PARTE 2: El secreto que Vanessa nunca imaginó

Vanessa dejó de sonreír.

Mi madre no esperó a que nadie preguntara nada. Me tomó del brazo y me condujo escaleras arriba, mientras detrás de nosotras Daniel discutía en voz baja con su prometida.

—Mamá, ¿qué está pasando?

Ella cerró la puerta de su despacho y respiró profundamente.

—Necesito que me escuches antes de juzgar a nadie.

Sacó una carpeta de uno de los cajones y la dejó sobre el escritorio.

—Hace seis meses, tu padre y yo recibimos una llamada de una clínica privada.

Fruncí el ceño.

—¿Qué clínica?

Mi madre abrió la carpeta.

—La misma donde Vanessa asegura haberse hecho las pruebas de embarazo.

Sentí un escalofrío.

Dentro había documentos que yo no entendía del todo, pero reconocí inmediatamente el nombre de Vanessa.

—¿Ella ya estaba embarazada?

—Eso es lo que nos dijeron entonces.

Mi madre hizo una pausa.

—Pero había algo extraño. La fecha de la prueba no coincidía con lo que Vanessa acaba de decir abajo.

Me quedé mirando los papeles.

—¿Entonces no está embarazada?

—No he dicho eso.

Mi madre sacó una segunda hoja.

—He dicho que su historia no encaja.

Antes de que pudiera responder, escuchamos golpes violentos en la puerta.

Era Daniel.

—Mamá, abre.

Mi madre guardó los documentos.

—Todavía no.

—¡Necesito hablar con Emma!

Abrí la puerta.

Daniel entró con el rostro desencajado.

—Vanessa dice que ustedes están intentando quitarle su futuro hijo.

—¿Y tú la crees?

No respondió.

Entonces saqué una de las hojas que mi madre había dejado sobre el escritorio.

—¿Reconoces esto?

Daniel la miró.

Su expresión cambió.

—¿Dónde has conseguido eso?

—Mamá lo tenía.

Daniel retrocedió un paso.

—Emma, no deberías haberlo visto.

—¿Por qué?

Mi hermano se pasó una mano por el rostro.

—Porque Vanessa no me dijo toda la verdad.

Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.

—¿Qué verdad?

Daniel miró hacia la puerta.

—El embarazo no empezó cuando ella dice.

—¿Cuándo empezó?

Mi hermano tragó saliva.

—No lo sé.

Entonces escuchamos un grito desde abajo.

—¡DANIEL!

Era Vanessa.

Pero no estaba gritando por enfado.

Estaba aterrorizada.

Bajamos corriendo.

Vanessa estaba frente a la mesa, mirando fijamente el documento que mi madre había dejado allí.

Y junto a ella había una mujer desconocida.

Una mujer que sostenía una ecografía entre los dedos.

—Llegaste tarde, Vanessa —dijo.

Vanessa palideció.

La mujer levantó la ecografía y añadió:

—Porque ese bebé no es el único secreto que Daniel debería conocer.

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