PARTE 2: EL HOMBRE QUE LO ESCUCHÓ TODO

Cuando Adrian Gu pidió reunir a toda la familia, nadie imaginó que aquellas palabras serían el comienzo de una pesadilla.

Especialmente Evan.

Mi marido llegó al hospital dos horas después, acompañado de Serena Xu.

Ni siquiera se molestó en preguntarme cómo estaba.

—¿Es verdad que mi hermano despertó?

Asentí.

—Sí.

Serena se acercó inmediatamente.

—¡Qué milagro! Evelyn debe estar feliz.

Miré sus manos entrelazadas.

Mi esposo y su amor de juventud.

Frente a mí.

Como si yo fuera invisible.

—Adrian quiere verlos a todos —respondí.

Evan frunció el ceño.

—¿A todos? ¿Para qué?

—Supongo que tendrás que preguntárselo.

Por primera vez en nuestro matrimonio, fui yo quien se alejó sin esperar su respuesta.

Aquella tarde, Richard Gu, el patriarca de la familia, llegó acompañado de su esposa Evelyn y tres ejecutivos del grupo.

Adrian permanecía recostado en su cama.

Estaba pálido.

Su voz era débil.

Pero sus ojos…

Sus ojos ya no parecían los de un hombre que acababa de despertar de un largo sueño.

Parecían los de alguien que había estado esperando pacientemente el momento de hablar.

—Hijo mío —sollozó Evelyn—. ¡Finalmente despertaste!

Intentó abrazarlo.

Adrian levantó lentamente una mano.

—Mamá… espera.

La habitación quedó en silencio.

Sus ojos buscaron los míos.

—Claire… ven aquí.

Evan soltó una risa incómoda.

—Hermano, ella es mi esposa.

Adrian lo observó durante varios segundos.

—Lo sé.

Hizo una pausa para recuperar el aliento.

—También sé… que no la tratas como tal.

El rostro de Evan cambió.

Serena bajó la mirada.

Evelyn intervino rápidamente.

—Adrian, cariño, acabas de despertar. No debes preocuparte por problemas matrimoniales.

Él cerró los ojos unos segundos.

Después susurró:

—No son… problemas matrimoniales.

Miró directamente a su padre.

—Son problemas… de la empresa.

Richard Gu dejó de sonreír.

—¿Qué quieres decir?

Adrian señaló una carpeta sobre la mesa.

—El proyecto… Westbridge.

Sentí un escalofrío.

Era el proyecto que Adrian había rechazado antes de su accidente.

El mismo que su padre había reactivado durante su coma.

Richard cruzó los brazos.

—Ese asunto está bajo control.

Adrian negó lentamente.

—No debería… estar aprobado.

Uno de los ejecutivos se removió nerviosamente.

Evan dio un paso adelante.

—Hermano, llevas meses fuera de la empresa. No conoces la situación actual.

Adrian giró lentamente hacia él.

—Sé que cambiaron… tres informes de seguridad.

El silencio fue absoluto.

Richard palideció.

—¿Quién te dijo eso?

Adrian sonrió apenas.

Y entonces pronunció mi nombre.

—Claire.

Todos me miraron.

Mi corazón comenzó a latir violentamente.

Evan abrió los ojos.

—¿Qué?

Adrian continuó:

—Ella vino… todos los días.

Tragó saliva.

—Me contó… lo que ustedes hicieron.

Evelyn soltó una exclamación indignada.

—¡Claire! ¡Te enviamos para acompañarlo, no para llenar su cabeza de chismes!

Sentí que la vergüenza me quemaba las mejillas.

Pero antes de que pudiera defenderme, Adrian levantó la mano.

—Mamá.

Todos callaron.

—Claire fue… la única persona… que me trató como si todavía estuviera aquí.

Sus palabras me hicieron llorar.

Evan apretó la mandíbula.

—Hermano, no puedes creer todo lo que ella dice. Claire habla sin pensar.

Adrian lo miró fijamente.

—Y tú… nunca escuchas.

Nadie se atrevió a responder.

Entonces Adrian hizo algo inesperado.

Extendió lentamente la mano hacia mí.

—Claire… la carpeta azul.

Fruncí el ceño.

—¿Qué carpeta?

—Mi antiguo despacho. Cajón inferior… combinación 0417.

Richard se levantó bruscamente.

—Adrian, no es momento de discutir documentos.

Pero su hijo lo interrumpió.

—Es exactamente… el momento.

Miré a Richard.

Su expresión había cambiado completamente.

Por primera vez desde que entré en aquella familia, el poderoso presidente del Grupo Gu parecía asustado.

Dos horas después, regresé al hospital con la carpeta.

Había encontrado dentro varios contratos, registros de transferencias y una memoria USB.

Adrian pidió que su abogado de confianza estuviera presente.

Cuando el hombre llegó, cerraron la puerta.

Mi suegro exigió participar.

Adrian se negó.

—Solo Claire… y el abogado.

Evan perdió el control.

—¡Es mi esposa! ¡No puedes confiar más en ella que en tu propia familia!

Adrian lo observó con una calma desconcertante.

—Evan… tú fuiste quien la envió conmigo.

Mi marido se quedó sin palabras.

El abogado revisó los documentos durante casi veinte minutos.

Finalmente levantó la cabeza.

—Señor Gu, si estos registros son auténticos, tenemos un problema extremadamente serio.

Adrian asintió débilmente.

—Lo sabía… antes del accidente.

Sentí que el aire desaparecía de mis pulmones.

—¿Qué?

Adrian me miró.

—Claire… mi accidente no fue lo que todos creen.

Me quedé inmóvil.

—¿Cómo que no?

—Aquella noche… iba a entregar estos documentos a los auditores externos.

El abogado dejó lentamente la carpeta.

—¿Está diciendo que alguien intentó impedirlo?

Adrian cerró los ojos.

—No sé quién provocó el accidente.

Respiró con dificultad.

—Pero sé quién… me amenazó dos días antes.

Sentí un escalofrío.

—¿Quién?

Adrian me sostuvo la mirada.

—Mi padre.

La habitación quedó completamente en silencio.

Entonces el abogado sacó un documento adicional.

—Hay otra cosa, señorita Shen. Encontramos una transferencia que merece una investigación inmediata.

Me entregó la hoja.

Reconocí inmediatamente el nombre del beneficiario.

SERENA XU.

La suma era enorme.

Doce millones de yuanes.

Y la fecha…

Tres días antes del accidente de Adrian.

Me llevé una mano a la boca.

—¿Serena recibió este dinero?

El abogado asintió.

—Eso indican los registros.

Adrian cerró lentamente los ojos.

—Claire… todavía hay algo más.

Me incliné hacia él.

—¿Qué cosa?

Su voz salió apenas como un susurro.

—La noche del accidente… vi a Serena.

Sentí que el corazón se me detenía.

—¿Estaba contigo?

Adrian negó.

—Estaba con Evan.

Mi respiración se volvió irregular.

—¿Y?

Adrian abrió los ojos.

Una lágrima descendió lentamente por su mejilla.

—Claire… ellos sabían que yo iba a conducir por aquella carretera.

No pude hablar.

Mi esposo.

La mujer que amaba.

El accidente que había cambiado el destino de toda la familia Gu.

De repente, todo parecía conectado.

Entonces mi teléfono comenzó a sonar.

Era Evan.

Respondí.

—¿Dónde estás? —preguntó furioso.

—En el hospital.

—¡Sal inmediatamente de la habitación de mi hermano!

Su voz temblaba.

—¿Por qué?

Hubo un silencio.

Después dijo algo que hizo que se me helara la sangre.

—Porque acabo de descubrir lo que Adrian está intentando hacer.

Miré al hombre acostado en la cama.

—¿Qué está intentando hacer?

Evan respiró profundamente.

—Cambiar su testamento.

Mi corazón dio un vuelco.

—¿Qué?

—Y adivina a quién quiere dejarle el control de sus acciones.

Miré a Adrian.

Él sostuvo mis ojos.

Entonces, con enorme esfuerzo, pronunció dos palabras.

—A ti.

El teléfono casi se deslizó de mis dedos.

Pero antes de que pudiera reaccionar, el abogado abrió un segundo sobre.

—Señorita Shen, esto fue preparado por Adrian antes de su accidente.

Observé el documento.

Había una fotografía antigua.

En ella aparecían Adrian y yo.

Mucho más jóvenes.

Frente a la entrada de una universidad.

Me quedé completamente helada.

Porque reconocí aquel día.

Y recordé al muchacho desconocido que, diez años atrás, me había salvado la vida durante un incendio.

Levanté lentamente la mirada hacia Adrian.

—No puede ser…

Él sonrió débilmente.

—Hola otra vez… Claire.

Y entonces comprendí algo imposible.

El hombre al que había estado hablando durante un mes no era un desconocido.

Era alguien que llevaba diez años esperando volver a encontrarme.

CONTINUARÁ EN LA PARTE 3…

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