PARTE 2: EL TESTAMENTO LLEGÓ ANTES QUE LA POLICÍA

Los golpes en la puerta fueron firmes.

Tres veces.

Nadie se movió.

Doña Graciela hizo un gesto de desprecio.

—Debe ser la policía. Mejor. Así esto se acaba rápido.

Verónica no respondió.

Caminó con calma hasta la entrada y abrió la puerta.

No había patrullas.

Había dos personas con traje oscuro.

Una mujer de unos cincuenta años sostenía un portafolio de cuero.

A su lado, un hombre cargaba una caja sellada.

—Buenas tardes, señora Salgado.

La mujer hizo una leve inclinación de cabeza.

—Soy la licenciada Laura Méndez, representante legal del señor Simón Treviño.

Verónica asintió.

—Los estaba esperando.

Al escuchar aquellas palabras, varios familiares intercambiaron miradas.

La sonrisa de doña Graciela desapareció por primera vez.

—¿Abogada?

Laura mostró su identificación.

—Así es.

Luego miró el interior del departamento.

Las maletas abiertas.

Las cajas.

Los cajones vacíos.

La urna.

No necesitó hacer ninguna pregunta para entender lo que estaba ocurriendo.

…

—¿Quiénes son todas estas personas?

Preguntó con absoluta serenidad.

Graciela dio un paso al frente.

—Somos la familia de Simón.

La abogada respondió sin alterar el tono.

—Comprendo.

¿Y cuentan con autorización de la señora Verónica para retirar bienes del inmueble?

Nadie contestó.

…

Laura abrió lentamente el portafolio.

Sacó una carpeta azul.

—Antes de continuar, debo cumplir una instrucción expresa del señor Simón Treviño.

El nombre hizo que toda la sala quedara en silencio.

—Hace cuatro meses, mi cliente firmó varios documentos con instrucciones precisas para ser ejecutadas únicamente después de su fallecimiento.

Graciela soltó una risa nerviosa.

—Mi hijo nunca hizo testamento.

Laura levantó una hoja.

—En realidad sí dejó disposiciones patrimoniales.

Y fueron formalizadas conforme a la ley.

…

Mariana, la prima, cruzó los brazos.

—Pues queremos verlo.

La abogada la observó apenas un segundo.

—No tengo obligación de exhibir documentación privada a personas que no sean parte interesada.

Luego miró directamente a Verónica.

—Señora Salgado.

¿Autoriza usted que continúe aquí o prefiere que solicitemos primero el desalojo del inmueble?

Verónica respiró hondo.

—Continúe.

…

Laura abrió la carpeta.

—Primero.

El departamento donde nos encontramos fue adquirido exclusivamente por el señor Simón Treviño antes del matrimonio.

Graciela sonrió de inmediato.

—¿Ven? Lo sabía.

La abogada levantó una mano.

—Permítame terminar.

Pasó la página.

—Dos meses después de la compra, el señor Treviño realizó una donación en vida de la propiedad a favor de su esposa, la señora Verónica Salgado, reservándose únicamente un derecho de uso mientras viviera.

El silencio fue absoluto.

Graciela dejó de sonreír.

—¿Qué?

Laura mostró una copia certificada.

—La propiedad figura actualmente inscrita a nombre de la señora Verónica.

…

Óscar dejó caer la maleta que llevaba en las manos.

—Eso es imposible.

—No.

Respondió la abogada.

—Es información registral verificable.

…

Doña Graciela dio un paso hacia Laura.

—Mi hijo jamás habría hecho eso.

—Lo hizo.

Y dejó constancia escrita del motivo.

La abogada sacó una hoja doblada.

—Es una carta dirigida específicamente a usted.

Graciela intentó tomarla.

Laura no la entregó.

Comenzó a leer.

“Mamá, si estás escuchando esta carta, significa que ya no estoy. Si alguna vez intentas sacar a Verónica de nuestra casa, quiero que sepas que tomé esta decisión porque durante años confundiste el amor con el control. Ella nunca estuvo conmigo por dinero. Por eso decidí que este hogar sería únicamente suyo.”

Nadie respiraba.

Verónica cerró los ojos.

Reconocía cada palabra.

Era exactamente la forma en que Simón escribía.

…

Cuando Laura terminó de leer, guardó la carta nuevamente.

—Y aún falta algo más.

Graciela apenas podía hablar.

—¿Qué más?

La abogada hizo un gesto al hombre que la acompañaba.

Él colocó la caja sellada sobre la mesa.

—El señor Treviño dejó instrucciones para abrir este archivo únicamente en presencia de su esposa y de cualquier familiar que reclamara bienes antes de revisar la documentación legal.

Óscar tragó saliva.

Laura rompió el sello.

Dentro había varias carpetas.

Y un sobre rojo.

En la parte frontal podía leerse una sola frase escrita con la letra de Simón:

“Si mi familia intenta quedarse con lo que no le pertenece, entreguen inmediatamente esta carpeta a la policía.”

La sonrisa desapareció por completo del rostro de todos los presentes.

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