PARTE 2: EL LATIDO OCULTO

La doctora permaneció varios segundos mirando la pantalla de la ecografía.

Después volvió a mirar el expediente.

Y finalmente a Elena.

Había una expresión extraña en su rostro.

No era preocupación.

Era sorpresa.

—¿Está completamente segura de que quiere interrumpir el embarazo? —preguntó con voz tranquila.

Elena asintió sin levantar la vista.

—Sí.

La doctora respiró hondo.

—Entonces debo decirle algo antes de que firme cualquier autorización.

Giró el monitor hacia ella.

Dos pequeños círculos negros aparecían claramente en la imagen.

—No está esperando un bebé.

Elena frunció el ceño.

—¿Qué quiere decir?

La médica sonrió con delicadeza.

—Está embarazada de gemelos.

El mundo pareció detenerse.

—¿Gemelos…?

—Sí.

Dos corazones perfectamente formados.

Y ambos laten con mucha fuerza.

Elena sintió que el aire desaparecía de sus pulmones.

Las lágrimas comenzaron a caer sin que pudiera detenerlas.

Durante varios segundos solo escuchó aquel sonido.

Tum.

Tum.

Tum.

Dos diminutos corazones luchando por vivir.

La doctora bajó el volumen del monitor.

—No voy a decirle qué decisión debe tomar.

Solo quiero que sepa toda la verdad antes de decidir.

Elena acarició lentamente su vientre.

Por primera vez desde la muerte de su padre sintió algo distinto al dolor.

Sintió miedo.

Porque ahora ya no estaba sola.

Había dos vidas dependiendo completamente de ella.

Después de un largo silencio cerró los ojos.

—No…

La voz apenas salió.

—No puedo hacerlo.

La doctora asintió con comprensión.

—Entonces empezaremos a cuidar de esos dos pequeños.


Al salir de la consulta, el teléfono vibró.

Era Sebastián.

—¿Terminaste?

Elena observó la pantalla unos segundos antes de contestar.

—Sí.

—Perdóname por dejarte sola.

Valeria tuvo un problema con su equipaje.

No podía esperar.

Elena sintió un vacío inmenso.

Ni siquiera intentaba inventar una mentira mejor.

Seguía poniendo a Valeria por delante de todo.

Incluso de sus propios hijos.

—¿Qué dijo el médico?

Elena miró la ecografía.

Por primera vez decidió ocultarle algo.

—Todo está bien.

—Perfecto.

Esta noche cenaremos juntos para compensarte.

—No hace falta.

—Claro que sí.

Te compraré ese collar que viste la semana pasada.

Ella sonrió con tristeza.

Siempre igual.

Cuando fallaba como esposo, aparecía el dinero.

—No quiero un collar.

—Entonces lo que tú quieras.

—Ya lo tengo.

Él rio suavemente.

—Sabía que se te pasaría el enfado.

Cuando la llamada terminó, Elena comprendió que Sebastián seguía sin entender absolutamente nada.

No estaba perdiendo una discusión.

Estaba perdiendo a su familia.


Aquella misma tarde regresó sola a la casa que él había firmado sin leer.

Entró en el despacho.

Abrió el ordenador.

La carpeta llamada “V.” seguía allí.

Miles de fotografías.

Miles de recuerdos.

Miles de pruebas.

Pero aquella vez decidió abrir un archivo que nunca había revisado.

Se llamaba:

“Si algún día ella acepta.”

El corazón comenzó a latirle con fuerza.

Hizo doble clic.

Dentro había una carta.

No estaba dirigida a Elena.

Decía:

“Valeria.”

“Sé que elegiste marcharte porque nunca quisiste destruir a tu hermana.”

“Lo entiendo.”

“Pero si algún día cambias de opinión, dejaré todo por ti.”

“Incluso mi matrimonio.”

“Porque la única mujer a la que he amado desde que tenía veinte años eres tú.”

“Casarme con Elena fue el único modo de permanecer cerca de ti.”

“Perdóname por utilizarla.”

“Sé que algún día me odiará.”

“Pero prefiero cargar con ese odio antes que perderte para siempre.”

La carta estaba fechada siete años atrás.

Tres meses antes de la boda.

Las manos de Elena comenzaron a temblar.

No había sido una confusión.

No había sido un desliz.

No había sido una aventura nacida con el tiempo.

Toda su vida matrimonial había comenzado con una mentira.

Él nunca la había amado.

Ella solo había sido el reflejo de otra mujer.

En ese instante sonó el timbre.

Elena cerró rápidamente el ordenador.

Al abrir la puerta encontró a Valeria.

Su tía llevaba el rostro completamente pálido.

Parecía haber llorado durante horas.

—Elena…

Su voz estaba rota.

—Necesitamos hablar.

Elena dio un paso atrás.

—No tenemos nada de qué hablar.

Valeria negó con desesperación.

—Sí lo tenemos.

Porque Sebastián te mintió.

Pero también me mintió a mí.

Elena sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—¿Qué significa eso?

Valeria levantó lentamente una carpeta médica.

Había una prueba de ADN en su interior.

La dejó sobre la mesa.

Las primeras líneas hicieron que la sangre desapareciera del rostro de Elena.

Porque aquella prueba demostraba que el secreto que Sebastián había ocultado durante años no tenía relación únicamente con una infidelidad.

También involucraba el verdadero origen del bebé que ella llevaba en el vientre.

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