El salón de la oficina de registro quedó completamente en silencio.
Michael todavía sostenía la escritura.
Pero ya no parecía un hombre seguro.
Parecía alguien que acababa de comprender que había firmado su propia sentencia.
Uno de los agentes extendió la mano.
—Señor, entrégueme el documento.
Michael retrocedió un paso.
—Esto es un asunto familiar.
—Mi esposa exageró.
El agente no cambió de expresión.
—La vivienda pertenece al programa residencial del Instituto Nacional de Investigación.
—Existe una denuncia formal por intento de transferencia no autorizada de un activo estatal.
Laura comenzó a llorar.
Se aferró al brazo de Michael.
—Diles que fue un malentendido.
Jason, que hasta hacía unos segundos sonreía junto a su prometida, empezó a sudar.
La familia de la novia observaba la escena sin decir una palabra.
El padre de la joven dio un paso adelante.
—¿Qué significa eso de activo estatal?
Mi abogado abrió la carpeta que llevaba en la mano.
—Significa que esa casa nunca pudo venderse libremente.
—La familia de la señora Claire solo recibió el derecho de uso como reconocimiento por décadas de servicio científico de su padre.
—La titularidad principal continúa siendo del Estado.
Le mostró los documentos.
—Además, anoche el instituto suspendió cualquier operación sobre el inmueble y abrió una investigación administrativa.
La madre de la prometida miró a Jason horrorizada.
—¿Nos trajiste aquí para recibir una casa que ni siquiera podía regalarse?
Jason balbuceó.
—Yo… no sabía.
Giró hacia Michael.
—¡Me dijiste que todo estaba arreglado!
Michael perdió la paciencia.
—¡Claire inventó todo esto!
Lo miré con tranquilidad.
—No.
Saqué otra carpeta.
—Aquí está el reglamento firmado hace veintisiete años por mi padre.
—Aquí está la resolución de asignación.
—Y aquí la notificación enviada anoche por el instituto.
Los agentes revisaron rápidamente los documentos.
Uno de ellos levantó la vista.
—¿Quién publicó fotografías anunciando la entrega de esta vivienda?
Le mostré mi teléfono.
La publicación de Laura.
Los comentarios.
La fotografía de la escritura.
Y el mensaje de Michael:
“Mientras yo esté aquí, protegeré a toda tu familia.”
El agente hizo varias capturas.
Después miró a Michael.
—También necesitamos sus teléfonos.
—Podrían constituir evidencia.
Laura comenzó a temblar.
—Fue idea mía publicar la foto.
Michael la empujó hacia atrás.
—¡Cállate!
Aquella reacción bastó para que todos comprendieran quién dirigía realmente el plan.
El padre de la novia respiró profundamente.
Después tomó la mano de su hija.
—Nos vamos.
Jason abrió mucho los ojos.
—¡Espere!
—¡La boda!
El hombre lo interrumpió.
—Pensábamos que ibas a formar una familia.
—No que pretendías empezar un matrimonio apropiándote de la casa de otra mujer.
La prometida se quitó lentamente el anillo.
Lo dejó sobre el mostrador.
—Se terminó.
Jason quiso seguirla.
Dos agentes le bloquearon el paso.
—Nadie abandona el lugar hasta terminar las declaraciones.
Michael giró desesperado hacia mí.
—Claire…
—Solo queríamos ayudar a Laura.
Lo observé durante unos segundos.
Después señalé la escritura que seguía sobre el mostrador.
—No.
—Tú querías parecer un héroe usando lo único que nunca te perteneció.
Mi abogado cerró la carpeta.
—Además, señora Claire, el instituto solicita formalmente la recuperación inmediata del documento original y ha iniciado el procedimiento para retirar al señor Michael Su cualquier autorización de acceso a la vivienda.
Michael quedó inmóvil.
—¿Qué significa eso?
Lo miré por última vez.
—Que la casa donde vivías gracias a mi familia ya no volverá a abrirse para ti.
En ese instante sonó su teléfono.
Era su empresa.
Contestó con manos temblorosas.

Solo alcanzó a escuchar una frase antes de quedarse completamente pálido.
—Señor Su, acabamos de recibir la notificación oficial.
—Mientras dure la investigación por presunta apropiación indebida de bienes estatales, queda suspendido de sus funciones con efecto inmediato.
Por primera vez desde que nos casamos, Michael comprendió que el divorcio ya no era el peor de sus problemas.