

—Cuéntamelo.

—Harper y yo estábamos junto al invernadero cuando apareció el señor Kane.

Marcus Kane.

Mi jefe de seguridad.

El hombre que llevaba once años protegiendo a mi familia.

—Dijo que debíamos entrar —continuó Ava—. Entonces alguien disparó desde el jardín.

Claire habló.

—Kane respondió al fuego.

—Entonces intentó protegerlas.

—No.

Claire dejó caer la bala en una bandeja metálica.

—Disparó contra Ava.

El silencio se volvió insoportable.

—¿Cómo lo sabes?

Claire señaló el proyectil.

—Munición subsónica de nueve milímetros. Kane lleva exactamente ese tipo en su arma secundaria.

La observé.

Una criada doméstica no debería reconocer munición.

—¿Quién demonios eres?

Claire comenzó a quitarse los guantes.

Entonces Emma se aferró con más fuerza a su falda.

—Claire nos protege.

Mi hija había pronunciado cinco palabras.

Cinco más de las que había dicho voluntariamente durante tres años.

Claire cerró los ojos un instante.

—Señor Vale, saque a sus hijas de Chicago esta noche.

—Primero responderás.

—No tenemos tiempo.

Las luces se apagaron.

Harper gritó.

Mi teléfono vibró.

SISTEMA DE SEGURIDAD DESCONECTADO.

Imposible.

Solo tres personas tenían autoridad para hacerlo.

Yo.

Marcus Kane.

Y mi hermano, Nathan.

Saqué nuevamente la pistola.

Claire, en cambio, levantó su falda hasta la rodilla.

Atada alrededor de su pantorrilla había una funda.

Sacó una pistola compacta.

—¿Una criada armada?

—Nunca fui criada.

Antes de que pudiera exigir una explicación, Emma habló desde la oscuridad.

—Papá.

Me giré.

Estaba señalando las cicatrices del brazo de Claire.

—Ella estaba allí.

Mi respiración se detuvo.

—¿Dónde?

Emma comenzó a temblar.

—Cuando mamá murió.

Claire palideció.

Durante tres años me habían dicho que Emma no recordaba nada del coche bomba.

Me arrodillé frente a ella.

—Cariño, ¿viste a Claire aquella noche?

Emma negó lentamente.

—La vi después.

Señaló a Claire.

—Ella sacó a mamá del coche.

Miré a la mujer que había entrado en mi casa seis semanas atrás fingiendo ser una desconocida.

—¿Mi esposa estaba viva?

Claire abrió la boca.

Entonces tres golpes resonaron en la puerta exterior.

Una voz masculina llegó desde el pasillo.

Marcus Kane.

—Señor Vale, abra. Tenemos una emergencia.

Claire apuntó hacia la puerta.

—No le conteste.

—¿Por qué?

Sus ojos encontraron los míos.

—Porque el atentado de hace tres años no iba dirigido contra su esposa.

Se oyó cómo Marcus amartillaba su arma al otro lado.

Claire terminó en un susurro.

—Iba dirigido contra usted.

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