PARTE 2: LA CARTA QUE CAMBIÓ TODO.

Llegué al Hospital St. Matthew cuarenta minutos después.

La lluvia seguía cayendo cuando crucé las puertas automáticas.

El médico me esperaba junto al mostrador.

—¿Señora Anna Walker?

Negué con calma.

—Ya no soy la señora Walker.

Él pareció confundido.

—Lo siento. Es el nombre que aparece en los documentos.

Me condujo hasta una pequeña sala privada.

Sobre la mesa había un sobre color marfil.

Sellado.

Con una sola frase escrita por Margaret.

“Solo Anna puede abrir esto.”

El médico me explicó en voz baja.

—La señora Walker firmó esta autorización hace más de un año.

—También designó un apoderado sanitario.

—Es usted.

Fruncí el ceño.

—Eso es imposible.

—Nos entregó todos los documentos personalmente.

Tomé el sobre con las manos temblorosas.

Dentro había una carta y un juego de formularios notariales.

Comencé a leer.

“Anna.”

“Si estás leyendo esto, significa que finalmente mi cuerpo dejó de resistir.”

“Antes de continuar, necesito pedirte perdón.”

Sentí un nudo en la garganta.

Durante diez años jamás me había pedido perdón por nada.

“Vi cómo mi hijo destruía tu matrimonio.”

“Vi cómo dejaba de volver a casa.”

“Vi cómo empezó a salir con Lily mucho antes del divorcio.”

“Y aun así permanecí callada.”

Respiré profundamente.

Las siguientes líneas hicieron que mis manos empezaran a temblar.

“Ethan cree que yo nunca descubrí de dónde salió el dinero con el que compró su nueva empresa.”

“Se equivoca.”

“Ese dinero salió de la cuenta que tú y yo abrimos para cubrir mis tratamientos.”

Levanté la vista.

No podía respirar.

Aquella cuenta existía.

Durante años deposité parte de mi sueldo para garantizar que Margaret nunca se quedara sin atención médica.

Solo ella y yo conocíamos la contraseña.

Volví a leer.

“Cuando empezaste a trabajar horas extra, Ethan comenzó a retirar pequeñas cantidades.”

“Después vació casi toda la cuenta.”

“Me hizo firmar papeles diciendo que eran autorizaciones médicas.”

“Yo confié en él.”

“Cuando comprendí lo que había hecho, ya era demasiado tarde.”

Las lágrimas comenzaron a caer sobre el papel.

El médico permanecía en silencio.

Seguí leyendo.

“Lily nunca fue la razón principal del divorcio.”

“Fue la consecuencia.”

“Ethan ya había decidido utilizar tu dinero para salvar su empresa.”

“Sabía que si lo descubrías, jamás volverías a confiar en él.”

Dentro del sobre había otro documento.

Era un certificado bancario.

Cada transferencia aparecía marcada con fechas.

Firmas.

Importes.

Y una última operación.

Saldo restante: 327 yuanes.

Toda la cuenta destinada a los tratamientos de Margaret había desaparecido.

El médico habló por primera vez.

—Hay algo más.

Sacó un expediente clínico.

—La señora Walker insistió en que usted debía recibir esto.

Abrí la carpeta.

Había otra autorización.

Esta vez no era médica.

Era un testamento.

Margaret me dejaba todo lo que aún conservaba.

Su pequeño apartamento.

Sus ahorros.

Las joyas heredadas de su madre.

Y una nota escrita al margen.

“No puedo devolverte los diez años que perdiste.”

“Pero al menos quiero impedir que Ethan se quede también con lo poco que todavía es mío.”

En ese momento la puerta se abrió de golpe.

Ethan entró acompañado por Lily.

Venía agitado.

—Anna.

Su mirada cayó inmediatamente sobre los documentos que sostenía.

Después vio el sobre vacío.

Su rostro perdió todo el color.

—¿Ya leíste la carta?

No respondí.

Él dio un paso adelante.

—Escúchame…

Levanté lentamente el certificado bancario.

—¿Quieres explicarme por qué el dinero destinado al tratamiento de tu madre terminó financiando tu empresa?

Lily giró bruscamente hacia él.

—¿Qué dinero?

El silencio de Ethan respondió antes que sus palabras.

Y fue en ese preciso instante cuando comprendí que el mensaje que me había enviado aquella tarde, pidiéndome que fuera a cuidar de su madre, no solo había destruido su matrimonio conmigo.

Acababa de destruir también la familia que había intentado construir después de reemplazarme.

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