Esa misma noche, Ethan me llamó.
—¿Dónde estás?
—En el hotel.
—Baja.
Me asomé por la ventana.
Un automóvil negro esperaba frente a la entrada.
Quince minutos después estaba sentada frente a Ethan en una cafetería casi vacía.
—Ahora dime por qué buscas a Liam.
Le expliqué todo.
El teléfono perdido.
Mi fotografía.
Chloe.
La historia de la esposa maltratada.
Cuando terminé, Ethan permaneció inmóvil.
—¿Dijiste que Chloe aseguró ser su esposa?
—Sí.
—Liam no está casado.
Parpadeé.
—¿Qué?
Ethan sacó su propio teléfono y abrió una fotografía.
Era Chloe.
Pero debajo aparecía otro nombre.
Chloe Walker.
—Es su hermana menor.
Sentí un escalofrío.
—Entonces ¿por qué mintió?
Ethan levantó los ojos.
—Porque probablemente vio tu fotografía y comprendió quién eras.
—¿Quién soy?
Su mandíbula se tensó.
—La chica que todos creímos muerta.
Después de mi accidente, alguien había comunicado a mis antiguos compañeros que yo no había sobrevivido.
Mi familia se marchó poco después.
Mi número desapareció.
Mis redes quedaron abandonadas.
Y nadie comprobó la historia.
—¿También tú lo creíste? —pregunté.
Ethan soltó una risa amarga.
—Fui a tu funeral.
Me quedé helada.
—¿Mi qué?
—Hubo una ceremonia conmemorativa privada. No había cuerpo. Nos dijeron que tu familia había realizado el entierro en otra ciudad.
Entonces entendí por qué me había mirado como a un fantasma.
—¿Y Liam?
Ethan apartó la mirada.
—Él fue quien me dijo que habías muerto.
El silencio entre nosotros cambió.
—Necesito verlo.
—No.
—Ethan.
—Ava, Liam lleva siete años guardando tu fotografía en su teléfono.
Me incliné hacia delante.
—Precisamente por eso necesito saber por qué.
No tuvimos que buscarlo.
Cuando regresé al hotel, Chloe estaba esperándome.
Esta vez no lloraba.
—Perdón —dijo—. Mentí.
—Eso ya lo sé.
Bajó la cabeza.
—Mi hermano no me golpea. Ni siquiera tiene esposa.
—Entonces explícame todo.
Chloe respiró profundamente.
—Liam encontró tu teléfono roto después del accidente. Había mensajes que demostraban que alguien había manipulado tu vehículo antes de que salieras de la escuela.
Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.
—¿Qué?
—Intentó encontrar a tu familia, pero ustedes desaparecieron. Después alguien le dijo que habías muerto.
Ethan, detrás de mí, preguntó:
—¿Quién?
Chloe lo miró.
—Tu padre.
Ethan quedó inmóvil.
La verdad tardó días en reconstruirse.
No era una historia romántica.
Era mucho peor.
Años atrás, las familias Grant y Sullivan habían tenido un conflicto empresarial que nosotros, siendo adolescentes, desconocíamos.
Tras mi accidente, mi familia decidió cortar todo contacto y marcharse.
Pero el padre de Ethan había aprovechado la situación para asegurarse de que Ethan creyera que yo había muerto.
No quería que su hijo continuara buscándome.
Liam descubrió parte de la mentira demasiado tarde.
Guardó mi fotografía porque era la única pista que conservaba mientras intentaba averiguar qué había ocurrido realmente.
Y Chloe, al reconocerme en el centro de convenciones, había improvisado aquella absurda historia porque entró en pánico y quiso impedir que desapareciera otra vez antes de avisar a su hermano.
Cuando finalmente Liam apareció, no parecía el monstruo que yo había imaginado.
Se quedó a varios metros de mí.
—Ava.
—Estoy viva.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Ya lo veo.
Saqué su teléfono.
—Entonces borra mi fotografía.
Liam soltó una pequeña carcajada.
—Con muchísimo gusto.
La eliminó delante de mí.
Después me entregó una carpeta.
—Esto es todo lo que encontré sobre aquellos días. Ahora te pertenece.
La acepté.
Cuando levanté la cabeza, Ethan seguía junto a la ventana.
—¿Y tú? —pregunté—. ¿Por qué nunca tuviste pareja?
Liam miró a Ethan.
Sonrió.
Y salió de la habitación.
Ethan pareció querer asesinarlo.
Yo crucé los brazos.
—Estoy esperando.
Ethan permaneció callado unos segundos.
Finalmente dijo:
—Porque la única chica que quise estaba muerta.
—Me rechazaste en secundaria.
—Porque mi padre me había amenazado con hacer que cambiaras de escuela si seguías cerca de mí.
Todo encajó demasiado tarde.
Su rechazo.
Mi desaparición.
Su expresión al verme.
—Entonces cuando hoy preguntaste si tenía algo personal que decirte…
—Esperaba que dijeras cualquier cosa menos “¿tienes el número de Liam?”
No pude evitar reír.
Ethan me miró, ofendido.

Y por primera vez, el hombre frío que había subido al escenario desapareció.
Volví a ver al chico de diecisiete años.
Solo que ahora ninguno de los dos estaba muerto.
Y todavía quedaba una verdad mucho más importante por resolver:
quién había decidido enterrarme en la vida de Ethan siete años antes de tiempo.