PARTE 2: EL SECRETO DETRÁS DE LAS PAREDES

Cuando terminó la llamada, permanecí varios minutos mirando la pantalla apagada.

Ethan nunca colgaba sin despedirse.

Aquella noche tampoco lo hizo.

Simplemente dejó que el silencio respondiera por él.

Natalie cerró la puerta de la oficina.

—¿Qué quería?

—Arreglar lo que hizo su madre.

Ella soltó una risa amarga.

—Llega dos años tarde.

No respondí.

Porque la conversación había confirmado algo que llevaba meses sospechando.

Ethan no estaba intentando recuperar la casa.

Estaba intentando proteger algo que seguía dentro de ella.

Al día siguiente aparecieron nuevos inspectores.

Uno revisó el sistema eléctrico.

Otro pidió acceder al sótano.

Un tercero insistió en medir los muros interiores.

Todos hacían preguntas distintas.

Pero todos terminaban mirando el mismo lugar.

La pared del antiguo estudio.

El cuarto donde Ethan escribió las primeras líneas de código de Skyward Technologies.

Cuando el último inspector se marchó, cerré la puerta con llave.

Después fui directamente al estudio.

La habitación seguía casi igual que el día en que él se fue.

El viejo escritorio.

Una lámpara de metal.

Las marcas de café sobre la madera.

Y la estantería que jamás había movido.

Recordé algo.

Tres noches antes del divorcio desperté a las tres de la madrugada.

Ethan estaba allí.

Solo.

Con un martillo, un taladro y una caja metálica.

Cuando me vio despierta, sonrió.

—Solo estoy arreglando una humedad.

En aquel momento le creí.

Ahora ya no.

Empujé la estantería.

Costó más de lo esperado.

Detrás apareció una pequeña placa metálica cubierta por la pintura de la pared.

Mi corazón comenzó a latir con fuerza.

Llamé a un cerrajero de confianza.

Una hora después logró abrir el compartimento oculto.

Dentro había una caja fuerte.

No contenía dinero.

Ni joyas.

Había un disco duro cifrado.

Tres memorias USB.

Una libreta negra.

Y un sobre dirigido únicamente a mí.

Mis manos temblaban cuando rompí el sello.

La carta comenzaba con una sola frase.

“Si estás leyendo esto, significa que mi madre finalmente intentó quitarte la casa.”

Sentí un nudo en la garganta.

Seguí leyendo.

“Nunca te dejé todo por culpa o por amor.”

“Te dejé todo porque eras la única persona en quien podía confiar.”

Cada línea hacía más difícil respirar.

Dos años antes del divorcio, Ethan había descubierto que Margaret y Ryan utilizaban empresas fantasma para desviar dinero de los primeros inversionistas de Skyward.

Cuando intentó denunciarlos, Margaret lo amenazó.

Si hablaba, destruiría la empresa, fabricaría pruebas contra él y arruinaría también mi carrera.

“Necesitaba sacarte del centro de la guerra.”

“El divorcio fue la única forma de que dejaran de verte como un objetivo.”

Las últimas páginas incluían copias de transferencias bancarias, contratos falsificados y registros de sociedades vinculadas directamente con Margaret y Ryan.

También había un documento firmado por Ethan.

“Todo lo que construimos empezó contigo.”

“Si algún día ellos vienen por esta casa, significa que descubrieron que aquí está la única copia física de toda la evidencia.”

En ese instante sonó el timbre.

Natalie miró por la ventana.

Su rostro perdió el color.

—Clara…

No es la policía.

Tampoco son inspectores.

Afuera había seis camionetas negras.

Y en el centro del jardín estaba Margaret.

Sonriendo.

A su lado, un hombre de traje levantó lentamente una orden judicial.

Pero antes de que pudiera tocar la puerta, mi teléfono vibró.

Era un mensaje de Ethan.

“No abras. Entre los hombres que acompañan a mi madre hay uno que trabajó conmigo… y viene a recuperar el disco duro antes de que llegue el FBI.”

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