PARTE 2: EL SOBRE QUE NADIE QUERÍA ABRIR

Daniela tardó demasiado en contestar.

Todo el patio quedó en silencio.

Hasta la música de Año Nuevo parecía haberse apagado.

Mariana no apartó la vista de ella.

—¿Cuántas semanas?

Daniela tragó saliva.

—Do… doce.

Óscar cerró los ojos.

Doña Teresa sonrió con alivio.

—¿Ven? Mi hijo sí podía ser padre. La estéril eras tú.

Algunos familiares comenzaron a asentir.

Otros evitaban mirar a Mariana.

Ella permaneció inmóvil.

Después sonrió con una calma que desconcertó a todos.

—Doce semanas…

Repitió despacio.

—Qué interesante.

Sacó otro sobre de su bolso.

Esta vez era blanco.

Se lo entregó a Don Eusebio.

—¿Podría leer la fecha, por favor?

El anciano ajustó sus lentes.

—Hospital San Gabriel…

Espermatograma de control…

Fecha…

Hace cinco meses.

Levantó la mirada.

—Aquí dice que el señor Óscar Beltrán se sometió voluntariamente a una vasectomía.

El patio entero quedó inmóvil.

Óscar sintió que las piernas le temblaban.

—¡Eso…!

Intentó hablar.

Pero Don Eusebio siguió leyendo.

—Procedimiento realizado sin complicaciones.

Control posterior satisfactorio.

Recomendación de análisis de confirmación cumplida.

Doña Teresa abrió mucho los ojos.

—¿Vasectomía?

Miró a su hijo.

—¿Qué está diciendo ese papel?

Óscar no respondió.

Daniela retrocedió un paso.

Su mano seguía sobre el vientre.

Mariana habló con serenidad.

—Hace cinco meses decidió operarse.

Nunca me lo dijo.

Lo descubrí cuando llegaron por error las facturas médicas a nuestra casa.

Respiró hondo.

—Así que cuando escuché que Daniela estaba embarazada…

Supe que alguien estaba mintiendo.

Daniela comenzó a llorar.

—Yo…

Yo no sabía…

Todas las miradas se dirigieron hacia ella.

—¿Qué no sabías?

Preguntó Mariana.

La joven rompió definitivamente en llanto.

—Óscar me dijo que estaba separado.

Que ustedes solo seguían casados por los negocios.

El murmullo volvió a recorrer el patio.

Óscar dio un paso hacia Daniela.

—Cállate.

Ella negó con la cabeza.

—No.

Ya no.

Se volvió hacia Mariana.

—También me dijo que quería hacerse la vasectomía porque usted no podía tener hijos y los dos habían decidido renunciar a formar una familia.

Mariana cerró los ojos un instante.

No por dolor.

Sino porque acababa de confirmar hasta dónde llegaban las mentiras de su esposo.

Entonces Daniela sacó lentamente un sobre de su bolso.

—Yo también traje pruebas.

Óscar palideció.

—¿Qué haces?

Ella dejó varias ecografías sobre la mesa.

Junto a ellas había un informe médico.

Don Eusebio volvió a leer.

—Embarazo de doce semanas…

Hizo una pausa.

—Y aquí consta que la paciente informó como fecha probable de concepción un viaje realizado a Cancún.

Daniela asintió entre lágrimas.

—Sí.

Fue entonces.

Mariana levantó lentamente la vista.

—Óscar…

Tú estabas en Monterrey esa semana cerrando un contrato.

Los invitados comenzaron a hacer cuentas.

Daniela abrió la galería de su teléfono.

Mostró fotografías.

En todas aparecía con otro hombre.

El mismo viaje.

Las mismas fechas.

La misma ropa.

Su voz se quebró.

—Yo creía que él era el padre.

Hasta que vi los documentos de la vasectomía.

Entendí que me habían utilizado igual que a ti.

Doña Teresa dejó caer la silla al intentar levantarse.

Miró primero a Daniela.

Después a su hijo.

Luego a Mariana.

Su seguridad había desaparecido por completo.

Mariana guardó lentamente todos los documentos.

—Durante años me llamaste “mujer incompleta”.

Bajó la mirada hacia el suelo.

—Y nunca tuviste el valor de preguntarle a tu hijo cuál era la verdad.

Óscar intentó acercarse.

—Mariana…

Déjame explicarte.

Ella dio un paso atrás.

—No.

Las mentiras ya hablaron por ti.

En ese instante sonó el teléfono de Don Eusebio.

El anciano respondió.

Escuchó unos segundos.

Después levantó la vista con expresión seria.

—Acaba de llamar la licenciada Roberta Cárdenas.

Dice que ya terminó de revisar los movimientos bancarios.

Todos guardaron silencio.

Don Eusebio respiró hondo antes de repetir el mensaje.

—Y asegura que el dinero que Mariana prestó durante años para sostener a esta familia…

Nunca se utilizó para salvar el negocio.

Se utilizó para comprar una casa.

La misma casa donde Óscar pensaba instalarse con Daniela después de abandonar este matrimonio.

Óscar sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

Porque comprendió que la verdad que más había intentado esconder…

Todavía no había salido completamente a la luz.

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