PARTE 2: ERA ÉL

El silencio duró exactamente dos segundos.

Después Leo gritó:

—¡MAYA, ALÉJATE DE MI JEFE!

Aparté el teléfono de mi oído.

—¡Está enfermo, idiota! ¡Trae al médico!

Quince minutos después, Adrián estaba siendo atendido en una suite privada.

El médico confirmó que alguien había manipulado su bebida, pero que habíamos reaccionado a tiempo.

Leo me arrastró al pasillo.

—Explícame por qué mi jefe sabía tu nombre.

—Es complicado.

—Simplifícalo.

—Adrián es Árbol.

Mi hermano parpadeó.

—¿Qué árbol?

—Mi novio virtual.

Su rostro pasó por todas las etapas del horror.

—¿EL PERRO QUE SE ENAMORÓ POR INTERNET ES MI JEFE?

—Técnicamente yo también soy perro.

Leo se cubrió la cara.


Horas después, Adrián despertó.

Cuando entré, me miró durante varios segundos.

—Así que eras tú.

—Y tú organizaste una reunión con cinco mujeres vestidas igual.

Frunció el ceño.

—Yo solo invité a una.

—Entonces ¿quiénes eran las demás?

—No lo sé.

Su expresión se endureció.

—Probablemente la misma persona que manipuló mi bebida quería impedir que te encontrara.

Antes de poder responder, mi teléfono sonó.

Era Árbol.

Miré a Adrián.

Él no tenía ningún teléfono en las manos.

Contesté lentamente.

—¿Hola?

Una voz masculina comenzó a llorar al otro lado.

—Maya… ¿cómo pudiste?

Me quedé helada.

Era exactamente la voz de Árbol.

—¿Quién eres?

—¡Soy yo!

La voz tembló dramáticamente.

—Esperé un año por ti y ahora descubrí que pasaste la noche cuidando a otro hombre. ¡Ya no eres pura para nuestro amor!

Miré a Adrián.

Él también escuchaba.

Y parecía querer matar a alguien.

—Interesante —dijo.

La persona al teléfono se quedó en silencio.

Adrián extendió la mano.

—Dámelo.

Activé el altavoz.

—Si tú eres Árbol —preguntó Adrián—, ¿qué le dijiste a Maya la primera noche que hablamos?

Silencio.

La llamada terminó.

Leo abrió la puerta.

—Encontramos algo.

Traía las grabaciones del restaurante.

En ellas aparecía una mujer colocando algo en la copa de Adrián.

Era la misma que había intentado llevárselo.

Pero había otra imagen.

Antes de entrar al restaurante, aquella mujer había hablado durante varios minutos con un hombre.

Leo amplió su rostro.

Yo dejé de respirar.

Lo conocía.

—Imposible.

Adrián me miró.

—¿Quién es?

Tragué saliva.

—Mi exnovio.

Leo palideció.

—¿El que trabaja modificando voces para videojuegos?

Asentí.

Entonces todo encajó.

Las mujeres falsas.

La llamada utilizando la voz de Árbol.

El intento de impedir nuestro encuentro.

Adrián tomó mi teléfono y observó el número desconocido.

—Lleva un año escuchando nuestras conversaciones de alguna manera.

—¿Por qué haría eso?

Leo encontró otro archivo en las cámaras.

—Quizá por esto.

En la pantalla, mi ex entregaba un sobre a la mujer.

Dentro se veía una fotografía.

Era mía.

En el reverso había una frase escrita a mano:

“Haz que Maya crea que Adrián nunca fue Árbol.”

Adrián levantó lentamente la mirada.

Y comprendí que nuestro extraño romance virtual acababa de convertirse en algo mucho más serio.

Alguien no solo quería separarnos.

Llevaba mucho tiempo preparándose para hacerlo.

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