Ethan palideció.
—Sophia, ¿por qué dices eso?
—Porque es mi cuerpo. Yo firmaré mis propios documentos.
La directora Miller asintió.
—Es su derecho.
Esa misma tarde ingresé voluntariamente al hospital militar. Entregué personalmente mi ficha prenatal y pedí que cualquier cambio requiriera mi autorización y la presencia de una segunda persona del hospital.
También llamé a mi hermana.
—Ven. Y no dejes que nadie te convenza de marcharte.
Ethan pasó horas intentando hacerme cambiar de opinión.
—Estás actuando como si yo quisiera hacerte daño.
Lo miré fijamente.
—Entonces no tendrás ningún problema con estas medidas.
No respondió.
A la mañana siguiente apareció Bianca.
No debería haber sabido siquiera en qué habitación estaba.
La directora Miller la encontró discutiendo con una enfermera.
Y ahí llegó la primera grieta.
—¿Quién le informó del ingreso de Sophia? —preguntó.
Bianca miró instintivamente hacia Ethan.
Él bajó los ojos.
Todo quedó claro.
Horas después comenzaron las contracciones.
Antes de entrar al área de parto, una enfermera apareció con varios documentos.
Los revisé uno por uno.
Entre ellos había una autorización que yo jamás había solicitado.
—Esto no es mío.
La enfermera se quedó inmóvil.
—Nos dijeron que su esposo ya había hablado con administración.
Ethan dio un paso hacia mí.
—Sophia, es solo por si ocurre una emergencia.
—¿Quién preparó esto?
Silencio.
La directora Miller tomó el documento.
—Nadie firma nada.
Después pidió revisar el expediente.
Descubrieron que alguien había intentado sustituir parte de mi documentación médica.
Exactamente como en mi vida anterior.
Pero esta vez lo encontraron antes.
Ethan comenzó a sudar.
—Debe ser un error.
—Entonces averiguaremos quién lo cometió —respondí.
Mi hijo nació esa noche.
Cuando escuché su primer llanto, cerré los ojos y lloré.
Esta vez estaba conmigo.
Esta vez nadie podía quitármelo.
La investigación comenzó inmediatamente.
Bianca terminó admitiendo que Ethan le había prometido que después del nacimiento “todo quedaría arreglado”.
También salió a la luz que su embarazo había comenzado mientras Ethan todavía vivía conmigo como esposo.
La directora Miller me entregó copias de todo.
—¿Qué piensa hacer?
Miré a mi bebé dormido.
—Lo que debí hacer desde el principio.
Presenté el divorcio.
Ethan apareció junto a mi cama cuando recibió la notificación.
—Sophia, podemos solucionar esto.
—Ya lo solucioné.
—¡Tenemos un hijo!
—Precisamente por eso me voy.
Se quedó callado.
Luego intentó recurrir a nuestra historia, a sus años de servicio, a la familia.
Nada funcionó.
Finalmente preguntó:
—¿Desde cuándo dejaste de confiar en mí?
Pensé en mi vida anterior.
En todas las veces que había creído sus lágrimas.
—Desde antes de que tú supieras que debías tener miedo.
Meses después, Bianca también lo abandonó cuando comprendió que convertirse en “señora de Ethan” no significaría recibir automáticamente la vida que había imaginado.
Yo no celebré.
Ya no me importaban.
Me mudé con mi hijo y reconstruí mi vida lejos de ambos.
La última vez que Ethan vino a verme, llevaba nuestro antiguo certificado matrimonial.
—¿De verdad terminó todo?
Lo tomé.
Durante años dos mujeres habían peleado por aquel papel como si Ethan fuera un premio.
Ahora entendía lo absurdo que había sido.
—Sí.
—¿Y Bianca?
—Nunca fue mi verdadera enemiga.
Ethan levantó la mirada.
—¿Entonces quién?
Le devolví el certificado.
—El hombre que necesitaba engañar a dos mujeres para sentirse elegido por ambas.
Cerré la puerta.
En mi primera vida, Bianca había llegado exigiéndome que devolviera un matrimonio que decía pertenecerle.
En la segunda, finalmente comprendí algo.
No necesitaba luchar para conservarlo.
Solo necesitaba sobrevivir el tiempo suficiente para descubrir que nunca había valido la pena conservarlo.