PARTE 2: EL HIJO QUE RECHAZASTE

Elena miró hacia el niño.

—Antes de entrar, debes entender algo, Daniel. Mateo sabe que no tuvo padre porque su padre decidió abandonarlo.

Daniel palideció.

—Elena… yo era joven. Cometí errores.

—Tenías treinta años.

No supo qué responder.

Mateo apareció detrás de su madre.

—Mamá, ¿quién es?

Daniel abrió la boca.

Elena respondió primero.

—Alguien que conocí hace mucho tiempo.

Aquello le dolió más de lo esperado.

—Soy su padre —soltó Daniel.

Elena cambió inmediatamente de expresión.

—No vuelvas a hacer eso.

Mateo la miró confundido.

Ella llamó a la niñera y esperó hasta que el pequeño desapareció.

Entonces Daniel señaló el retrato.

—¿Te casaste con Harris?

Elena casi sonrió.

—No. Richard Harris es mi socio.

Daniel volvió a mirar la placa.

Fundadora y directora ejecutiva.

—Entonces… ¿todo esto es tuyo?

—Sí.

La verdad era sencilla.

Después del divorcio, Elena había regresado a trabajar como contadora. Detectó una enorme oportunidad dentro de una pequeña empresa tecnológica, invirtió sus ahorros y terminó convirtiéndose en socia.

Tres años después, dirigía una compañía valorada en cientos de millones.

Daniel bajó la mirada hacia los pasteles aplastados en el suelo.

—Vine porque pensé que necesitabas ayuda.

—No.

—Podría recuperar el tiempo con Mateo.

Elena negó lentamente.

—No viniste cuando estaba enfermo. No viniste en sus cumpleaños. Ni siquiera preguntaste si había nacido sano.

Daniel apretó los puños.

—Puedo cambiar.

—Tal vez.

Ella cerró ligeramente la puerta.

—Pero cambia por ti. No porque descubriste que la mujer que abandonaste ahora tiene dinero.

Daniel comprendió entonces la parte más cruel.

Si hubiera encontrado a Elena viviendo en un pequeño apartamento, probablemente jamás habría pedido otra oportunidad.

Ella también lo sabía.

—¿Nunca podremos volver a ser una familia?

Elena lo miró sin odio.

Eso fue peor.

—Éramos una familia.

—Tú decidiste que no la querías.

La puerta comenzó a cerrarse.

Daniel dio un paso desesperado.

—¡Elena!

Ella se detuvo.

—¿Qué?

Daniel miró aquella casa, el retrato y la vida que podría haber compartido.

—¿Quién era Harris para ti cuando estábamos casados?

Elena respondió:

—Nadie.

Hizo una pausa.

—Me conoció después de que tú me dejaras embarazada y sin hogar. Fue el primer inversionista que creyó en mi proyecto.

Daniel bajó la cabeza.

Había pasado años culpando a otros por su ruina.

A Vanessa.

A sus socios.

A la mala suerte.

Aquella tarde comprendió que la peor decisión de su vida había sido completamente suya.

Elena cerró la puerta.

Del otro lado, Mateo corrió hacia ella.

—¡Mamá! ¡Llegaremos tarde a tu reunión!

—Ya voy, cariño.

Daniel escuchó sus risas alejándose.

Después miró la caja barata de pasteles tirada a sus pies.

Había llegado creyendo que encontraría a una mujer derrotada esperando que él regresara.

En cambio, encontró algo mucho peor.

Una mujer feliz.

Un hijo que había aprendido a vivir sin él.

Y una vida extraordinaria en la que Daniel ya no tenía ningún lugar.

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