A la mañana siguiente, Ethan encontró el anillo sobre la mesa.
Debajo había una nota.
“No habrá boda. No me busques.”
Cuando despertó, yo ya estaba en un avión rumbo a Boston.
No bloqueé a Olivia.
Quería conservar cada mensaje, cada fotografía y cada video.
Pero bloqueé a Ethan.
No necesitaba escuchar otra explicación.
Durante las semanas siguientes me concentré únicamente en mi embarazo.
Hasta que, durante una consulta, la doctora me preguntó algo inesperado.
—Ava, ¿estás completamente segura de la fecha en que quedaste embarazada?
—Sí. San Valentín.
Ella frunció el ceño.
—Por las mediciones, la concepción podría haber ocurrido varios días antes.
Sentí un escalofrío.
Había estado con Ethan seis días antes de San Valentín.
—¿Podría ser de mi exprometido?
—Es posible. Solo una prueba podrá confirmarlo.
Salí del hospital con las piernas temblando.
No llamé a Ethan.
Primero necesitaba saber la verdad.
Dos semanas después conseguí realizar una prueba prenatal de paternidad.
El resultado llegó un viernes.
Ethan Walker: excluido como padre biológico.
Me quedé mirando aquellas palabras.
Así que mi primera versión había sido correcta.
Había otro hombre.
Pero ¿quién?
Entonces recordé el hotel.
Solicité las grabaciones de aquella noche con ayuda de mi abogado.
La cámara del pasillo mostró algo que yo había olvidado completamente.
A las 11:43, un hombre me encontró desorientada fuera del salón privado.
Me sostuvo cuando casi caí.
Después llamó a una empleada del hotel, y entre ambos me llevaron hasta una habitación.
El hombre nunca entró conmigo.
Me quedé helada.
—Entonces… ¿cómo?
Mi abogado avanzó el video.
A las 12:17 apareció otra persona.
Ethan.
Usó su tarjeta para entrar.
Salió casi una hora después.
Sentí que el corazón se detenía.
—No puede ser.
Mi abogado colocó otro documento frente a mí.
Habíamos repetido la prueba con una muestra obtenida legalmente durante el proceso posterior.
El resultado decía:
Probabilidad de paternidad de Ethan Walker: 99.99%.
Levanté la cabeza.
—Pero la primera prueba decía que estaba excluido.
—Porque alguien cambió la muestra.
Solo una persona sabía que yo iba a hacer aquella prueba.
Olivia.
Tres días después, Ethan apareció en Boston.
No sé cómo consiguió encontrarme.
Cuando abrí la puerta y lo vi, intenté cerrarla.
—Ava, espera.
—Vete.
Metió una carpeta entre la puerta y el marco.
—Olivia perdió el bebé.
Me quedé inmóvil.
No por ella.
Por la expresión de Ethan.
—Los médicos descubrieron algo durante los análisis —continuó—. Las fechas no coincidían.
Sentí frío.
—¿El bebé no era tuyo?
Negó.
—No.
Solté una risa amarga.
—Qué ironía.
Entonces puse delante de él mi propia prueba.
Ethan leyó el 99.99%.
Su rostro perdió todo color.
—Es mío.
—Sí.
Sus ojos bajaron hacia mi vientre.
—Entonces aquella noche…
—Entraste en mi habitación.
Ethan cerró los ojos.
—Fui a buscarte después de dejar a Olivia. Estabas dormida. Cuando despertaste…
Se interrumpió.
Yo levanté una mano.
—No quiero detalles.
Él asintió.
—Por la mañana me fui antes de que despertaras. Pensé que recordarías que había sido yo.
—No recordaba nada.
El silencio entre nosotros fue insoportable.
Finalmente pregunté:
—¿Quién cambió mi primera prueba?
Ethan sacó su teléfono.
Había mensajes entre Olivia y un empleado del laboratorio.
Pagos.
Instrucciones.
Una fotografía de mi expediente.
—Ella quería que creyeras que tu hijo pertenecía a otro hombre.
—¿Por qué?
—Porque quería que mi familia te rechazara definitivamente.
Lo miré.
—Y funcionó.
Ethan bajó la cabeza.
—Porque yo se lo permití.
Por primera vez no intentó defenderse.
No culpó a Olivia.
No habló de confusiones.
—Te fallé antes de saber que ese bebé era mío —dijo—. Y saberlo ahora no arregla nada.
—Exactamente.
Me quité la cadena que todavía llevaba alrededor del cuello.
De ella colgaba el anillo que alguna vez pensé devolverle en persona.
Lo puse en su mano.
—Serás informado sobre todo lo relacionado con tu hijo.
Ethan cerró los dedos alrededor del anillo.
—¿Y nosotros?
—Nosotros terminamos cuando me viste recibir una bofetada de tu madre y decidiste guardar silencio.
No discutió.
Se marchó solo.
Creí que finalmente todo había terminado.
Pero aquella noche recibí una llamada de mi abogado.
—Ava, encontramos algo en los pagos de Olivia al laboratorio.
—¿Qué cosa?
—El dinero no salió de su cuenta.
Me incorporé.
—¿Entonces de quién?
Hubo un silencio.
—De la madre de Ethan.
Miré hacia mi vientre.

Y comprendí que Olivia nunca había actuado sola.
La familia Walker no acababa de descubrir que mi bebé era suyo.
Habían intentado asegurarse de que nadie lo descubriera.